Atrás quedaron aquellos veranos interminables de Isabel Preysler y su tropa en la mansión que alquilaba en Marbella. El lugar se convertía en centro de operaciones de los paparazzi y lugar de peregrinación de los seguidores de la reina de corazones. Sólo por verla de lejos o intuirla tras los altos muros ejerciendo de zarina en su palacio de verano les merecía la pena a los veraneantes trasladarse hasta allí para plasmarlo gráficamente. Fue el preludio de las excursiones que muchos años después se organizaban hasta Ambiciones, el Xanadú de los Jesulines.

Cuando los hijos Iglesias fueron creciendo y quisieron volar solos siempre quedaban las pequeñas, Tamara Falcó y Ana Boyer, para mantener las vacaciones familiares en el mismo lugar. Pero estas también desaparecieron de la unidad familiar en los meses de agosto y preferían elegir su lugar de esparcimiento con los amigos en vez de con mamá. Ante esa desbandada, la jefa (que así la llaman) optó por organizar viajes a paraísos en el Índico o el Caribe para compartir con los hijos que quisieran, sus novias o novios y por supuesto Miguel Boyer, que aunque nunca ha sido de playa y sol así encontraba privacidad.

Pero todo cambió tras el infarto cerebral que sufrió el exministro en febrero de 2012, que le mantuvo durante un mes y medio en el hospital Ruber de Madrid. A partir de ese momento la vida de Isabel Preysler se transformó radicalmente. Hubo que adecuar la mansión de Puerta de Hierro a las necesidades de un enfermo. Mientras las barreras arquitectónicas se solucionaron rápidamente, las personales fueron mucho más complicadas. Miguel Boyer necesitaba una rehabilitación intensa y dura que mantiene actualmente. Además de las sesiones con los fisioterapeutas, que no se pueden suprimir, cada salida supone una verdadera odisea en cuanto a movilización del propio Miguel y de lo que le rodea.

Su recuperación es buena, "pero muy lenta", como reconoció su hija Ana. Todo esto hace que prefiera quedarse en casa en vez de buscar un lugar de vacaciones donde habría que repetir la infraestructura de Madrid. Por eso Isabel Preysler se queda este año sin verano, al margen de algún que otro viaje corto como su última visita a su hija Chabely. Es muy posible que, como en otras ocasiones, sea la hija la que se traslade con marido y niños a Puerta de Hierro este verano.