El bronceado ‘antiesclavista’, la caída de Lawrence y los 'selfies' de Ellen DeGeneres
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LAS ANÉCDOTAS DE LA GALA DE LOS OSCAR

El bronceado ‘antiesclavista’, la caída de Lawrence y los 'selfies' de Ellen DeGeneres

'Tan' quiere decir autobronceador en inglés. Y, desde luego, los que seguro que se aprendieron la palabra de memoria fueron muchos de los asistentes de este año.

Foto: Matthew McConaughey recoge el Oscar al mejor actor
Matthew McConaughey recoge el Oscar al mejor actor

'Self Tanner' quiere decir autobronceador en inglés. Y, desde luego, los que seguro que se aprendieron la palabra de memoria fueron muchos de los asistentes que acudieron a la ceremonia de los Oscar de este año. No había más que ver las caras de los actores para comprobar que el naranja de su piel no era producto, precisamente, de un sol ausente estos días en Los Ángeles. Parecía que, al ser la noche de 12 años de esclavitud, la realista y reivindicativa obra antiesclavista que acabó triunfando, todo el mundo quería estar a la altura del 'bronceado' predominante. Empezando por Matthew McCounaghey, que acudía con un frac que parecía sacado de un picnic de camareros y mostraba un color facial más cercano a los calores de aquel bodrio llamado Sáhara que de la pálida delgadez del enfermo de SIDA de Dallas Buyers Club que tantas satisfacciones le ha dado.

También Leonardo DiCaprio, que parecía haberse contagiado de parte del oropel hortera de su personaje de El lobo de Wall Street, que le ha dado su cuarta candidatura de la mano de ese magnífico mentor que es Martin Scorsese, con una cara cetrina. Hasta Ellen DeGeneres, que regresaba a la ceremonia tras varios años, tuvo que decir que la primera persona en presentar un premio, una guapísima Anne Hathaway, era "blanca". Jared Leto, el premio al mejor secundario, también tenía un buen tono de piel y una melena 'jesucrística' y anaranjada a juego con la noche.

Una nueva caída de Lawrence

placeholder Jennifer Lawrence en la alfombra roja

Entre tanto dorado epidérmico, en el que habría que incluir al 'petado' Bradley Cooper, también se encontraba una blanca Jennifer Lawrence que pisaba la alfombra con un vestido coral con 'peplum', nombrecito de marras para su sencillo modelo, con el que no pudo evitar volver a caerse, momento que hizo 'arder' las redes sociales y que recordó al tropezón del año pasado cuando recogía su Oscar por la sobrevalorada El lado bueno de las cosas. Acertada estuvo Ellen cuando improvisó sobre un guión medidísimo y le recordó su segunda caída. Claro que no fueron pocos los que pensaron que Lawrence había vuelto a tropezar con la misma piedra de manera intencionada.

La foto más compartida

placeholder El 'selfie' de  Ellen DeGeneres

Algo más naturales fueron los 'selfies' de Ellen DeGeneres, que empezó haciéndose una autofoto y acabó pidiéndole a Meryl Streep que cogiese el móvil para enmarcar a Julia Roberts, Jennifer Lawrence, Angelina Jolie o Brad Pitt. La mayoría de espectadores agradeció que volviese una de las mejores conductoras de la gala y que la Academia no dejase esa responsabilidad en las manos y las voces de un fumado James Franco o un alucinado Chris Rock. Grande el momento en el que aseguró que detrás del rostro de Liza Minnelli había un señor disfrazado, chiste que, a buen seguro, despertó la sonrisa de muchos de los fans gays que escudriñaban en ese momento cada detalle de la ceremonia.

Los intentos de gala interactiva, con momentos como la llegada de las pizzas, fueron divertidos y ágiles, pero se echaba en falta algo de sorpresa en unos premios que se decantaban por Gravity o 12 años de esclavitud, tal y como estaba previsto. Un ejemplo: la estatuilla para Lupita Nyong’o sólo fue inesperada para el presentador de Canal Plus, que aseguró, tan pancho, que no estaba en ninguna quiniela. Aún se desconoce cuáles eran las que consultaba él...

En resumidas cuentas, otro año lleno de estrellas, de homenaje políticamente correcto al 75 aniversario de El Mago de Oz (para evitar homenajear a otra cumpleañera como Lo que el viento se llevó, rodada ese mismo año y algo incómoda si la contrastamos con 12 años de esclavitud), con la presencia de los tres hijos de Judy Garland, y de pocas sorpresas, ya que prácticamente nada se salió del guión; un libreto, el de Hollywood, que sigue siendo el mismo sea en la época que sea. Y, por qué no decirlo, para eso los vemos y por eso nos gusta, para que nos den una ración de magia y de glamour, ya que para innovar ya están esos festivales cinematográficos donde hasta el bronceado parece natural.

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