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José Antonio Marina, filósofo: "Las personas son respetables todas, las opiniones no"
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José Antonio Marina, filósofo: "Las personas son respetables todas, las opiniones no"

El filósofo defendió que este derecho protege a quien opina, pero no convierte cualquier afirmación en verdadera ni la sitúa al margen del rigor y la evidencia

Foto: José Antonio Marina en una ponencia
José Antonio Marina en una ponencia

La libertad de expresión es uno de los pilares indiscutibles de la sociedad, pero su significado real no siempre está claro. En el debate público actual, a menudo se confunde el derecho a expresar una idea con la obligación de considerarla válida o intocable. Esa confusión, especialmente visible en ámbitos como la ciencia, la educación o la historia, fue el punto de partida de la reflexión que José Antonio Marina compartió en La ventana, el programa de la Cadena SER.

El filósofo explicó que la libertad de pensamiento no está diseñada para proteger las ideas en sí mismas, sino a quienes las sostienen. “Lo que protege es a la persona para que no pueda ser perseguida por sus opiniones”, afirmó. Sin embargo, matizó que ese derecho no convierte automáticamente una opinión en verdadera ni la sitúa al margen de la crítica.

Marina recordó que cada ámbito del conocimiento cuenta con sus propios criterios de validación. Las verdades matemáticas se sostienen en demostraciones; las históricas, en documentación contrastada. La legitimidad de una afirmación, insistió, depende del sistema que la respalda, no de la libertad con la que se expresa.

A partir de ahí, el pensador formuló una distinción clave: “Las personas son respetables todas, las opiniones no”. Con esa frase quiso subrayar que el respeto a la dignidad humana no implica aceptar cualquier idea sin examen. Como ejemplo, aludió a las teorías terraplanistas: quien las defiende merece respeto como persona, pero sus argumentos no pueden equipararse al conocimiento científico.

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Esa diferencia entre respeto y validación tiene consecuencias prácticas, especialmente en el ámbito educativo. Marina señaló que no todo puede enseñarse en nombre de la libertad de opinión, ya que la transmisión del conocimiento exige rigor y responsabilidad. Permitir que cualquier creencia se presente como saber supone, a su juicio, desdibujar los criterios básicos del aprendizaje.

Las palabras del filósofo se inscriben en una reflexión más amplia sobre cómo convivir con la diversidad de ideas sin renunciar al pensamiento crítico. Proteger a las personas y cuestionar las opiniones no son posturas opuestas, sino dos exigencias complementarias de una sociedad democrática.

La libertad de expresión es uno de los pilares indiscutibles de la sociedad, pero su significado real no siempre está claro. En el debate público actual, a menudo se confunde el derecho a expresar una idea con la obligación de considerarla válida o intocable. Esa confusión, especialmente visible en ámbitos como la ciencia, la educación o la historia, fue el punto de partida de la reflexión que José Antonio Marina compartió en La ventana, el programa de la Cadena SER.

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