Walter Riso, en una fotografía de archivo. (EFE Rodrigo García)
Para Riso, amar bien implica reconocer que todos llegan a una relación con zonas frágiles, inseguridades y carencias. La diferencia está en no convertir esos vacíos en una deuda que la otra persona deba pagar. Una pareja madura acompaña, escucha y sostiene, pero no sustituye el trabajo interior de cada uno.
Desde la mirada de Walter Riso, compartir vacíos no significa instalarse en el dolor ni justificar cualquier conducta, significa poder mostrarse vulnerable sin exigir que el otro se haga responsable de todo. La madurez emocional aparece cuando dos personas se acompañan sin perder su autonomía.
Una relación madura permite respirar, no exige perfección ni autosuficiencia total pero sí una base de respeto, límites y reciprocidad. Compartir los vacíos implica decir “esto también forma parte de mí” sin convertirlo en una carga permanente para la otra persona.
La enseñanza final de Walter Riso resulta especialmente útil en una época donde muchas relaciones se confunden con refugios contra la inseguridad. El amor puede acompañar, iluminar y sostener, pero no está para tapar agujeros emocionales. Una pareja sana no promete salvarnos: ofrece un lugar donde crecer con más libertad, sin dejar de ser uno mismo.