Esto es lo que significa dormir tapado incluso en verano, según la psicología
Si eres de los que no puede dormir sin una sábana encima aunque haga 30 grados, no estás solo
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Dormir con una manta o sábana encima, incluso en pleno verano y con temperaturas elevadas, es una costumbre que muchas personas no están dispuestas a abandonar. Aunque desde el punto de vista fisiológico puede parecer contradictorio –¿para qué añadir calor cuando el cuerpo necesita refrescarse?–, la psicología tiene varias explicaciones que arrojan luz sobre este curioso comportamiento que, lejos de ser una simple manía, podría decir mucho sobre nuestra mente y emociones.
Los psicólogos apuntan a que dormir tapado responde a una necesidad de seguridad emocional. Desde la infancia, las mantas han funcionado como una especie de “refugio simbólico”. Taparse crea una sensación de protección frente al entorno, lo cual es especialmente importante en los momentos de vulnerabilidad, como el sueño.
Esa fina capa de tela puede actuar como una barrera mental contra miedos irracionales, ansiedad o incluso recuerdos incómodos. No es casualidad que muchas personas sientan que no pueden dormir si no están cubiertas, aunque sea con una sábana ligera.
También se ha relacionado esta conducta con el llamado "efecto de contención", una sensación de estar “envuelto” o “abrazado” que ayuda a calmar el sistema nervioso. Es el mismo principio que se aplica en terapias de presión profunda para personas con trastornos sensoriales o ansiedad. La presión ligera que ejerce una sábana sobre el cuerpo puede favorecer la liberación de serotonina y melatonina, hormonas clave para relajarse y conciliar el sueño.
Por otro lado, para muchas personas dormir tapado se convierte en un ritual psicológico de desconexión, una señal que le da al cerebro la orden de que es hora de descansar. En este sentido, taparse funciona como una rutina de higiene del sueño: así como lavarse los dientes o apagar la luz, cubrirse con la manta –aunque sea simbólicamente– marca el inicio del descanso nocturno. La falta de este gesto puede generar incomodidad o incluso insomnio.
Aunque no existe una única razón universal para este hábito, lo cierto es que taparse para dormir tiene menos que ver con la temperatura y más con la mente. Así que, si eres de los que no puede dormir sin una sábana encima aunque haga 30 grados, no estás solo: estás buscando consuelo, contención y calma… aunque sea debajo de una tela fina. Y según la psicología, eso es perfectamente válido.
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