Titulares que relacionan la inteligencia con gustos tan cotidianos como los colores que elegimos llaman mucho la atención, pero la psicología es clara: no existen evidencias científicas sólidas que permitan afirmar que una persona es más o menos inteligente por preferir un color concreto. Aun así, este tipo de afirmaciones se repite con frecuencia en redes sociales y medios sensacionalistas, mezclando estudios parciales, interpretaciones erróneas y mucha simplificación.
Desde la psicología del color se ha estudiado cómo determinadas tonalidades pueden influir en el estado de ánimo, la percepción o incluso el comportamiento, pero eso no equivale a medir la inteligencia. Colores como el negro, el rojo o el rosa —a menudo señalados en este tipo de titulares— no están asociados a un menor coeficiente intelectual, sino a factores culturales, emocionales y contextuales. La elección de un color suele responder a experiencias personales, modas o necesidades prácticas, no al nivel cognitivo.
Un coche rojo puede indicar impulsividad en el carácter. (Pexels/ Dmitry Zvolskiy)
Por ejemplo, el rojo se ha vinculado en algunos estudios con la impulsividad o la activación emocional, lo que ha llevado a interpretaciones exageradas sobre supuesta “falta de autocontrol”. Sin embargo, la psicología aclara que sentirse atraído por colores intensos no implica menor capacidad intelectual, sino una preferencia por estímulos más energéticos o visibles.
El color negro se asocia con la serenidad y la profesionalidad. (Pexels/ Daigoro Folz)
El rosa, otro color que aparece con frecuencia en estas listas, ha sido injustamente infantilizado durante décadas por razones culturales y de género. Asumir que quien lo elige es menos inteligente no solo carece de base científica, sino que refuerza estereotipos obsoletos. La psicología moderna insiste en que los gustos cromáticos no son indicadores fiables de rasgos complejos como la inteligencia.
Los expertos señalan que la inteligencia es un constructo amplio y multidimensional que incluye capacidades como el razonamiento, la memoria, la creatividad o la inteligencia emocional. Reducirla a una preferencia estética no solo es incorrecto, sino que distorsiona la comprensión real de cómo funciona la mente humana. De hecho, personas con altos niveles de inteligencia pueden mostrar gustos muy variados y cambiantes a lo largo del tiempo.
Titulares que relacionan la inteligencia con gustos tan cotidianos como los colores que elegimos llaman mucho la atención, pero la psicología es clara: no existen evidencias científicas sólidas que permitan afirmar que una persona es más o menos inteligente por preferir un color concreto. Aun así, este tipo de afirmaciones se repite con frecuencia en redes sociales y medios sensacionalistas, mezclando estudios parciales, interpretaciones erróneas y mucha simplificación.