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VIAJES

Getaria: pasea junto al mar en el pueblo de Balenciaga y alójate en un caserío chic

No podía ser más marinero ni más encantador. Lo sabrás cuando te aventures por sus pintorescas calles, contemples sus particulares casas, te subas al Ratón y te zampes un rodaballo. Por Elcano

Foto: Getaria no solo es moda (por Balenciaga), también mar y excelsa gastronomía. (Turismo Getaria)
Getaria no solo es moda (por Balenciaga), también mar y excelsa gastronomía. (Turismo Getaria)

Getaria es Balenciaga. El reclamo turístico es todo un canto de sirena. Se escucha y se está deseando ir. Pero además de la sirena y el canto, en el pueblo del Ratón (si, tal cual) hay mar, barcos, casco histórico, mucha belleza y la historia épica de un Ulises, queríamos decir un navegante, Juan Sebastián Elcano.

Además, se come como en el País Vasco, o sea, a las mil maravillas, y se puede dormir en un caserío que es como los de antes pero con toda la gracia y el gusto de ahora. No podía ser más marinera. Y al ladito, el feudo de Arguiñano. La villa la tenemos entre Zarauz y Zumaia. Como para no ir…

Un pueblo marinero muy fashion

Lo de marinero lo decimos porque Getaria es sobre todo eso. Un pueblo con puerto, navíos e historias de hombres valientes que se echaron a la mar. Empezando por Juan Sebastián Elcano, el primero que dio la vuelta al mundo (expedición de Magallanes, principios del XVI), que nació aquí. Y lo de fashion por Cristóbal Balenciaga, otro hijo del lugar (su padre era pescador y su madre costurera, muy propio), que tiene su pasarela en el museo que lleva su nombre y que no para, todo un Ítaca en esto de viajar para los amantes de la moda.

El mejor de los front rows desde el que admirar los vestidos confeccionados por este inolvidable maestro de la alta costura, sobre todo ahora que Mónaco ha devuelto al fashion mucho esplendor, y saber más sobre su apasionante recorrido vital (contemporáneo de Coco Chanel y Dior, por Dios). En 2017 el Museo celebró los 100 años de la apertura de su primer negocio en San Sebastián (a solo 25 kilómetros) y los 80 de su desembarco en París.

Guéthary y Getaria

Curiosamente hay otra Getaria, o mejor dicho, Guéthary, que está en la costa vascofrancesa, en el departamento de los Pirineos Atlánticos, junto a San Juan de Luz y Bidart (emocionantes a no poder más), aunque en euskera sigue siendo Getaria, y ambas, para más inri, son de tradición profundamente marinera y antiguamente ballenera, y con impresionantes acantilados. La nuestra se encuentra entre el tómbolo que une el monte San Antón, el llamado Ratón, a tierra, enclave del puerto, y la cornisa de su tramo de costa. Nos habría encantado verla amurallada y con torres, la verdad. Nos quitamos la nostalgia con el Katrapona, un pasadizo que une la calle Mayor con las escaleras que llevan al puerto. Y en los alrededores, la geología haciendo de las suyas. Podrás observar el fenómeno conocido como flysch (facies rocosas de erosión diferencial; lo mejor es verlo) en lo que se conoce como Geoparque. Es muy Juego de Tronos.

El escenario perfecto para tu IG

No se puede exclamar sino un bravo por su belleza cuando se anda por sus encantadoras calles con sus casas de pescadores, con sus colores sin tregua y sus balcones de madera, todo ello ante la mirada atenta de Elcano, que está (literalmente) en todas partes, y no digamos cuando se tiene enfrente la soberbia iglesia de San Salvador, gótica del XIV, la de Asquizu, la ermita de San Prudencio o la capilla de La Piedad, que adoran los pescadores. Te vas a hinchar a ver casas peculiares: la de los Asu, con elementos tan característicos de las residencias nobiliarias como las ventanas saeteras o los arcos dovelados; las también casas-torre de los Zarauz, de los Ochoa e Ibañez de Olano, la Larrumbide, la Aldamar, que cierra el conjunto medieval, o las góticas, residencia de los Onassis y los Niarchos de la época… El norte es así.

Las cosas del comer

De nuevo el tópico se hace excelencia para hablar del País Vasco, porque, en efecto, aquí todos los caminos van a un restaurante que suele habitar algún cielo gastronómico, aunque no sea el Michelin. Ya no se cazan ballenas, por fortuna, pero sí se sigue pescando y mucho. Lo que mandan los cánones es comer el pescado a la brasa y acompañado de txakoli. Y dónde mejor que en el Elkano, el mítico restaurante que abrió Pedro Arregi en los años sesenta, hoy en manos de su hijo Aitor, donde comer rodaballo es una religión. Sin olvidar los besugos, las lubinas o los bogavantes, que también saben de sus brasas.

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Rodaballo..... for dayssss!!

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Para dormir, que sea un caserío

O más concretamente, el hotel Iturregi, que está levantado sobre las ruinas del caserío del mismo nombre y que es el lugar en el que uno quiere echar el ancla. Solo hay que ver el porte de su edificio, la decoración exquisita de sus adentros y el minimalismo de su piscina para saberlo. Y con vistas al faro de Getaria y a toda la costa vasca. Precio: desde 230 euros.

El hotel Iturregui, en plena costa vasca. (Cortesía)
El hotel Iturregui, en plena costa vasca. (Cortesía)

Un plus

No te olvides de subir a la atalaya de San Antón, porque desde allí divisarás toda la costa vasca entre los cabos Higer y Matxitxako, además de las embocaduras de todos los puertos de Guipúzcoa, además de alguno de Vizcaya. Y no es un farol. No podemos decir que te vayas a sentir como J. S. Elcano, pero respirarás mar y marinería. Y en el extremo del Ratón, el faro, construido sobre los restos de la ermita de San Antón.

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#getaria #raton #sunset #atardecer #paisvasco #mar #basquecountry

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