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Mercadillos del mundo: los mejores para cazar gangas

Nos encantan los mercadillos. Por eso, nos vamos a rebuscar en los rastros del mundo. Para sentirnos los mejores cazadores de gangas de la historia.

Foto: Foto: Flohmarkt de Berlín
Foto: Flohmarkt de Berlín

Nos encantan los mercadillos y llamar vintage a las cosas viejas. Por eso, nos vamos a rebuscar en los mejores rastros del mundo para sentirnos los mejores cazadores de gangas de la historia, de esos que salen en los documentales de la TDT. ¡Vamos! 

EN PARÍS: EL MARCHÉ AUX POUCES DE SANT OUEN-CLIGNANCOURT

Los mercadillos más literarios son los parisinos, de eso no hay duda. De cuando en cuando, aparecen tesoros inexplicables: un apartamento que permanece cerrado durante décadas hasta que sorprendentemente sus enseres aparecen a la venta, dibujos de Miró o Picasso a los que el vendedor original no sabe poner valor o considera que no pueden ser auténticos... esas cosas.

De todos los mercados de pulgas, el más famoso -y muy merecidamente- es el de Saint-Ouen, que es además el rastro más antiguo del mundo. Sus más de 1.700 puestos se reparten en quince mercados y ocupan más de diez hectaréas alrededor de la Porte de Clignancourt. La pregunta no es qué hay a la venta, si no qué no hay: desde piezas arqueológicas a la quincalla más olvidable, pasando entre medias por obras de arte, libros, ropa... Una locura.

EN NUEVA YORK: LOS FLEA MARKETS DE BROOKLYN

Cualquier lugar de Estados Unidos esconde tesoros para los amantes de las gangas (no hay más que ver la cantidad de programas de subasteros y coleccionistas que, de repente, pueblan ese páramo televisivo que es la TDT). De salas parroquiales a tiendas de empeño, pasando por esta institución dominical que son los yard sales -en los que los vecinos sacan a la calle sus trastos viejos para ganar unos dólares-, puede decirse que los Estados Unidos son el paraíso de lo vintage: y para muestra, los mercadillos que pueblan el hoy muy moderno y trendy barrio de Brooklyn, en Nueva York.

Nada como cruzar el Hudson para zambullirse en burros repletos de ropa de segunda mano, cajones de madera rebosantes de cómics y vinilos, y cuanta americana se pueda imaginar. Hay que poner rumbo al Brooklyn Flea, los sábados, en el Bishop Loughlin Memorial en 176 Lafayette, con más de 150 puestos; y los domingos, en la zona de moda de Williamsburg (entre las calles 6th y 7Th Norte), al Skylight One Hanson (1 Hanson Place, Fort Greene), la antigua sede del Williamsburg Savings Bank, donde más de cien vendedores ocupan el espacio que antes era una de las mayores oficinas bancarias de la Costa Este. 

EN LONDRES: LOS MERCADILLOS DEL EAST END

En Londres, en lo que a mercadillos se refiere, hay vida más allá de Portobello. Sobre todo, en el este de la ciudad, allí donde Jack el Destripador y Michael Caine hacían de las suyas -cada uno, a su manera-. Cualquier día de la semana es bueno para ir al Old Spitalfields Market (16 Horner Square), que hace mucho que dejó de ser un secreto londinense, sobre todos los domingos, el día grande.

Si buscas muebles, ropa vintage o comida orgánica, tienes que ir, también el domingo, al Sunday Up Market en la Old Truman Brewery, donde además de ropa de jóvenes diseñadores y algo de segunda mano caben todas las gastronomías del mundo. Y no te olvides del rastro que se monta en las aceras de Brick Lane, la calle que es el corazón de la comunidad bangladesí de Londres, donde, además, se sirven los mejores curries del mundo. ¿Qué más quieres?

EN BERLÍN: EL FLOHMARKT DEL MAUERPARK

La capital más sexy de Europa lo es, también, por sus mercadillos, auténticas minas en las que no faltan -antes al contrario- filones de imaginería de los años de plomo del Muro de Berlín. De los muchos y muy baratos flohmarkts que pueblan la ciudad, el que más nos gusta es el MauerPark, en Prenzlauer Berg (Bernauer Strasse 63-64), que es muy popular precisamente por su carácter comunal: cualquiera puede instalarse y vender lo que le de la gana, echando por tierra la fama germana de organización metódica. Este mercadillo es un batiburrillo de tentaciones donde conviven vendedores profesionales y el vecino de al lado.

Así que no puede sorprender encontrar cualquier cosa, desde accesorios para bicicletas a oboes, pasando por imaginería de la Segunda Guerra Mundial o viejas radios Grundig. Si es que ya lo decía Patxi Andion: una, dos y tres, una, dos y tres, lo que usted no quiera, para el Rastro es... ¡Buenas compras! 

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