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CASA REAL BRITANICA

Zara Phillips cumple 39: celos, infidelidades y fortuna de la princesa sin título y con medalla

Sus padres, Ana de Inglaterra y Mark Phillips, decidieron que sus hijos no tuvieran títulos nobiliarios para disfrutar una vida más libre

Foto: Zara Phillips (Getty Images)
Zara Phillips (Getty Images)
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Zara Phillips llega este 15 de mayo a los albores de los cuarenta: a sus 39 años poco queda ya de aquel bebé que se convirtió en la primera nieta de la reina Isabel II. Lo sigue siendo, por supuesto, pero ahora ya convertida en uno de los miembros de la familia real mejor considerados por su naturalidad y sencillez, además de ser muy amiga de sus primos, Harry y Guillemo, con los que mantiene una excelente relación. De hecho, los duques de Cambridge la eligieron para que fuera una de las madrinas de su hijo George.

Entre otras cosas, Zara puede presumir de ser la primera royal inglesa en conseguir una medalla olímpica: la logró en las olimpiadas celebradas en Londres 2012 donde quedó en segundo lugar en la competición por equipos del concurso completo de hípica. La medalla de plata no conseguía superar a la que logró su padre, el capitán Mark Phillips, quien obtuvo una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972, pero sí mejoraba la participación de su madre, la princesa Ana, que compitió en Montreal en 1976, también en hípica, quedando fuera del medallero.

Zara y su marido juntos a los duques de Cambridge. (EFE)
Zara y su marido juntos a los duques de Cambridge. (EFE)

Fueron precisamente sus padres quienes decidieron dar a sus hijos, Zara y Peter (su hermano mayor, nacido en 1977), una vida alejada de las rígidas normas de la casa real británica. Así que decidieron que sus hijos no tuvieran título real. Lejos de arrepentirse de la decisión de sus progenitores, la propia hija de la princesa Ana declaraba hace años en el diario inglés Sunday Times “Tuve mucha suerte de que mis padres no quisieran que llevara un titulo. Eso nos permitió crecer de una manera más normal a mí y a mi hermano”. Zara se siente muy orgullosa de haber llegado tan lejos sin la necesidad de que todos sepan que es una Windsor: “He encontrado mi propia forma de vida con esfuerzo y coraje”, explicaba.

Envidias y celos

Zara ocupa el puesto 18 en la línea de sucesión al trono, lo que le ha permitido llevar una vida muy normal y con un mayor grado de libertad que otros miembros de la familia real británica como sus primas Beatriz y Eugenia de York que, siendo más jóvenes, se sitúan en posiciones superiores y, por lo tanto, han sufrido más acoso por parte de la prensa y se han sentido más atadas a los mandatos de la corona. Eso, según algunos medio britanicos, habría despertado los celos y envidias de las hijas de Sarah Ferguson y el príncipe Andrés. A Zara, por ejemplo, nunca se le asignó el rango de ‘su alteza real’ y sus padres declinaron darles títulos tanto a ella como a su hermano, algo que no ocurrió con Beatriz y Eugenia, en calidad de hijas de un hijo de la reina. Irónicamente, es ese estatus de ‘plebeya’ lo que enfadaría a las primas de la jinete.

Eugenia junto a su hermana mayor, Beatriz de York. (Getty)
Eugenia junto a su hermana mayor, Beatriz de York. (Getty)

Fotos comprometedoras

De los ocho nietos de la reina británica, Zara es la que más sencilla y cercana se ha mostrado. La joven se casó en el verano de 2011 con Mike Tindall, un conocido jugador de rugby. En enero de 2014 se convirtieron en padres de una niña llamada Mia Grace. Con motivo del nacimiento de su hija, Mike dejó el rugby para centrarse en su familia. En 2018, tendrían su segunda hija, a la que pusieron el nombre de Lena Elizabeth.

Aunque ahora parece estar felizmente casada, la nieta mayor de Isabel II vivió dos capítulos embarazosos en su vida sentimental. El primero de ellos su ruptura con el jinete Richard Johnson, con quien convivió durante año y medio y con quien rompió en 2003, porque, al parecer, la había engañado con otra mujer. Nada en comparación con el episodio vivido con su actual marido, Mark Tindall, a quien conoció en Australia en 2003 y con quien se casó ocho años después. Un mes y medio después de su boda aparecieron unas fotografías del deportista en actitud muy cariñosa con una mujer rubia en una discoteca de Nueva Zelanda. Aunque inicialmente él negó que hubiera nada inapropiado entre ellos, los acontecimientos se impusieron, él dijo que "no había dicho toda la verdad" y la pareja decidió pasar página.

Zara Phillips y su marido el exjugador de rugby Mike Tindall. (EFE)
Zara Phillips y su marido el exjugador de rugby Mike Tindall. (EFE)

Fortuna y casoplón

Zara vive hoy centrada en su familia y en su gran pasión, la equitación, en Gatcombe Park, la residencia oficial de la Princesa Ana, una casa de campo que cuenta con una impresionante extensión de terreno. Es en esta residencia donde Zara creció mientras estudiaba en la Gordonstoun School en Moray, en Escocia y tras su boda, el 30 de abril de 2011, la sobrina del príncipe Carlos de Inglaterra y el exjugador de rugby se instalaron en esta residencia.

 Gatcombe Park, residencia de la princesa Ana de Inglaterra y de Zara Phillips. (Getty)
Gatcombe Park, residencia de la princesa Ana de Inglaterra y de Zara Phillips. (Getty)

Además de una buena residencia, Zara cuenta con una buena situación económica: según la página Celebrity Neth Work, su fortuna ronda los 20 millones de dólares. La mayoría de sus ingresos viene por acuerdos de patrocinio: tanto ella como su marido son un buen reclamo para las marcas, y podría estar ingresando dos millones anuales por este concepto. Entre los acuerdos más rentables que Zara ha suscrito figura el contrato que ha mantenido con la firma Musto, una empresa británica especializada en ropa naútica y de campo muy apreciada en el mundo de la vela y la equitación. Además también ha sido la imagen de Howrse, un juego en línea para amantes de los caballos y tiene acuerdos con Rolex, Land Rover y Artemis. A sus acuerdos comerciales hay que sumarles las inversiones inmobiliarias de la pareja.

Así que no le ha ido nada mal a la nieta de la reina Isabel II para no haber querido ser princesa.

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