La disociación, es una afección mental que implica una pérdida de conexión entre pensamientos, recuerdos, sentimientos, comportamiento e identidad. Los trastornos disociativos están estrechamente vinculados con experiencias traumáticas en la infancia, aunque el contexto social que vivimos, en el que muchas personas se ven obligadas a llevar una vida que no desean casi siempre por cuestiones económicas, este trastorno cada vez se extiende más entre las consultas de los psicólogos.
Estas alteraciones psicológicas afectan la manera en la que una persona procesa la realidad, generando una desconexión entre sus pensamientos, recuerdos, identidad y percepción del entorno. En la disociación también pueden influir diversos problemas psicológicos.
No reconocernos en nosotros mismos. (Pexels)
Esta desconexión entre elementos que normalmente están integrados en la experiencia de una persona, puede afectar a diferentes aspectos como la conciencia, la memoria, la identidad o la percepción del entorno.
Algunas manifestaciones comunes de la disociación incluyen recordar un evento traumático pero no experimentar emoción al respecto, estados emocionales que van de la tristeza a la euforia sin que exista un motivo aparente, conductas ajenas al comportamiento habitual de esa persona y una falta de control sobre el propio cuerpo.
Un trastorno cada vez más extendido. (Pexels)
Los síntomas de la disociación pueden agruparse en cinco categorías principales: amnesia, despersonalización, confusión de identidad y alteración de identidad, cada uno de ellos afecta la percepción de la realidad de distintas maneras.
La amnesia trata de la incapacidad para recordar información personal relevante sin que exista una causa médica evidente. Puede manifestarse en eventos aislados, como la pérdida del recuerdo de un acontecimiento importante o en períodos de tiempo más prolongados.
Existen diferentes síntomas en la disociación. (Pexels)
La despersonalización se manifiesta como una sensación de extrañeza con respecto al propio cuerpo o identidad. Algunos ejemplos incluyen sentirse desconectado de uno mismo o tener la impresión de estar observándose desde fuera.
La confusión de identidad implica una sensación de incertidumbre sobre quién se es realmente. Aunque este proceso puede ser normal en la adolescencia, en el contexto disociativo es más grave, afectando la percepción del 'yo' de manera profunda.
La terapia psicológica es fundamental. (Pexels)
Por último, la alteración de identidad sucede cuando una persona siente que dentro de sí misma existen estados o identidades diferenciadas. Algunos signos incluyen actuar de manera completamente diferente en determinadas situaciones o descubrir objetos y habilidades que no recuerda haber adquirido.
Las personas que experimentan disociación pueden encontrar dificultades en su día a día debido a la desconexión con la realidad, encontrando problemas para recordar eventos clave, expresar sus emociones o tomar decisiones coherentes. La terapia psicológica es fundamental para ayudar a los pacientes a integrar sus experiencias y recuperar el control sobre su identidad y su percepción de la realidad.
La disociación, es una afección mental que implica una pérdida de conexión entre pensamientos, recuerdos, sentimientos, comportamiento e identidad. Los trastornos disociativos están estrechamente vinculados con experiencias traumáticas en la infancia, aunque el contexto social que vivimos, en el que muchas personas se ven obligadas a llevar una vida que no desean casi siempre por cuestiones económicas, este trastorno cada vez se extiende más entre las consultas de los psicólogos.