Un estudio llevado a cabo con más de 59 000 participantes del Reino Unido evidenció que, además de hacer ejercicio y comer bien, dormir lo suficiente reduce la mortalidad por cualquier causa hasta en un 10 % con solo 15 minutos adicionales de sueño al día. Un aumento moderado del descanso, junto a la actividad física y una mejora dietética, puede incluso recortar ese riesgo en un 50 %. Esto demuestra que el sueño no es un componente accesorio, sino un pilar de la salud.
El experto revela las horas que necesitamos dormir. (Pexels / Anna Nekrashevich)
La revista Journal of Clinical Sleep Medicine subraya que un sueño adecuado es vital para funciones cognitivas, el estado de ánimo y la prevención de enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares y metabólicas. La relación entre dormir poco y un aumento del riesgo de diabetes tipo 2, obesidad o problemas cardíacos está muy documentada.
También se ha demostrado que el ejercicio potencia la calidad del sueño, pero no es suficiente por sí solo. Una revisión reciente en Nature encontró que, mientras el deporte regular mejora la calidad del descanso y alivia síntomas como el insomnio, no corrige por completo los efectos de un sueño insuficiente. ¿Significa esto que es mejor dormir y no hacer ejercicio? Para nada. La evidencia muestra que la combinación de descanso, actividad física y buena alimentación —las tres grandes patas del bienestar— potencia su efecto. En cambio, descuidar el sueño limita el impacto positivo del ejercicio y la dieta.
Dormir de lado es uno de los hábitos que nos pueden beneficiar. (Pexels / Vlada Karpovich)
En concreto, las personas que combinan un sueño de calidad con actividad física regular y una dieta balanceada reducen significativamente el riesgo de mortalidad y enfermedades. Precisamente, la investigación británica revela que solo con ajustar levemente los hábitos —dormir un poco más, moverse un poco más y comer ligeramente mejor— se pueden obtener beneficios muy importantes.
A nivel europeo y en EE. UU., se ha observado también que dormir entre 7 y 8 horas diarias es el rango óptimo. Dormir menos o más habitualmente está asociado a un mayor riesgo de mortalidad. Y, además, mejorar el descanso favorece la estabilidad metabólica, la memoria y el equilibrio emocional.