Sin noticias de Jill Biden: los primeros 100 días de la primera dama
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Sin noticias de Jill Biden: los primeros 100 días de la primera dama

A diferencia de su predecesora, Melania Trump, Jill no ha dado grandes titulares ni se ha decantado por extravagancias estilísticas. Lo suyo es la discreción, pero ¿no será 'too much'?

placeholder Foto: Jill Biden. (Getty)
Jill Biden. (Getty)

Sabíamos que venía un cambio tras el paso de Melania Trump por la Casa Blanca, pero lo de Jill Biden está siendo toda una terapia de shock. En su mutismo y su aparente ‘dolce far niente’, Melania era una máquina de dar titulares. Pero, como suele decirse, unas llevan la fama y otras cardan la lana, porque Jill Biden no ha dado casi trabajo a la prensa en sus primeros 100 días como primera dama, en los que tampoco es que haya estado precisamente quieta.

Foto:  Melania y Donald Trump. (Reuters)

Ya lo habíamos visto venir con su plan de vida ejemplarizante y acorde a los nuevos tiempos: se niega a ser tratada como un objeto decorativo del presidente y no ha dejado de trabajar como profesora de Inglés, sin dejar de visitar 14 estados de su país y mover sus tres causas a la vez: las familias de los veteranos de guerra, la lucha contra el cáncer y, por supuesto, su gran pasión que es la educación para los más desfavorecidos. Pero cuando en el primer discurso del Estado de la Unión de su marido apareció con una nueva versión del mismo vestido diseñado por Gabriela Hearst que había lucido en la inauguración, el mundo gritó: ¡Basta! ¡No se puede ser tan previsible!

placeholder Joe y Jill Biden. (Reuters)
Joe y Jill Biden. (Reuters)

Entendemos que la lucha por la igualdad pasa por no tener que hablar del aspecto de la mujer necesariamente y es cierto que ese vestido estilo años 50 es impecable, pero en la era de lo viral y del meme, Jill Biden no parece decidida a ser la primera dama más desapercibida. Prefiere trabajar como una hormiga obrera que lucir como una hormiga reina, así que, a falta de otra cosa, vamos a analizar los grandes ‘antimomentos’ de la primera dama.

Discreción y rejillas

Podríamos empezar con su primera gran entrevista a finales de febrero. Si Melania se sinceró desde África con un reportero de la cadena progresista ABC, Tom Llamas, y tiró dinamita pesada sin despeinarse, la doctora Biden eligió el programa más inofensivo de la programación estadounidense, el de Kelly Clarkson, para dirigirse al mundo. Clarkson, que surgió del ‘American Idol’ de 2002 (¿una especie de Chenoa?), aprovechó para hacer un poco de terapia por su reciente divorcio, y Biden le dio, es cierto, grandes consejos sobre el sentimiento de culpa tras terminar un matrimonio. Pero en esta charla muy ‘de mujer a mujer’, luego desgranó temas tan controvertidos como la preparación de las mesas en las celebraciones familiares. No esperábamos un encuentro parecido al de Meghan Markle con Oprah, pero la tensión periodística, desde luego, brilló por su ausencia.

Desesperados por no tener nada que llevarse a la boca, sus detractores quisieron montar un pequeño escándalo cuando, en el día de los inocentes de Estados Unidos (April Fool’s, se llama, porque es en abril), Jill Biden se bajó del Air Force Once con lo que parecían unas medias de rejilla. La compararon con Madonna o con Cardi B y lanzaron ataques edadistas contra la primera dama, pero solo con hacer zoom se veía que más que esa rejilla presuntamente agresiva tenía un bordado bien conciliador entre rombo y rombo. Una oportunidad perdida.

placeholder Jill y las medias de la discordia. (Reuters)
Jill y las medias de la discordia. (Reuters)

Cuando a principios de febrero jugó a 'la primera dama rebelde' y, como si fuera Audrey Hepburn en ‘Vacaciones en Roma’, se lanzó a la aventura por las calles de Washington DC, fue “sorprendida” en una tienda de cupcakes y macarrons llamada Sweet Lobby en la que se gastó más de 100 dólares en dulces de colores. ¡Qué empalago! Casi como su decoración del jardín de la Casa Blanca durante San Valentín, lleno de corazones muy de postalita de Hallmark con palabras como valentía, curación, amabilidad y unidad.

Cuidado con el perro

Para los que quieran buscar fisuras en su discurso, es cierto que hay una promesa no cumplida en su programa: cuando dijo que la era Biden devolvería los perros a la Casa Blanca, empezó por incluirlos en todos los mensajes oficiales posibles. Pero el hechizo se rompió cuando Champ y Major, sus pastores alemanes, tuvieron que ser desterrados a Delaware tras atacar a un empleado de la Casa Blanca. Esto confirmó que hasta los 'primeros perros' (¿hay un nombre más absurdo que este?) daban más juego periodístico que la mismísima primera dama.

placeholder Jill, con el 'primer perro' Champ en los jardines de la Casa Blanca. (EFE)
Jill, con el 'primer perro' Champ en los jardines de la Casa Blanca. (EFE)

Es cierto que, efectivamente, ha estado activa en las redes, ha compartido vídeos dando clases virtuales, ha enviado mensajes sobre la pandemia y ha lucido looks conservadores pero muy elegantes de primeras firmas como Oscar de la Renta o Ralph Lauren, y nuevos talentos como Jonathan Cohen o la citada diseñadora uruguaya Gabriela Hearst. Pero el jefe de prensa de Biden, Michael LaRosa, lo dejó claro en una entrevista con WWD: “No hablamos de moda”. Y es cierto que ha sido una técnica eficaz para no frivolizar su figura. Lo preocupante, quizá, es que a falta de frivolidad no se han puesto las miras en su compromiso social y su mensaje reconciliador, sino que los medios, simplemente, la han dejado de lado. El ‘New York Times’ escribió con la boca pequeña (y en combo con Kamala Harris) una breve reseña de estilo sobre ella, casi pidiendo perdón. Pero los fashionistas no pierden la esperanza y parece que este lunes se vio a Annie Leibovitz entrar en la Casa Blanca para una sesión que, supuestamente, será para una portada de Jill Biden en ‘Vogue’. ¿Será verdad?

A propósito de sus 100 días como primera dama, ella misma publicó en Instagram una foto que decía: “Esto no ha hecho más que empezar”. ¿Significará que está todavía por arrancar o que nos quedan cuatro años menos 100 días sin noticias de Jill Biden?

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