El verano ya está aquí y, con él, esa necesidad casi instintiva de dar un aire nuevo a nuestros espacios. No hablamos de grandes reformas ni de renovar el mobiliario entero, sino de esos pequeños gestos que lo cambian todo: una alfombra más ligera, una planta nueva en el balcón, o un macetero que parece recién salido de una tienda de decoración nórdica, pero que cuesta lo mismo que un par de helados.
Lidl lo ha vuelto a hacer. Su nuevo macetero de yute, sencillo, funcional y con muchísimo encanto, se ha convertido en uno de esos productos estrella sin apenas hacer ruido. Una combinación infalible: materiales naturales, diseño que encaja en cualquier estilo y un precio que invita a llevárselo sin pensar dos veces. Cuesta menos de cuatro euros.
Maceta de yute de Lidl (Cedida)
Este modelo, elaborado con trenzado de yute, tiene ese aire artesanal que tanto se lleva, especialmente en verano, cuando lo que apetece es rodearse de texturas naturales, colores neutros y ambientes relajados. Su forma redonda y ligeramente cónica resulta perfecta para colocar sobre una mesa auxiliar, en el suelo con una planta más voluminosa, o incluso en el alféizar de la ventana para dar un toque de verde al interior.
Pero además de bonito, es práctico. El interior viene forrado con una capa plástica que protege la superficie y evita que el agua de riego estropee muebles o suelos.
Decorar con Hôma es fácil, sencillo y barato (cortesía de Hôma)
Eso lo convierte en un aliado perfecto tanto para plantas naturales como artificiales.También puedes darle otros usos: como recipiente para guardar cepillos en el baño, utensilios en la cocina o incluso como un vacía-bolsillos improvisado en la entrada.
Su estilo versátil se adapta a todo tipo de decoración: bohemia, mediterránea, minimalista, rústica o incluso industrial si lo combinas con otros materiales como el metal o la madera envejecida. Si lo colocas con una monstera, un poto colgante o una planta de lavanda, el efecto es inmediato: una atmósfera fresca, natural y veraniega.
El verano ya está aquí y, con él, esa necesidad casi instintiva de dar un aire nuevo a nuestros espacios. No hablamos de grandes reformas ni de renovar el mobiliario entero, sino de esos pequeños gestos que lo cambian todo: una alfombra más ligera, una planta nueva en el balcón, o un macetero que parece recién salido de una tienda de decoración nórdica, pero que cuesta lo mismo que un par de helados.