Laila y Clara Millet, las hijas que nunca quisieron casarse en el Palau
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CASO SAQUEO ARCAS

Laila y Clara Millet, las hijas que nunca quisieron casarse en el Palau

Sus bodas costaron 200.000 euros a costa de la institución. Felix Millet, su padre y expresidente de la entidad, dice que lo hicieron para promocionarla. Arranca el juicio

Foto: La hija de Millet en su boda en un fotomontaje realizado por Vanitatis
La hija de Millet en su boda en un fotomontaje realizado por Vanitatis

Laila y Clara Millet salieron a la opinión pública vestidas de novias en el Palau de la Música de Catalunya acompañadas de su padre, Felix Millet. Aquel día Millet, presidente de la institución, las llevó al altar en una boda de postín a la que asistió lo más granado de la alta burguesía catalana. Este miércoles, a sus 82 años, abandonado por todos y con una salud debilitada, comparecía en la primera sesión del juicio por el expolio a las arcas de la entidad en la Audiencia Provincial de Barcelona. Su mujer, Marta Vallés, y sus dos hijas no están imputadas en la causa, pero se las considera responsables civiles de la trama. Los enlaces costaron a las arcas 200.000 euros.

Laila y Clara crecieron en una familia en la que sus padres se codeaban con políticos como Jordi Pujol, empresarios como los Raventós o los Molins, Viladomiu, Juncadella, Carreras o Trías. En sus veraneos en Menorca solían recibir las visitas del matrimonio Aznar Botella. Su padre era de los Millet, considerados como los ricos de la localidad L’Atmella del Vallés, situada a unos 40 kilómetros de Barcelona, donde tenían su segunda residencia, en la que ahora reside el expresidente junto a su mujer. La casa es conocida como La Miranda y desde sus ventanas se vislumbra no solo el pueblo, sino el valle que lo rodea.

Ricos ya por herencia

La matriarca también procede de una acaudalada familia de la burguesía catalana. Cuando la investigación policial destapó el desfalco del Palau, los agentes evidenciaron que era propietaria de numerosas fincas 'por herencia familiar'. También requisaron una importante colección pictórica, en su mayoría modernista y del noucentisme, que era de su colección particular, así como cuadros pintados por ella misma. La situación familiar les proporcionó a las Millet una buena educación en buenos colegios y mejores universidades. Clara habla inglés, francés, además de catalán y castellano, y realizó un máster en el IESE. De Laila apenas sabemos datos, es muy celosa de su intimidad.

Quizás Marta quiso darles la educación que ella no pudo obtener. En su declaración ante el juez dijo que “solo tenía el bachillerato y estudios de piano porque su padre opinaba que el latín y la química no servían para nada”. Ahora su presente y futuro aparece vinculado al del expresidente del Palau lejos de sus hijas. En los últimos siete años, ella es quien lleva al anciano Millet en su Mercedes desde la mansión de 620 metros cuadrados (ahora embargada) a fichar semanalmente en el juzgado de Granollers.

Del coro del Palau a la música de Louis

La primera boda se celebró el 22 de septiembre del 2000. Laila, la hija mayor, se casaba con el biólogo inglés Ross Jackson por un montante de 129.000 euros. Cuenta la hemeroteca que el Palau cambió la música clásica por la seductora voz del trompetista Louis Armstrong para contentar a la novia. Solo el almuerzo, servido por Prats-Fajtó, costó 28.895 euros y las flores, 6.769 euros.

En junio de 2002 Clara pasaba por el altar para unir su vida con el abogado Xavier Rafart. La pareja se casó en la iglesia de Santa María del Mar en una ceremonia en la que tocó el Coro de Cambra del Palau por un precio de casi 6.000 euros. Después, se trasladaron al Palau para dar buena cuenta del convite que preparó el catering Prats-Fatjó. No escatimaron en gastos. Entonces, todos pensaron que los Millet y los Rafart habían abonado los 81.000 euros que costó el evento a escote.

Años después, los investigadores demostraron, para sorpresa de los consuegros de Millet, que el padre de la novia se las había ingeniado para cargar su parte a la institución y se embolsaba en su bolsillo la del padre del novio para remodelar el Petit Palau, un edificio situado junto a la residencia de L’Atmella del Vallés. La noticia no pareció sentar muy bien en la familia Rafart que, dicen, tuvo que recortar su lista de invitados para no elevar más los gastos del enlace. El sumario también sacó a la luz facturas por azafatas de casi 300 euros, flores por 11.000 o reformas de la platea o palco de más de 33.000 euros.

Clara, de la junta directiva del Palau al paro

Millet ha reconocido ante el juez que ni Clara ni sus suegros querían casarse en el Palau, pero los convenció con la excusa de publicitar este tipo de eventos en el edificio modernista. No sería la última vez que Clara protagonizara un titular. En 2009, la vimos acudir a la oficina de empleo para tramitar el subsidio por desempleo tras perder su trabajo en la institución en la que se casó, en la que ejercía como directora de Relaciones Internacionales y formaba parte de la junta directiva. Había estallado la trama de apropiación de los fondos y, aunque al principio no quiso abandonar el Palau, acabó poniendo su trabajo a disposición de la entidad no sin desvincularse, a través de una carta, de la investigación.

Clara y Laila pisan poco la mansión con piscina climatizada y cine situada en un inmenso montículo y protegida de vistas ajenas por árboles. Cuando estalló el escándalo, Laila se mudó a Wisconsin y Clara a Australia para rehacer su vida junto a su familia.

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