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El asesinato de juventud que marcó a Federico de Dinamarca, vuelve a su vida

Después del brutal asesianto de la joven Anne Stine Geisler, su amiga de la infancia, el príncipe Federico incluso envió una carta personal de condolencia a su familia

Foto: Federico de Dinamarca en una imagen de archivo. (EFE)
Federico de Dinamarca en una imagen de archivo. (EFE)

Un terrible asesinato ocurrido en 1990, marcó profundamente a Federico de Dinamarca. La víctima se llamaba Anne Stine Geisler y era una antigua compañera de escuela. El heredero al trono tenía 22 años cuando ocurrieron los hechos. Estudiaba ciencias políticas en la Universidad de Asrhus cuando fue informado de la tragedia.

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Su amiga, de 18 años, fue brutalmente asesinada. Había desaparecido en algún momento de la madrugada del 4 de junio de 1990, cuando regresaba a casa de una fiesta en Copenhague. Fue encontrada muerta en el sótano del edificio de apartamentos de su vecindario.

Las manos y el cuello de Anne estaban atados con una cuerda sujeta a la manija de la puerta, para que la estrangularan si se movía. Dos paños de cocina habían sido introducidos en su boca. Un símbolo que parecía "PK" fue grabado en la piel de su antebrazo derecho.

Federico y Mary de Dinamarca en una imagen de archivo. (Getty)
Federico y Mary de Dinamarca en una imagen de archivo. (Getty)

la joven fue encontrada por un chef que trabaja para un restaurante ubicado en la planta baja del edificio.

Ahora, esta terrible historia que tocó tan de cerca al príncipe heredero, ha vuelto a su vida y lo ha hecho en forma de libro que habla sobre el caso del asesinato. En 'Djaevel I Den Lyse Nat' (Un diablo en la noche brillante), se revela cómo Federico de Dinamarca se sintió profundamente conmovido cuando recibió la terrible noticia de la muerte de Anne.

Después de la muerte de su amiga de la infancia, el príncipe Federico incluso envió una carta personal de condolencia a su familia: sus padres Kirsten y Steen Geisler, y el hermano menor de 14 años de Anne.

Federico y Mary de Dinamarca en una imagen de archivo. (EFE)
Federico y Mary de Dinamarca en una imagen de archivo. (EFE)

Kirsten, quien aún vive en el edificio donde encontraron a Anne, ha declarado que nunca más ha ido al sótano desde el descubrimiento del cuerpo de su hija.

Sus amigos y familiares la describen como una chica feliz y vital con la que Federico de Dinamarca se cruzaba a diario en los pasillos o escaleras de la prestigiosa escuela Krebs, a la que ambos asistieron hasta su adolescencia cuando se graduaron en diferentes escuelas secundarias.

Aunque Federico de Dinamarca era cuatro años mayor que Anne, aún recuerda aquella época en la escuela junto a la joven y, según el autor del libro, el periodista danés Soren Baastrup, su muerte le afectó enormemente.

El destino quiso que además, el padre de Anne, Steen Geisler, fuera el profesor de matemáticas del príncipe.

Varios hombres fueron interrogados en relación con la muerte de Anne. Uno era un periodista de 40 años que estaba casado, pero supuestamente mantenía un romance con la adolescente. Más tarde se descubrió que tenía una coartada consistente.

Otro sospechoso fue un hombre de unos 30 años con el que se vio a Anne discutiendo en un bar cercano. La policía llegó a creer que este hombre estaba enamorado de Anne. Fue descrito por personas que lo conocían como "desagradable" y "horrible", pero nunca se encontró ninguna evidencia que lo relacionara con la muerte de la adolescente.

Federico de Dinamarca en una imagen de archivo. (EFE)
Federico de Dinamarca en una imagen de archivo. (EFE)

Otro sospechoso, ya conocido por la policía como un criminal peligroso, era un hombre con las iniciales 'PK', Peter Kronholm. Este fue ue visto en un café a pocos metros del sótano donde se encontró el cuerpo de Anne, pero no se apareció ninguna otra evidencia que lo relacionara con su asesinato. Tres años más tarde fue encarcelado después de asesinar a su novia.

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Otro hombre interrogado por la policía fue Jakob Illeborg, quien era compañero de Anne en la escuela secundaria, aunque finalmente fue descartado como culpable.

En su libro, Baastrup sugiere una conexión con crímenes similares en Copenhague en aquel momento, en concreto los cometidos por el asesino en serie y el violador Marcel Lychau Hansen. Señala que Hansen, quien actualmente se encuentra en prisión cumpliendo una sentencia de cadena perpetua, utilizó la técnica similar de ataduras de cuello y muñecas en sus víctimas.

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