Cuando llega el calor, las temperaturas elevadas no solo afectan nuestro bienestar físico, sino que también alteran la forma en que debemos conservar los alimentos. Muchos productos que en invierno parecen seguros a temperatura ambiente, en verano pueden convertirse en un riesgo para la salud si no se refrigeran correctamente. Y lo preocupante es que, en muchos casos, los signos de deterioro no son evidentes a simple vista. Dejar ciertos alimentos fuera de la nevera durante horas puede provocar la proliferación de bacterias que causan intoxicaciones alimentarias, incluso aunque su aspecto y sabor no cambien significativamente.
Según la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA), la regla general es que los alimentos perecederos no deben estar fuera del frigorífico más de dos horas, y si la temperatura ambiente supera los 30 °C, ese margen se reduce a solo una hora. Esto se debe a que las bacterias como Salmonella, Listeria monocytogenes o Escherichia coli pueden duplicarse cada 20 minutos en lo que se denomina la “zona de peligro” (entre 4 °C y 60 °C).
Las frutas y las verduras no pueden faltar en nuestra nevera. (Pexels)
Otro grupo crítico son las carnes procesadas (jamón cocido, embutidos, fiambres), que pueden parecer inocuos pero son altamente perecederos sin frío. Las salsas caseras o comerciales abiertas que contienen huevo, como la mayonesa o algunas vinagretas, también deben conservarse en frío tras su apertura.
Los lácteos son muy perecederos. (Pexels / cottonbro studio)
Los huevos, a pesar de tener una cáscara protectora, también deben mantenerse en la nevera. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) insiste en que los huevos deben conservarse a temperatura constante, y no es recomendable sacarlos y volverlos a meter, ya que los cambios bruscos de temperatura pueden favorecer la condensación y, con ella, la entrada de microorganismos al interior del huevo. Algo similar sucede con las frutas cortadas o peladas: una vez abiertas, deben refrigerarse de inmediato para evitar la rápida proliferación bacteriana.
Otros alimentos que comúnmente se dejan fuera del frigorífico y que también pueden estropearse con el calor son las sobras cocinadas, los productos de repostería con crema, las legumbres guisadas o el arroz cocido. Este último, en particular, es uno de los más peligrosos: si no se enfría rápidamente y se conserva en frío, puede desarrollar Bacillus cereus, una bacteria que produce toxinas resistentes al calor.
Cuando llega el calor, las temperaturas elevadas no solo afectan nuestro bienestar físico, sino que también alteran la forma en que debemos conservar los alimentos. Muchos productos que en invierno parecen seguros a temperatura ambiente, en verano pueden convertirse en un riesgo para la salud si no se refrigeran correctamente. Y lo preocupante es que, en muchos casos, los signos de deterioro no son evidentes a simple vista. Dejar ciertos alimentos fuera de la nevera durante horas puede provocar la proliferación de bacterias que causan intoxicaciones alimentarias, incluso aunque su aspecto y sabor no cambien significativamente.