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INSPIRACIÓN BOCCACCIO

Una casa de campo y contar historias, el mejor plan (como en el 'Decamerón')

Siete mujeres y tres hombres huyen de la peste florentina y se refugian en una villa idílica. ¿Tu plan? Un cuentacuentos, pero en tu casa. Como en Boccaccio, como en la peli de los Taviani

Foto: Una imagen de la película 'Maravilloso Boccaccio', de lo hermanos Taviani. (Cortesía Golem)
Una imagen de la película 'Maravilloso Boccaccio', de lo hermanos Taviani. (Cortesía Golem)
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La pandemia del coronavirus nos ha hecho acordarnos de una película deliciosa que a su vez nos ha llevado hasta un libro sublime de la literatura universal, pícaro, irreverente e ingenioso por demás, que nos ha situado rápidamente en una casa de campo, lejos o quizá no tanto de la gran ciudad, y nos ha puesto no ya a leer, que también, sino a contar (de cuentos). Esto no es Florencia ni estamos en el siglo XIV, ni tenemos que huir de la peste negra -que conste que 'La peste', de Albert Camus, está alcanzado cifras insólitas de venta en Francia a raíz del coronavirus-, aunque sí del virus que nos acorrala, pero el caso es que adoramos el plan, aunque sea imaginario. Escapar a la naturaleza, refugiarnos en una campiña idílica y tomar asiento en un paraíso terrenal. Ya se sabe, villa grande, patio hermoso, prados en torno y agua alrededor. Boccaccio dixit.

Una escena idílica de 'Maravilloso Boccaccio', de los Taviani. (Cortesía Golem)
Una escena idílica de 'Maravilloso Boccaccio', de los Taviani. (Cortesía Golem)

Tu Decamerón

¿La película de la que hablamos? 'Maravilloso Boccaccio', de los hermanos Taviani (2015). ¿Y el libro? Por supuesto, el 'Decamerón', del imprescindible autor, Giovanni Boccaccio, que nació en Certaldo (1313), en la Toscana, desde donde se ve, por cierto, el increíble (también) y arquitectónico San Gimignano. ¿Y la casa? La tuya propia. Corren tiempos no de huida, sino de reclusión. Es hora de hacerlo todo más literario.

De Pasolini a los hermanos Taviani

Se ve en la película, no ya en la de Pasolini (1971), más subida de tono al quedarse con los cuentos más lascivos, sacrílegos y escatológicos, como corresponde al gusto del cineasta, apuntalando el vicio, sino a la mencionada de los Taviani (Vittorio y Paolo), que se ponen más románticos; eso sí, todo queda en Italia. Diez jóvenes se refugian en el campo y deciden poner a prueba su imaginación: cada uno de ellos, nombrado Rey o Reina, contará una historia cada día. El propio Giovanni Boccaccio te brinda el manual. Toma nota.

Son 10 días y cada uno con un tema particular. Es todo un juego. Va desde la jornada primera, donde cada cual habla de lo que más le agrada, hasta la décima, cuando salen a relucir quienes hicieron algo grande, hazañas gloriosas, ya sea en asuntos de amor, ya en otros, pasando por las historias amorosas que resultan desgraciadas de la jornada cuarta o las de amor con final feliz de la quinta. ¿Jugarás?

Y si no te hacen caso las musas, que todo puede ser, siempre puedes hacerte con el 'Decamerón' (en Amazon lo tienes a tu disposición) y utilizarlo de guía. El libro, aunque antiguo y de difícil lectura (a veces), es delicioso. Cien cuentos sobre el amor, la inteligencia y la fortuna, desde lo erótico a lo trágico, dan para mucho. Y antes o después, ponte la película 'Maravilloso Boccaccio' (la tienes en Filmin, donde, por cierto, ya ofrecen un apartado llamado directamente Cuarentena). Los nombres del Decamerón te resultarán la mar de estimulantes: Pampinea, Filomena, Emilia, Laureta, Neifile, Elissa y Fiammetta. No menos los de ellos, que son minoría: Pánfilo, Dioneo y Filostrato. Un canto al clásico 'mientras vivimos, vivamos'.

Otro fotograma de 'Maravilloso Boccaccio'. (Cortesía Golem)
Otro fotograma de 'Maravilloso Boccaccio'. (Cortesía Golem)

Y, por último, un guiño a Gabriel García Márquez y su 'El amor en los tiempos del cólera' en estos tiempos de coronavirus. Y otro para Thomas Mann y su 'Montaña mágica', donde el alemán describe un mundo cerrado en sí mismo, otra cumbre, y nunca mejor dicho, de eso tan goloso y tan endiabladamente rentable que es la literatura. Y seguiríamos... Definitivamente, hay que leer. La cuarentena cierra puertas, pero los libros te las abren.

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