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El regreso del Shah: Reza Ciro Pahlavi, la figura que emerge en un Irán en rebelión
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El regreso del Shah: Reza Ciro Pahlavi, la figura que emerge en un Irán en rebelión

En medio de las masivas protestas que recorren Irán, una figura histórica vuelve a captar todas las miradas: Reza Ciro Pahlavi, heredero de la dinastía Pahlavi, emerge como símbolo de unidad y esperanza para millones de iraníes

Foto: Reza Ciro Pahlavi junto a sus tres hijas. (Instagram)
Reza Ciro Pahlavi junto a sus tres hijas. (Instagram)

En estos primeros días del año 2026, la situación política mundial, parece haber explosionado: la guerra de Ucrania sin una paz cercana, los conflictos en Sudán, Nigeria, Somalia y la frontera entre Camboya y Tailandia en permanente tensión y alto coste en vidas y haciendas, lo mismo que en Israel-Palestina. Si todo ello no era suficiente, la acción del presidente de Estados Unidos contra el gobierno de Venezuela nos presenta una situación de transición hacia no sabemos dónde. Y ahora Irán, con el príncipe heredero Reza Ciro Pahlavi como protagonista inesperado.

Las protestas de estos días últimos diez días, iniciada por el aumento exorbitante del coste de la vida, debido a la dictadura islamista de los ayatolás, son las más numerosas e intensas de las producidas desde la revolución de 1979. Millones de personas han salido a la calle en todas las ciudades de Irán para protestar contra el régimen; protestas que van mucho más allá de un hecho circunstancial. Se está cuestionando el mismo régimen, como escribe el prestigioso historiador francés Yves Bomati.

¿Pero que diferencia estas protestas de las producidas anteriormente en 1999, 2009, 2019 y 202)? Tres cuestiones esenciales: son inmensamente numerosas y generalizadas; la prensa mundial se hace escaso eco, con honrosas excepciones (Francia y Estados Unidos); y existe un líder al que el 95% de la oposición iraní da su apoyo: el príncipe heredero Reza Ciro Pahlavi.

Reza II Ciro Pahlavi, de 65 años, es el actual jefe de la dinastía. Para sus partidarios, ostenta el título de Shah (emperador) desde el fallecimiento de su padre en 1980. Nacido en Teherán el 31 de octubre de 1960, su llegada al mundo representó para su padre, el emperador Mohammad Reza Pahlavi, y para el país entero un profundo alivio, pues el soberano contaba por fin con un heredero varón para el denominado trono del Pavo Real.

En efecto, Reza es fruto del tercer matrimonio de su padre. La primera esposa de este fue la bellísima princesa Fawzia de Egipto (1921‑2013), hermana del rey Faruk y figura destacada de la corte más fastuosa y occidentalizada de Oriente Medio. Su matrimonio, celebrado entre 1939 y 1948, transcurrió en un periodo especialmente complejo de la historia iraní y concluyó en divorcio. De esa unión nació una hija, la princesa Shahnaz, en 1940. Fawzia contrajo nuevas nupcias en 1949 con su primo Ismail Shirine Bey.

La segunda esposa del emperador desde 1951 hasta 1958 fue la fascinante princesa Soraya Esfandiary Bakhtiary. Nacida en 1931, era hija del diplomático Khalil Esfandiary, miembro de la familia gobernante de uno de los más números y poderosos clanes tribales de Irán, los Bakhtiaris. Su madre era la ruso-alemana Eva Karl. El enamoramiento, fastuoso enlace y divorcio de la pareja llenaron páginas enteras de la prensa internacional. El matrimonio se disolvió debido a la imposibilidad de la reina de concebir, a pesar de haber recurrido a los mejores especialistas del mundo. Soraya, quien solía pasar largas temporadas en España, falleció en 2001.

placeholder El Shah de Irán con su segunda esposa, Soraya. (Gtres)
El Shah de Irán con su segunda esposa, Soraya. (Gtres)

La tercera esposa del Shah, fue la mítica Farah Diba. Nacida en 1938, era miembro de una familia de la baja nobleza y descendiente del Profeta por línea femenina. Farah recibió una educación moderna y cosmopolita y conoció al emperador en una recepción en la embajada persa en París, mientras estudiaba arquitectura en la Sorbona. Tras su boda en 1959, tuvieron cuatro hijos. El actual Shah Reza II en 1960, la princesa Farahnaz en 1963, el príncipe Alí Reza en 1966 y la princesa Leila en 1970.

En 1967, Farah fue coronada como la primera emperatriz (shahbanou) persa de la historia durante las ceremonias de coronación de su esposo. A lo largo del reinado de este, desempeñó un papel destacado en la llamada Revolución Blanca, especialmente en los ámbitos de los derechos de las mujeres, la alimentación, la sanidad, la cultura y la educación.

placeholder  Los últimos emperadores de Irán. (Gtres)
Los últimos emperadores de Irán. (Gtres)

Impulsó la creación de la Universidad de Shiraz y de su festival de cine y arte moderno; asimismo, fundó el Museo de Arte Contemporáneo de Teherán, que llegó a albergar una notable colección de arte moderno y contemporáneo, con obras de Picasso, Monet, Grosz, Warhol, quien realizó un célebre retrato suyo, Pollock y Lichtenstein. Promovió igualmente la restauración y valorización del patrimonio iraní preislámico, prácticamente abandonado desde el siglo VII. Las celebraciones del 2500 aniversario de la monarquía persa en 1971 en Persépolis, con invitados llegados de todo el mundo, constituyeron el punto culminante de esta labor.

La caída del trono en 1979 constituyó un golpe devastador para toda la familia. Perseguidos por el terrorismo de Estado instaurado en Irán, sus lugares de residencia nunca han sido divulgados públicamente y han debido vivir bajo estrictas medidas de seguridad. En la actualidad, Farah alterna su vida entre su apartamento en el centro de París y la residencia de su hij Reza en las afueras de Washington.

A las dificultades del exilio se sumó para Farah la tragedia de perder a sus dos hijos menores, quienes fallecieron por suicidio en el contexto de las profundas tensiones emocionales derivadas de su destierro. Leila murió en Londres en junio de 2001 y Alí Reza en Boston en enero de 2011. La hija póstuma de este último, Iryana Leila, nació pocos meses después.

placeholder El Shah de Irán y la emperatriz Farah. (Getty)
El Shah de Irán y la emperatriz Farah. (Getty)

Reza II Shah, el heredero, se casó el 12 de junio de 1986,en una ceremonia secreta en Greenwich, Connecticut, con Yasmine Etemade-Amini, nacida en Teherán en 26 de julio de 1968. Es hija del político y empresario Abdollah Etemad-Amini y de Forough Eftekhari, exiliados en San Francisco desde la revolución. Obtuvo una licenciatura en Ciencias Políticas y un Doctorado en Jurisprudencia de la Facultad de Derecho de la Universidad George Washington y ha trabajado como abogado en casos de delincuencia juvenil.

Los príncipes han tenido 3 hijas: las princesas Noor (1992), Iman (1993) y Farah (2004). Iman se casó el año pasado en dos ceremonias en Washington y París con el ingeniero Bradley Sherman, de origen judío. Noor es considerada la heredera de su padre en los derechos dinásticos al Trono y mantiene una presencia destacada en el ámbito político y social, tanto en redes sociales como en actos de apoyo a los movimientos reivindicativos de su país promovidos por la diáspora iraní. Es licenciada en psicología y posee un MBA por la Universidad de Georgetown.

La familia imperial mantiene unas cercanas relaciones de amistad con la familia real española, siendo esta la que, entre las casas reales reinantes, en más ocasiones ha invitado a Farah y sus hijos a eventos oficiales. Pasaron numerosas vacaciones en Mallorca y Madrid con nuestra familia real y fueron invitados a los enlaces del actual Rey y de las infantas Elena y Cristina, así como a los funerales de los condes de Barcelona. La emperatriz Farah asistió también a las celebraciones del 80 cumpleaños de la reina Sofía en 2018.

La historia de los Pahlavi

La dinastía Pahlavi celebró su primer centenario el pasado año 2025. En efecto, en 1925 el abuelo del príncipe Reza Pahlavi, Reza Khan Savad Koohi, prestigioso militar perteneciente a la familia gobernante del clan Palani, originario de la provincia septentrional de Mandazeran, a orillas del mar Caspio, accedió al poder tras encabezar un golpe de Estado en 1921.

Tras la Revolución soviética de 1920, el gobierno de la dinastía Qajar había perdido prácticamente toda capacidad de control más allá de la capital: fuerzas británicas y soviéticas dominaban la mayor parte del territorio continental persa. En este contexto, Reza Khan tomó el poder al frente de la Brigada de Cosacos y, posteriormente, fue proclamado Shah (emperador) por el Majlis (parlamento), adoptando entonces el nombre dinástico de Pahlavi.

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Mohammad Reza Pahlavi y Farah junto a don Juan Carlos y doña Sofía. (Getty)

Su reinado se prolongó hasta 1941 y marcó el inicio del proceso de modernización de Persia. En 1935 adoptó oficialmente el nombre de Irán, al considerarlo un término más integrador para las diversas etnias del Imperio, no todas ellas de origen persa. A lo largo de su gobierno mantuvo un delicado equilibrio entre el Imperio británico y la Unión Soviética, al tiempo que buscaba apoyo en la nueva Turquía de Mustafá Kemal, Ataturk.

Durante los dieciséis años de su mandato se emprendieron reformas de gran alcance. Se desarrolló una extensa red de carreteras y se construyó el Ferrocarril Transiraní; se introdujo un sistema educativo moderno y laico, y se fundó la Universidad de Teherán, la primera institución universitaria del país. Para financiar estas transformaciones, el Estado confiscó tierras y propiedades pertenecientes al clero y a la nobleza.

En paralelo a la modernización general del país, y con el apoyo de su esposa, Reza Shah impulsó el denominado Despertar de las Mujeres (1936-1941), un movimiento orientado a eliminar el uso del chador en el ámbito laboral. Sus defensores sostenían que el velo limitaba la actividad física y dificultaba la plena incorporación de las mujeres a la vida social y al progreso nacional. La iniciativa, sin embargo, encontró una firme oposición entre los mulás y otros sectores del estamento religioso.

En 1941, debido a su política de neutralidad durante la Segunda Guerra Mundial y a la presencia de técnicos alemanes en la industria petrolera, fuerzas británicas y soviéticas invadieron el país. Reza Shah fue depuesto y enviado al exilio, y el trono pasó a su hijo mayor, Mohammed Reza, entonces de veintidós años.

El reinado de Mohammed Reza Pahlavi se extendió hasta 1979, cuando fue despuesto por la revolución islámica liderada por el ayatolah Khomeini. Su gobierno es tan complejo que resultaría complicado detallar aquí, pero se puede decir que, siguiendo los pasos de su padre, transformó Irán y la mayor parte de su sociedad (sobre todo la urbana), en un país moderno, educado y avanzado, donde la clase media prosperaba a pasos agigantados.

El proceso modernizador de Mohammad Reza Pahlavi buscó transformar Irán en un Estado fuerte, centralizado y alineado con los modelos occidentales de desarrollo. Impulsó una industrialización acelerada financiada por los ingresos petroleros, expandió infraestructuras y promovió la urbanización. Con la “Revolución Blanca” (1963) emprendió reformas socioeconómicas, como la reforma agraria, alfabetización rural, modernización sanitaria y ampliación de los derechos de las mujeres hasta la igualdad legal y el derecho a voto. Todo ello destinado a debilitar a las élites tradicionales y crear una base social nueva, aunque le granjearon la feroz oposición del clero chiita, que había sido despojado del control sobre la educación y sus tierras confiscadas y distribuidas entre el campesinado.

Paralelamente, reforzó el control estatal mediante un régimen fuerte que, en determinados momentos de su reinado, restringió la oposición política y consolidó la figura del Shah como garante del progreso. La modernización generó desigualdades y corrupción, tensiones culturales y un profundo malestar político que, llevó al estallido de la Revolución de 1979.

Tras un penoso exilio que le llevó a Marruecos, Méjico, Panamá y Estados Unidos, el emperador falleció en El Cairo el 27 de julio de 1980. Ahora, 46 años después, su primogénito se sitúa en el centro de la escena histórica, no como una evocación del pasado, sino como un posible elemento de transición y unidad para una oposición fragmentada. En un Irán profundamente distinto al de 1979, con una sociedad joven, urbana y conectada, el régimen parece haber perdido su principal sostén: el miedo. El desenlace es incierto y el silencio internacional elocuente, pero por primera vez en décadas la teocracia ya no controla el relato del futuro. Irán, una vez más, se asoma a un punto de inflexión.

En estos primeros días del año 2026, la situación política mundial, parece haber explosionado: la guerra de Ucrania sin una paz cercana, los conflictos en Sudán, Nigeria, Somalia y la frontera entre Camboya y Tailandia en permanente tensión y alto coste en vidas y haciendas, lo mismo que en Israel-Palestina. Si todo ello no era suficiente, la acción del presidente de Estados Unidos contra el gobierno de Venezuela nos presenta una situación de transición hacia no sabemos dónde. Y ahora Irán, con el príncipe heredero Reza Ciro Pahlavi como protagonista inesperado.

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