Ana Gómez, psicóloga: "La vergüenza nace de haber cometido un error o de experiencias dolorosas como el fracaso, el rechazo, la pérdida o el abuso"
La vergüenza es una emoción compleja que muchas veces aparece tras experiencias difíciles y que puede influir profundamente en la forma en que una persona se percibe a sí misma
La psicóloga habla en sus redes sociales sobre la vergüenza (@anagomezpsicologia)
La vergüenza no siempre aparece de forma evidente, pero suele dejar huella en cómo una persona se mira a sí misma. Puede surgir tras un error, un rechazo o una experiencia dolorosa, y lo más difícil no es solo lo que ocurrió, sino el significado que acaba tomando por dentro. La psicóloga Ana Gómez lo resume así: “La vergüenza nace de haber cometido un error o de experiencias dolorosas como el fracaso, el rechazo, la pérdida o el abuso”.
Su reflexión pone el foco en un mecanismo muy común: el paso de interpretar un hecho a convertirlo en identidad. No es lo mismo pensar he fallado que llegar a creer hay algo malo en mí. Según explica, ahí es donde la vergüenza se vuelve especialmente dañina, porque deja de estar ligada a una situación concreta y empieza a contaminar la percepción que una persona tiene de sí misma.
A partir de ese punto, suele activarse una cadena bastante reconocible. Aparece la autocrítica, se intensifica el juicio interno y crece la necesidad de esconder lo que duele. La persona se calla, evita ciertas situaciones o se aísla. Y ese repliegue, lejos de aliviar, hace que la vergüenza gane todavía más fuerza. No se comparte, no se cuestiona y termina consolidándose en silencio.
Ana Gómez plantea que trabajar esta emoción exige cambiar radicalmente el enfoque. En lugar de responder con más dureza, propone acercarse a ella desde la autocompasión. El primer paso sería poder hablar de esa vergüenza con “calidez, no juicio y curiosidad”. Es decir, observar lo que pasa sin añadir una condena extra.
Después, la psicóloga propone normalizarla. No para restarle importancia, sino para recordar que es una experiencia humana y frecuente. Muchas personas sienten vergüenza y muchas arrastran historias en las que el error, el rechazo o la pérdida acabaron mezclándose con su autoestima. Entender eso puede ser un alivio, porque rompe la sensación de rareza o defecto personal.
Otro aspecto importante del proceso es externalizar la emoción. Gómez insiste en una idea clave: tú no eres tu vergüenza. Puede acompañarte, condicionarte o aparecer con fuerza en algunos momentos, pero no define quién eres. Separar la experiencia de la identidad permite empezar a mirar lo ocurrido con algo más de perspectiva.
Dentro de ese trabajo también entra revisar el llamado crítico interno, esa voz que aparece para repetir reproches, anticipar rechazo o confirmar la idea de que uno no está a la altura. La propuesta no pasa solo por frenarlo, sino por entender qué intenta proteger. Muchas veces esa dureza interna nace como una forma de defensa, aunque acabe haciendo daño. Desde ahí, el objetivo sería ir construyendo una voz más amable y más justa.
La psicóloga recuerda además que la vergüenza no se queda solo en los pensamientos. También se instala en el cuerpo: en la postura, en la respiración, en la tensión, en la necesidad de encogerse o desaparecer. Por eso, el abordaje no puede ser únicamente mental. Regular el cuerpo, prestar atención a las sensaciones y trabajar desde ahí también forma parte del proceso de transformación.
Esta es la razón por la que se baja la mirada al sentir vergüenza. (Pexels)
Lo más valioso de esta mirada es que abre una salida posible. No se trata de negar el dolor ni de dulcificar lo vivido, sino de dejar de convertirlo en una sentencia sobre uno mismo. Cuando eso empieza a moverse, también cambia el relato interior: ya no es "soy un fracaso", sino "cometí un error y sigo teniendo valor". Y en ese cambio de lenguaje, que parece pequeño pero no lo es, empieza a aflojar la vergüenza.
La vergüenza no siempre aparece de forma evidente, pero suele dejar huella en cómo una persona se mira a sí misma. Puede surgir tras un error, un rechazo o una experiencia dolorosa, y lo más difícil no es solo lo que ocurrió, sino el significado que acaba tomando por dentro. La psicóloga Ana Gómez lo resume así: “La vergüenza nace de haber cometido un error o de experiencias dolorosas como el fracaso, el rechazo, la pérdida o el abuso”.