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DEPARTIERON CON UN MATRIMONIO HISPANO-ALEMÁN

La cena íntima de Mariano Rajoy con Angela Merkel

Estuvieron ellos dos solos en un reservado del restaurante. Sólo ellos y sus traductoras. El equipo de protocolo y de asesores cenó aparte

Foto: Rajoy y Merkel antes de entrar en el restaurante El Pasaje (EFE)
Rajoy y Merkel antes de entrar en el restaurante El Pasaje (EFE)

A las 21:00 horas de este domingo tenía lugar el encuentro. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, acudía a su cita con la canciller alemana, Angela Merkel, en un emblemático restaurante de Santiago de Compostela, El Pasaje. Entraron juntos, aunque no de la mano. Él con una chaqueta azul grisáceo, pantalón azul marino, camisa clara y sin corbata. Informal, pero elegante. Ella con chaqueta oscura, y camiseta y pantalón blanco.

La velada, de no ser por las traductoras que los acompañaban, podría haber pasado por una primera cita en toda regla. Habían señalado que se trataba de una cena privada, pero nadie podía imaginar que lo fuera tanto. Ellos dos en un reservado del restaurante tan sólo acompañados por dos mujeres cuya misión era hacer que se entendieran. Nadie más. Ni protocolo, ni seguridad, ni ningún miembro de sus equipos de asesores. Todo este séquito se quedó fuera del reservado, en uno de los comedores del restaurante.

Según ha podido confirmar Vanitatis, Rajoy ejerció de anfitrión y sugirió algunos platos de la tierra. Merkel en todo momento se dejó aconsejar. Tomaron anchoas del Cantábrico y tres tipos de quesos para abrir apetito: San Simón, País y Nabiza. Como plato fuerte eligieron rodaballo y souviñas, un tipo de sardinas muy pequeñas y fritas. Acompañaron la cena con vino gallego, un blanco y un tinto “de una calidad muy normal”, según señala a este medio José Rumbo, propietario junto a su mujer del restaurante. Él fue el encargado de atenderles durante toda la velada.

Merkel y Rajoy minutos antes de entrar a cenar (Efe)
Merkel y Rajoy minutos antes de entrar a cenar (Efe)

Ni postre ni café

Habría sido bonito que hubieran compartido postre, pero ambos renunciaron al tercer plato. Por no tomar no tomaron ni café. Aun así, la sobremesa fue larga, pues la cena duró cerca de cuatro horas. Personas que se encontraban en el establecimiento aseguran a este medio que durante los momentos que compartieron espacio con ellos se les pudo ver charlando de una manera muy animada y parecían muy cómodos el uno con la presencia del otro.

De hecho, antes de pasar al reservado, su presencia despertó la curiosidad de un matrimonio que también había elegido El Pasaje esa noche para cenar. Española ella, alemán él, les hizo mucha ilusión –especialmente al germano– encontrarse allí a Merkel y está no dudó en dedicarles unos minutos y charlar en su idioma natal con el matrimonio. Tal como ellos más tarde relataron, “ella siempre es así, es muy del pueblo, suele ser agradable y saludar a todo el que quiere saludarla”.

Merkel tuvo que conectar el flash

Antes de poner fin a la noche, el propietario del restaurante y su familia quisieron inmortalizar el momento. José Rumbo cuenta a este medio que “discretamente me acerqué a Rajoy y le dije si les importaría hacerse una foto con nosotros, a lo que me respondió que le preguntaría a la señora Merkel. Al instante ella se levantó de muy buen grado diciendo "¡Por supuesto!”. Todos se colocaron para la instantánea y la hija del matrimonio le tendió el teléfono a una persona del equipo de protocolo que se acercó a ayudarles. Este tomó una primera fotografía sin flash y Rajoy, al comprobar que apenas se veía nada, decidió repetirla. La persona que tenía el teléfono intentó sin demasiado éxito poner el flash y la propia Merkel, acercándose y diciendo en un tono de broma “no sabe hacerlo”, lo activó antes de colocarse de nuevo para ser fotografiada.

Todos los que compartieron algunos minutos con ellos quedaron encantados: el dueño, los camareros, el resto de comensales… De hecho, Rumbo concluye que “si nadie hubiera sabido quiénes eran, por su manera de comportarse hubieran pasado por dos señores cualquiera que venían a cenar. Todo en ellos era normal, no tuvieron ninguna excentricidad”.
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