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Saint-Tropez, la imbatible joya de la Costa Azul

Este expuerto pirata, reconvertido en pesquero y después epicentro del lujo, merece mil y una visitas. ¿Quién rechaza veranear donde lo hizo Picasso? Atentos, mitómanos a este lugar

Foto: St Tropez sunset
St Tropez sunset

Desde que Saint-Tropez es Saint Tropez, los famosos han pisado sus calles, playas y puerto sin descanso. No podemos obviar la trillada imagen de Brigitte Bardot y todos los actores de la época dorada del cine francés (Alain Delon, Jean-Paul Belmondo, Jean-Louis Trintignant y Catherine Deneuve son algunos de ellos). Seguimos por los 90, para recordar a Kate Moss y Naomi Campbell vagando por sus discotecas y desperezando el recuerdo de la intensidad de la noche en la cubierta de algún yate de lujo. En la actualidad, St Tropez sigue siendo destino de lujo obligatorio.

Todos los yates de los magnates internacionales recalan en algún momento en sus aguas, desde Abrahamóvich hasta Flavio Briatore, todos habían pasado por esta costa. Los actores también caen en la tentación y cada verano hay una larga lista de caras famosas, como la de Leonardo DiCaprio (enamorado del Mediterráneo), George Clooney, Selena Gomez, la pareja Beyoncé-Jay Z, la Familia Real de Mónaco… A la baronesa Thyssen le gusta pasar aquí algunos días, como a Fiona Ferrer e, incluso, al rey emérito Juan Carlos.

Como en casi todos los destinos de mar y buen tiempo, lo mejor y lo peor comparten espacios, a veces sin fronteras definidas que los separen. No hace falta evocar a Brigitte Bardot para recordar el charme de Saint-Tropez, un lugar ahora masificado, en el que todavía podemos encontrar el encanto que lo hizo famoso. Hay que saber dónde.

El pequeño puerto pesquero que rodea las casas de colores de St Tropez suele albergar yates estratosféricos que ocupan casi más espacio que el propio muelle. Las tiendas del lujo más exclusivo comparten calle con los colmados tradicionales, aunque el turista de chanclas no suele cruzarse jamás con los millonarios que escogen el enclave para su descanso. Todavía hay clases.

Aquí se declaró Mick Jagger a Bianca, su primera mujer, en el hotel Byblos, un clásico inalcanzable en una época irrepetible. Aquí se rodó ‘Y Dios creó a la mujer’, sí, título de la película de Roger Vadim que catapultó a 'la Bardot' directamente al corazón de los hombres de una generación completa (y muchas mujeres, ojo).

Situado en la costa de la Provenza, romántico lugar con aroma de lavanda, Saint-Tropez es y será siempre -suponemos- un destino obligado. Este expuerto pirata reconvertido en pesquero, primero, y después epicentro del lujo, fue también un punto artístico que atrajo a las grandes mentes del pasado siglo. Picasso compartía mujer y amante en su casa-estudio de la Rue des Bouchonniers, Jean-Paul Sartre escribió ‘Los caminos de la libertad’ en el café Sénéquier, y Henri Matisse plasmó su luz en sus cuadros. Siguen los mismos cafés -algunos a 8 euros el espresso- rodeados de discotecas y hostales de mala muerte.

Con un puerto digno de visita por la cantidad de yates de lujo que alberga, las playas de St Tropez son también un enclave especial. Rocosas, de mar profundo y oscuro, típicas mediterráneas, podemos escoger entre Pampelonne, la más famosa, hasta otras como la de Gigaro y la Sylvabelle.

Dónde dormir

En el sentido de las agujas del reloj: La Residence de la Pinede, Hotel Pan dei Palaise, Hotel de Paris St Tropez y el Hotel Byblos.
En el sentido de las agujas del reloj: La Residence de la Pinede, Hotel Pan dei Palaise, Hotel de Paris St Tropez y el Hotel Byblos.


Dormir en St Tropez puede ser una experiencia inolvidable, si tenemos mucho dinero. Hay hoteles de lujo en los que se han alojado y siguen haciéndolo, las celebrities más importantes del mundo. Lo decíamos antes, Mick Jagger le pidió matrimonio a Bianca en el hotel Byblos. Pero no es todo lujo.

Podemos alojarnos en un hotel de superlujo, en una posada o en un apartamento, todo depende de nuestro presupuesto, claro, pero también de nuestras ganas de integrarnos en el paisaje. O no. A un mínimo de 1.000 euros la noche (podemos llegar a pagar 5.000 y hasta 7.000 por alojamiento), los hoteles Byblos, La Residence de La Pinede y el Hôtel de Paris Saint-Tropez son el lujo en sí mismos. Con un presupuesto más sencillo, la oferta es diversa y abarca todos los rangos. El Pan dei Palais es uno de los más lujosos de este pueblecito de costa abrumado por el lujo.

Dónde comer

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: el beach club Nikki Beach, el restaurante asiático Le Quai, las bodegas Bertaud Belieu y el bistró Le Senequier.
De izquierda a derecha y de arriba a abajo: el beach club Nikki Beach, el restaurante asiático Le Quai, las bodegas Bertaud Belieu y el bistró Le Senequier.


Una visita a Saint-Tropez es una buena excusa para visitar la Provenza, una de las provincias más encantadoras de Francia. Los viñedos que rodean la localidad, en los que se cultivan los Côtes de Provence, son una excursión alternativa. La bodega Bertaud Belieu es una buena propuesta, donde podemos conocer el proceso de elaboración de sus vinos, en especial del rosado, y pasear por sus campos.

Una pequeña degustación culminará la visita. En St Tropez mismo, la oferta gastronómica es amplia y diversa. Podemos probar desde el japonés más a la última hasta la tradición arraigada en el terreno en un buen bistró. Le Quai, de comida asiática, es un buen lugar, así como Nikki Beach, un club de playa (la de Pampelonne) en el que tomar algo, comer, bañarse y tomar el sol al estilo ibicenco. Y no se olviden de Le Senequier, un clásico de toda la vida en el que se puede empezar el día, y terminarlo, con un buen plato de bistró francés, sencillo pero siempre eficiente.

Dónde dejarse ver

De izquierda a derecha: El club Le Papagayo, la tienda Atelier Rondini, las famosas pinturas de Ivan Hor y el cartel de entrada de Le Club 55.
De izquierda a derecha: El club Le Papagayo, la tienda Atelier Rondini, las famosas pinturas de Ivan Hor y el cartel de entrada de Le Club 55.

Además de todas las tiendas de lujo que uno pueda imaginar, logos y marcas por doquier, en St Tropez queda algo de la antigua esencia. Ivan Hor, por ejemplo, es un artista nacido en Budapest que vive alli desde los 60 y que recibe a sus compradores en su estudio. Sus cuadros tridimensionales, hechos de pequeños barcos de papel doblados, le han convertido en un emblema de la ciudad.

Cada martes y sábado por la mañana, Saint-Tropez abre su mercado en la plaza de Lices, a minutos a pie del puerto. Además de artesanía de la zona, podemos encontrar especialidades provenzales como las cremas de aceitunas, de anchoas y todo tipo de olivas para que cada uno pueda hacer sus propios platos. Si queremos relajarnos, durante el día hay un lugar imprescindible en el que hay que dejarse caer para dejarse ver, como si fuera con nosotros. Le Club 55, en la playa de Pampelonne, la más famosa de St Tropez, está este restaurante en el que comer, tomar una copa y hacerse el importante.Y cuando el sol se esconde, nace un nuevo lugar.

La noche de St Tropez es tan famosa como sus playas. Muchos yates de superlujo atracan en sus costas y nadie baja de ellos hasta que cae el sol. Entonces, el pueblo se llena más si cabe que de día. Hay opciones de todo tipo, desde las más tranquilas hasta las más locas. Le Papagayo es un clásico reformado y adaptado a los nuevos tiempos. Los DJ Philippe Corti, Eric Kaufmann y Reina Parisien mandan en un ambiente cálido que está inspirado en el trópico. Les Caves du Roi es otro de los clubs de visita obligada en este enclave de la costa.

El St. Tropez de la empresaria Fiona Ferrer

Saint Tropez es uno de esos sitios donde perderse. Senequier (es una cafetería, bar y restaurante) es un mítico y los grandes míticos nunca mueren. Es un sitio para ver y ser visto. Está situado en primera línea del puerto dónde atracan los grandes yates y es todo un espectáculo tanto para los que están atracados allí como para los que se sientan a contemplar.

Sigo con la agenda. Dior (Dior des lices 13, Rue Francois Sibilli) tiene una de las tiendas más impresionantes de la firma y un restaurante para desayunar, comer y cenar de ensueño. Un jardín parisino mezclado con toque provenzal.

Muy cerca esta el Restaurante Cavalli. Perfecto para hacer una parada.

Para pasear por las calles no hay nada mejor que un buen zapato plano o unas espardeñas (alpargatas de esparto). Las mejores L’Espadrille Tropezienne. 15 Rue Des Commercants 83990. Una de mis tiendas preferidas para comprar bisutería en formato joya es GAS, en la place de la Garonne.

Justo al lado está Reminiscence. Su fuerte: la bisutería de nivel, los cestos y complementos. Para comer hay muchísimos sitios pero os paso el dato de un restaurante situado dentro del L’Auberge des Maures en la 4, rue Boutin. Digamos que es un homenaje a Brigitte Bardot.

El mítico Beach Club le 55 es dónde hay que estar. Bagatelle Beach Club es perfecto para terminar champagne en mano bailando al son de las antorchas con la música de Superman de fondo.

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La Costa Azul te espera, pero no puedes llegar sin estos imprescindibles de World Duty Free

Has tocado tierra chic. Por ello, nada como sentirte como una de esas ‘celebrities’ que antaño pisaron las playas de la Costa Azul. Se puede lograr la apariencia de las actrices del Hollywood dorado gracias al completo set de viaje, de Lancaster. Esta nómina de productos para preparar tu piel, protegerla durante tus baños de sol y repararla tras la exposición solar resulta tan práctica como compacta. Aunque la réplica perfecta para una jornada de playa en St. Tropez no estaría completa sin el glamour que gobierna sus noches. Consigue un efecto aterciopelado en tu rostro gracias a los polvos Terracotta Bronzing Light, de Guerlain, o la máscara de pestañas Lash Queen Feline Blacks, de Helena Rubinstein, todos solo disponibles en aeropuertos. Un dúo ganador que encontrará en el Eau de Parfum Nomada, de Chloé, la guinda a un pastel ‘beauty’ tan sutil como sofisticado.

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