Con la llegada del buen tiempo, las fresas vuelven a ocupar un lugar protagonista en fruterías y supermercados. Dulces, versátiles y ricas en vitamina C, son una de las frutas más consumidas en primavera. Sin embargo, su superficie rugosa y llena de pequeñas semillas las convierte también en un alimento especialmente delicado a la hora de lavar y desinfectar. Y aunque muchos recurren al vinagre o incluso a la lejía, los expertos advierten de que no siempre es la mejor opción.
Las fresas crecen a ras de suelo, lo que facilita que acumulen restos de tierra, microorganismos e incluso trazas de pesticidas. Además, su piel es fina y porosa, por lo que absorben fácilmente líquidos y olores. Sumergirlas en vinagre puede alterar su sabor y textura, mientras que el uso de lejía sin la dilución adecuada puede resultar peligroso para la salud. Por eso, conviene seguir un método seguro y eficaz recomendado por autoridades sanitarias.
Las fresas deben limpiarse para no encontrarse ninguna sorpresa. (Pexels/ Ariana Gavra)
La forma correcta de desinfectar las fresas empieza por un gesto clave: no retirar el rabito antes del lavado. Mantener el tallo evita que el agua —y cualquier posible contaminante— penetre en el interior del fruto. A continuación, deben colocarse en un colador amplio y lavarse bajo un chorro suave de agua fría durante al menos 30 segundos, removiéndolas con cuidado para que el agua alcance toda la superficie.
Si se desea una desinfección más profunda, especialmente cuando no se van a consumir de inmediato, se puede preparar una solución apta para alimentos con unas gotas de desinfectante alimentario autorizado —el que se utiliza para frutas y verduras— siguiendo siempre las instrucciones del fabricante. Tras el tiempo indicado, es fundamental aclararlas de nuevo con abundante agua potable para eliminar cualquier residuo.
Las fresas no deben lavarse con vinagre. (Pexels/ Brigitte Tohm)
Otro aspecto importante es el secado. Una vez limpias, las fresas deben colocarse sobre papel de cocina o un paño limpio y dejarse secar completamente antes de guardarlas en la nevera. La humedad excesiva favorece la aparición de moho y acelera su deterioro. De hecho, lo ideal es lavarlas justo antes de consumirlas para prolongar su frescura.
Con la llegada del buen tiempo, las fresas vuelven a ocupar un lugar protagonista en fruterías y supermercados. Dulces, versátiles y ricas en vitamina C, son una de las frutas más consumidas en primavera. Sin embargo, su superficie rugosa y llena de pequeñas semillas las convierte también en un alimento especialmente delicado a la hora de lavar y desinfectar. Y aunque muchos recurren al vinagre o incluso a la lejía, los expertos advierten de que no siempre es la mejor opción.