Camila y su sobrina, Eugenia de York, unidas por una tiara de esmeraldas que sale del joyero real siete años después
Para la cena de gala con el Cuerpo Diplomático celebrada en Windsor, la reina Camila quiso sacar del joyero real la misma tiara que la reina Isabel prestó a su nieta Eugenia para su boda con Jack Brooksbank, en 2018
La reina Camila, con la tiara Greville, en el castillo de Windsor. (Reuters)
Cada año, la cita con el Cuerpo Diplomático está marcada en rojo para la familia real británica, aunque este año ha venido con muchas novedades, como la ausencia de la princesa de Gales o el cambio de escenario tras 24 años celebrándose en Buckingham. Eso sí, todos los titulares se los llevó la majestuosa tiara de esmeraldas que lució la reina Camila y que la une a su sobrina, Eugenia de York.
La esposa de Carlos III la sacaba del joyero real siete años después para esta cena de gala en la que la gran ausente, como decíamos, fue Kate Middleton. Por la mañana afrontaba un acto en solitario, pero por la noche no acompañó a los reyes y su marido, el príncipe Guillermo, en esta cita casi obligada para los Windsor. Es el segundo año consecutivo en el que se ausenta, sin que se hayan dado detalles de los motivos.
No lo tenía difícil, además, puesto que la cena de gala se celebraba en el castillo de Windsor por primera vez en 24 años. Anteriormente, siempre se había organizado en el palacio de Buckingham, pero las reformas a las que están sometiendo algunas de las zonas principales, cuya finalización no está prevista al menos hasta 2027, obligó a cambiar de ubicación.
Los reyes Carlos y Camila, en la cena con el Cuerpo Diplomático. (Reuters)
Pero, independientemente del escenario, el protocolo era exactamente el mismo que lleva aplicándose décadas, con etiqueta de gala. Así que la reina Camila sacó de armarios y joyeros algunas de sus piezas favoritas. Una de ellas, un vestido blanco bordado de Fiona Clare Couture, el mismo que lucía en la misma cita de hace dos años. Otra, una tiara que brillaba con luz propia.
Porque la esposa de Carlos III eligió la tiara Greville Kokoshnik de esmeraldas, de inspiración rusa y con varias piedras preciosas en su frontal, con la central de un tamaño considerable y que adquiere todo el protagonismo. A pesar de que es una de las más valiosas y preciadas del joyero real, es de las menos lucidas. Llevaba sin verse siete años y antes había estado décadas guardada bajo llave y sin salir a la luz.
La tiara data de 1919, cuando fue creada por la casa Boucheron para la socialité Margaret Greville, que a su vez la legó a la Reina madre. Ni ella ni posteriormente su hija, la reina Isabel, se la pusieron nunca en público. Así que hubo que esperar hasta 2018 para que la tiara viera por primera vez la luz desde su entrada en Buckingham. Fue con motivo de la boda de Eugenia de York, a la que su abuela prestó está joya que lució de forma especial con su vestido de espalda descubierta.
La reina Camila, luciendo la tiara Greville de esmeraldas. (Reuters)
Y siete años después, ha sido su tía política la que ha querido rescatarla de las cajas fuertes de Buckingham. Las enormes esmeraldas de la pieza destacaban, desde luego, en ese look blanco de la reina Camila, que parece haber hecho de este color su gran aliado para las grandes citas institucionales.
La esposa del rey Carlos III también lució un buen número de diamantes. Además de todos los que componen la propia tiara, también presumió de un conjunto de pendientes y collar con forma de serpiente de la firma Van Cleef & Arpels. Aunque estas piezas no tienen un origen real, sino que su valor es más emotivo y familiar, puesto que Camila los tiene porque son heredados de su abuela.
En su banda azul lucían prendidas la Orden de la Familia Real de Carlos III, que recibía el año pasado, y la estrella de la Orden de la Jarretera, una condecoración que la reina Isabel le concedió en enero de 2022, unos meses antes de morir. Por su parte, el rey Carlos y el príncipe Guillermo vistieron el uniforme de Windsor.
Cada año, la cita con el Cuerpo Diplomático está marcada en rojo para la familia real británica, aunque este año ha venido con muchas novedades, como la ausencia de la princesa de Gales o el cambio de escenario tras 24 años celebrándose en Buckingham. Eso sí, todos los titulares se los llevó la majestuosa tiara de esmeraldas que lució la reina Camila y que la une a su sobrina, Eugenia de York.