Elena, pionera en casarse y divorciarse
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HA TENIDO UNA VIDA SENTIMENTAL DISCRETA

Elena, pionera en casarse y divorciarse

Muy poco dados a ofrecer entrevistas a los medios de comunicación españoles, la infanta Elena ha vuelto a salirse del molde diseñado por la Familia Real

Foto: La infanta y Marichalar el día de su boda. (I.C.)
La infanta y Marichalar el día de su boda. (I.C.)

Muy poco dados a ofrecer entrevistas a los medios de comunicación españoles, la infanta Elena ha vuelto a salirse del molde diseñado por la Familia Real y aprovechó, hace sólo una semana, su 50 cumpleaños para repasar su medio siglo de vida.

Desde su despacho de la Fundación Mapfre, donde es directora de Proyectos Sociales y Cultural, Doña Elena se muestra cercana y reflexiva a la hora de analizar los malos datos de popularidad de la Monarquía y los mejores y peores momentos de su vida. Sin embargo, reserva un papel fundamental para su madre, la Reina Sofía, a quien no ha dudado nunca en halagar. “He tenido la suerte de tener como madre a una Señora, con mayúsculas, tanto en su faceta de Reina como de madre y mujer”, dice. Como cualquier relación madre-hija, la existente entre Sofía y su primogénita ha pasado por etapas de distanciamiento, sobre todo a raíz de su divorcio con Jaime de Marichalar.

Montando en patinete en 2003Con una vida sentimental discreta, Doña Elena estuvo casada con Marichalar durante 12 años. Protagonizaron la primera boda real que se celebraba en nuestro país desde 1906, fecha en la que su bisabuelo, el rey Alfonso XIII, contrajo matrimonio con Victoria Eugenia de Battemberg. Tenían planes de futuro totalmente opuestos: la infanta Elena prefería una vida más familiar, mientras que Marichalar comenzaba a dejarse ver cada vez más por actos sociales que poco tenían que ver con la agenda oficial y a protagonizar alguna que otra excentricidad como pasear por Madrid en patinete. Por ello, en noviembre de 2009 separaron sus caminossabiendo que, entre ellos, existiría una unión inseparable: sus dos hijos.

Desde entonces, apenas se ha vuelto hablar de una nueva relación de la infanta Elena hasta hace sólo unas semanas. A principios del mes de noviembre, la hija mayor del Rey viajó a Sevilla para acudir al funeral del padre de Luis Astolfi, quien dicen es su gran amor de juventud. Sin embargo, y aunque algunos medios insistan en ello, la duquesa de Lugo no ha retrocedido a sus 23 años para retomar aquella relación a la que el jinete puso punto y final en 1990 para casarse con Isabel Flórez, madre de sus dos hijos y de la que separó en 2012. Por aquel entonces, y con el corazón hecho trizas, la infanta Elena volvió a retomar su vida amorosa. Tras la especial amistad que mantuvo con el duque alemán Eberhard von Wurtemberg, allá por 1984 y que el Rey se apresuró a desmentir durante sus vacaciones estivales en el Palacio de Marivent, y el fracaso que supuso su relación con el jinete, Doña Elena volvió a retomar su vida amorosa siempre desde la discreción.

Poniendo tierra de por medio, viajó a París, donde estrechó una amistad que ya existía. Jorge de Habsburgo, uno de los hijos del archiduque Otto de Habsburgo, fue su paño de lágrimas durante al menos un año sin llegar a enamorarse. En 1993 se vinculó a la Infanta con el arquitecto malagueño Alfredo Santos Galera. Con un postgrado en Harvard y proveniente de una familia adinerada, una regata fue el lugar en el que comenzó un romance que duró casi dos años. Desde entonces, ambos mantienen una buena amistad.

Junto a Luis Astolfi en pasado 30 de noviembre. (I.C.)

Poco después vendría su primer y único matrimonio. Como reconoció un noble madrileño cercano a la realeza en diciembre de 2012 a la revista Vanity Fair, “Marichalar fue y es un caballero. No hubo flechazo pero ella se fue enamorando”. Desde que ambos se conocieron, quien realmente estaba encantada con su relación no era la infanta Elena como protagonista de la misma, sino la Reina por emparentar a su hija con la antigua casa nobiliaria soriana, acostumbrada a la austeridad impuesta por Concepción Sáenz de Tejada y Fernández de Bobadilla, madre del exduque de Lugo, y a vivir alejada de la pomposidad de otras esferas de las alta sociedad de España.

Froilán, su quebradero de cabeza

A pesar de 12 años de supuesta felicidad, su divorcio no fue fácil. Atrás quedaron aquellos días en los que ambos se dirigían cariñosos motes como ‘Oso’ y ‘Osa’ respectivamente para luchar hasta la extenuación por el régimen de visitas. Con una injusta imagen de frivolidad a sus espaldas, Jaime de Marichalar acató todas y cada una de las condiciones que impuso la infanta Elena.

La educación de sus hijossiempre ha sido el objetivo fundamental por el que ambos mantienen una relación correcta. Sin embargo, Froilán, de 15 años, parece saber cómo poner a prueba la relación de sus padres. Sus continuos fracasos en los estudios –ha repetido en dos ocasiones 2º de ESO y este año cursa Diversificación, una medida destinada a los alumnos con peores resultados académicos encaminada a que obtengan el título de la ESO cerrándoles, casi, la puerta de acceso de la universidad– y las informaciones que aseguraban que trabajaba como relaciones públicas de la discoteca light Joy Eslava han puesto en jaque al exmatrimonio, que ya no sabe cómo meter en vereda al joven.

Tal como reveló Vanitatis, el círculo de la infanta Elena asegura que ella es bastante más permisiva con él que Marichalar, que aprovecha los fines de semana que está con su hijo para llevarle al campo o vestirle de domingo para que le acompañe a misa a la Iglesia Francisco de Borja, situado en la calle Serrano de Madrid, en pleno barrio de Salamanca.

Con medio siglo sobre sus espaldas, la infanta Elena se dispone a afrontar una nueva década alejada de las críticas que se han vertido por la actitud de su hermana, la infanta Cristina, y de su padre, a quien las múltiples operaciones quirúrgicas y sus deslices en Botsuana o con Corinna no aúpan a la institución.

Infanta Elena Luis Astolfi