No siempre basta con seguir una dieta equilibrada para sentirse bien. A menudo se parte de la idea de que comer sano es sinónimo de salud, pero lo que llega al plato no siempre se traduce en bienestar. Lo determinante no es solo lo que se ingiere, sino lo que realmente asimila el organismo. Y ahí es donde muchas personas tropiezan sin saberlo.
Así lo explica el doctor Alexandre Olmos, especialista en epigenética y medicina interna, en un vídeo compartido a través de sus redes sociales: “¿Crees que por comer todo saludable ya lo tienes todo cubierto? Eso es solo la mitad del camino.” En su consulta, no es raro que pacientes con hábitos nutricionales impecables presenten fatiga persistente, resfriados frecuentes o una sensación difusa de malestar. Según detalla, el problema no está necesariamente en los alimentos, sino en lo que el cuerpo hace con ellos.
La capacidad de absorción depende de múltiples factores: la genética, el entorno, el estado intestinal o incluso el nivel de estrés. Así, es posible mantener una alimentación técnicamente correcta y, aun así, sufrir déficits de micronutrientes clave como el magnesio, la vitamina B12, el omega-3 o la vitamina D. Estas carencias no suelen detectarse en una analítica convencional.
El experto señala la necesidad de hacer un análisis más profundo. (Freepik / rawpixel.com)
“La clave está en personalizar tu nutrición y suplementación según tu biología real”, subraya. Es decir, ir más allá del concepto de alimentación sana como modelo genérico y empezar a entender la salud como un proceso individual, que requiere precisión y conocimiento.
Y si aparecen síntomas persistentes, lo recomendable no es improvisar con dietas o suplementos, sino consultar con un profesional cualificado que pueda traducir esas señales en un diagnóstico claro y en una estrategia coherente y segura.
No siempre basta con seguir una dieta equilibrada para sentirse bien. A menudo se parte de la idea de que comer sano es sinónimo de salud, pero lo que llega al plato no siempre se traduce en bienestar. Lo determinante no es solo lo que se ingiere, sino lo que realmente asimila el organismo. Y ahí es donde muchas personas tropiezan sin saberlo.