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Rubi (tuvo un novio que tocaba en un conjunto beat): “La España de los años 80 era mucho más moderna que la actual”
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Rubi (tuvo un novio que tocaba en un conjunto beat): “La España de los años 80 era mucho más moderna que la actual”

Rubi, nombre artístico de Teresa Campilongo, dejó Argentina en los 70 y en Madrid encontró la libertad que necesitaba para hacer música. Icono inesperado de la Movida, marcó época con su estilo y sus canciones. Seguimos adorándola

Foto: Cuando aterrizó en España, en 1977, Rubi nunca imaginó que acabaría convertida en exótico icono de la Movida madrileña. (Arturo de Lucas)
Cuando aterrizó en España, en 1977, Rubi nunca imaginó que acabaría convertida en exótico icono de la Movida madrileña. (Arturo de Lucas)

Teresa Campilongo ‘Rubi’ (Buenos Aires, 1954) era una niña muy estudiosa, de las mejores de la clase. Sacaba grandes notas y era buena deportista. Se matriculó en la Universidad John Fitzgerald Kennedy de la capital argentina para estudiar Psicología, si bien acabó la carrera en la Complutense de Madrid. Con 22 años, dejó atrás su país con su marido, el músico Joe Borsani, y con su hija pequeña, Juana. Recuerda el Buenos Aires de su juventud como un lugar desarrollado y próspero que se torció con la entrada en escena de la junta militar y el derrocamiento del gobierno constitucional. Lo que nunca imaginó es que acabaría convertida en icono de la Movida madrileña, un icono con acento exótico.

A Rubi le gusta rememorar 1977, un año clave en el desembarco de talento argentino en España. Algunos optaron por instalarse en la madre patria por motivos políticos, otros por cuestiones económicas y un tercer grupo —el de ella— por el mero afán de hacer música con libertad en un país que despertaba a la democracia. “Al mismo tiempo, aterrizamos en Madrid los hermanos RothAriel y Cecilia—, Alejo Stivel, Moris —el rockero Mauricio Birabent—, Juan Gatti —que ya era conocido por sus portadas de discos—, los Alterio y muchos más. Llegamos todos a la vez y todos, tarde o temprano, pasaban por mi casa. Se hablaba de política, claro, pero yo en eso no me metía. Sí recuerdo que algunos aún tenían el miedo metido en el cuerpo”.

placeholder Rubi ante el cuadro 'La sexta condesa de Montijo y sus hijas', heredado por su marido, Luis Fitz-James Stuart Gómez, sobrino-nieto de Jacobo Fitz-James Stuart, 17º duque de Alba. (Arturo de Lucas)
Rubi ante el cuadro 'La sexta condesa de Montijo y sus hijas', heredado por su marido, Luis Fitz-James Stuart Gómez, sobrino-nieto de Jacobo Fitz-James Stuart, 17º duque de Alba. (Arturo de Lucas)

PREGUNTA. ¿Cuál fue tu primer impacto al llegar a Madrid?

RESPUESTA. Me encantó porque me recordaba a Buenos Aires. Antes de llegar a España, Joe y yo habíamos hecho una gira por Latinoamérica con Los Tíos Queridos, el grupo que teníamos entonces. Estuvimos en Bolivia, Perú, Ecuador… Intentamos instalarnos en Colombia, pero no funcionó. Madrid nos parecía una ciudad supereuropea, así que nos quedamos. Fue como volver a casa, lo que sí nos chocaba y mucho es que casi todo el mundo llevaba un abrigo loden. (Risas).

“Al llegar a Madrid nos llamaban ‘sudacas’. Notábamos cierta distancia, pero pudimos con eso y nos adaptamos muy rápido”

P. ¿Os costó mucho adaptaros?

R. No, nada. Aunque sí había cierta reticencia hacia los inmigrantes. Nos llamaban ‘sudacas’. Notábamos cierta distancia, pero pudimos con eso y nos adaptamos muy rápido. La cuestión fue que al año o así Joe y yo nos separamos. Cada uno siguió su camino. ¿Duro? La verdad es que no. Yo era muy joven, con mucha energía y un poco inconsciente. (Risas). Me centré en terminar Psicología, pensando que me dedicaría a ello, y acabé haciendo música.

P. ¿Qué ocurrió?

R. Tenía un grupo por puro divertimento. Ensayábamos en la calle Casino, cerca de Puerta de Toledo, de ahí viene lo de Rubi y Los Casinos; lo de Rubi me lo puso Rafael Abitbol —el crítico musical y, en muchos sentidos, nuestro descubridor— por Blondie. Grabamos maquetas, las llevamos a las discográficas… Así empezó todo.

placeholder En la Movida mandaba el pop, pero sobre el escenario Rubi era muy enérgica. “Me llamaban ‘rockista’ como diciéndome 'eres rara'”. (Arturo de Lucas)
En la Movida mandaba el pop, pero sobre el escenario Rubi era muy enérgica. “Me llamaban ‘rockista’ como diciéndome 'eres rara'”. (Arturo de Lucas)

P. ¿Quién compuso ‘Yo tenía un novio (que tocaba en un conjunto beat)’, uno de los hits incontestables de 1981?

R. Esa canción ya existía, la música era de Joe y la letra de Armando Fernández, un dramaturgo argentino. La habían grabado Los Tíos Queridos antes de que yo entrara en la banda. En la versión original era como un charlestón, yo la versioné distinta, claro. (Risas)

P. ¿Cómo llega la primera discográfica?

R. Empezamos a tocar en discotecas como Golden, Marquee y Rock-Ola. Fui la primera mujer que tocó en Rock-Ola que, para ser honestos, acababa de abrir. (Risas). Una cosa llevó a la otra.

placeholder Rubi y Nut, una preciosa caniche apricot de tres años empeñada en salir en la foto. (Arturo de Lucas)
Rubi y Nut, una preciosa caniche apricot de tres años empeñada en salir en la foto. (Arturo de Lucas)

P. ¿Qué fue realmente la Movida madrileña, porque cada uno cuenta la historia como le conviene?

R. Yo entré en la Movida por Paloma Chamorro, que fue mi gran amiga. Nos conocimos en un concierto. Ella ya tenía un programa de divulgación cultural en la tele —‘La edad de oro’ vino después— y se enteraba de todo lo que estaba pasando. Entré en un grupo divino sin pretenderlo. Los conocí a todos a la vez, a Carlos Berlanga, a Bernardo Bonezzi, a Santiago Auserón…

“Había tres casas a las que ir: la de Las Costus, la de Paloma Chamorro y la de Pablo Pérez-Mínguez, el fotógrafo”

Éramos un grupo muy heterogéneo y divertido y, tarde o temprano, acabábamos todos en casa de Las Costus, en la calle La Palma. Había tres casas a las que ir: la de Las Costus, la de Paloma y la de Pablo Pérez-Mínguez, el fotógrafo. En esas tres coincidíamos todos: Sigfrido Martín Begué (pintor y diseñador), Tino Casal —que, por cierto, hizo todos los coros de mi primer disco—, Fabio McNamara, Olvido, Almodóvar… Todos.

P. ¿Qué os unía?

R. La cultura y las ganas de hacer cosas diferentes, no solo en música. Se hablaba de todo. Eran reuniones brillantes, con gente muy ocurrente.

“Nunca me gustó trasnochar. Yo no bebía ni me drogaba. Cuando empezaban a circular ‘cositas’… desaparecía”

P. ¿Trasnochabas mucho?

R. No, yo no, nunca me gustó. No bebía, no me drogaba. Cuando empezaban a circular ‘cositas’ yo desaparecía. Yo era una buena chica, cosas de mi educación con las monjas, con una niña chiquita.

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placeholder Arriba: discos, afiches y buenos recuerdos. Sobre estas líneas: Jacobo Fitz-James Stuart, 17º duque de Alba, tío abuelo del marido de Rubi, fotografiado por Cecil Beaton con el cuadro 'La sexta condesa de Montijo y sus hijas' en segundo plano. (Arturo de Lucas)
Arriba: discos, afiches y buenos recuerdos. Sobre estas líneas: Jacobo Fitz-James Stuart, 17º duque de Alba, tío abuelo del marido de Rubi, fotografiado por Cecil Beaton con el cuadro 'La sexta condesa de Montijo y sus hijas' en segundo plano. (Arturo de Lucas)

P. ¿Es cierto que una vez os detuvieron por las pintas?

R. Sí, un día íbamos por la calle Princesa Carlos Berlanga, Paloma Chamorro, Fabio McNamara y yo vestidos de cuero de arriba abajo y nos paró la policía. Nos pusieron contra la pared. Como yo no llevaba la documentación, nos llevaron a comisaría. Cuando preguntaron a qué nos dedicábamos, soltamos: “Yo soy hijo de Luis García Berlanga, un director de cine muy importante” (risas), “Yo, directora de un programa de Televisión Española”, “Yo, artista total” (risas), “Yo, cantante”… Y nos dejaron ir. Esa era la España de entonces.

P. ¿El escenario es tu lugar natural?

R. Totalmente. En los discos no he llegado a expresar lo que siento en directo. En el escenario doy mucho más, la voz, la energía… Me transformo en otra cosa, soy mucho más rockera.

placeholder A sus 71 años, Rubi mantiene su preciosa voz. Damos fe. (Arturo de Lucas)
A sus 71 años, Rubi mantiene su preciosa voz. Damos fe. (Arturo de Lucas)

P. Hasta Nacho Cano, en pleno despegue de Mecano, te compuso una canción: ‘Me he enamorado de un fan’. ¿Cómo surgió esa colaboración?

R. Nos conocimos tocando en una discoteca de Gran Vía. Mecano estaba recién empezando. Yo me dedicaba a pedirle canciones a los amigos, un pequeño impuesto revolucionario. (Risas). Así fui consiguiendo temas de Bernardo Bonezzi, de Carlos Berlanga, de Nacho Cano y de otros muchos.

“Mi público del principio era más bien pijo, niños bien como los que seguían a Los Secretos o a Nacha Pop”

P. ¿Cómo es tu público ahora?

R. Gente de mi edad, nostálgicos que se saben las canciones. En su día me llamaban ‘rockista’, en vez de rockera, como diciéndome: “eres rara”. En la Movida mandaba el pop, pero yo sonaba más dura y se notaba. Mi público del principio era más bien pijo, niños bien como los que seguían a Los Secretos o a Nacha Pop. Aunque había de todo.

“La España de los 80 era mucho más moderna que la actual. Tenías libertad para decir lo que querías en todo momento”

P. ¿Eres nostálgica?

R. No, no la añoro como tal, pero sí sé que esa fue una época irrepetible. Algunos intentan negarla hoy, pero la Movida fue real. Marcó una época, también en lo político: la Transición, Tierno Galván, Felipe González… La España de los 80 era mucho más moderna que la actual. Tenías libertad para decir lo que querías en todo momento.

placeholder En verdad, Rubi no ha dicho aún adiós a la música. (Arturo de Lucas)
En verdad, Rubi no ha dicho aún adiós a la música. (Arturo de Lucas)

P. En octubre de 2010 ofreciste el último concierto de Rubi y Los Casinos en la mítica Sala Sol. Pero no fue el último…

R. Ja, ja, ja… No. Luego dije: “Ay, no, no”. Quería cerrar un ciclo, por la edad, porque dejé la música siendo joven, en los 90. Los músicos y compositores que me acompañaban fueron muriendo. Y componer me cuesta. Además, el negocio musical es muy duro. Aparecen nuevos artistas, nuevas modas. Es difícil mantenerse, pero el adiós definitivo no he sabido, o no he querido, darlo.

“Mantenerse en el mundo de la música es difícil, pero el adiós definitivo no he sabido, o no he querido, darlo”

P. ¿Vas mucho a Buenos Aires?

R. Ahora no tanto. Desde que fallecieron mi madre y mi hermano, hace tres años que no voy. Pero en cuarenta años, habré ido más de treinta veces.

P. ¿Cómo ves la España de hoy?

R. España tiene una democracia estable. Creo que lo más sano es la alternancia política. Hasta ahora, la verdad, los artistas no hemos tenido problemas con ningún gobierno. España es un país libre y democrático, y espero que siga siéndolo.

Teresa Campilongo ‘Rubi’ (Buenos Aires, 1954) era una niña muy estudiosa, de las mejores de la clase. Sacaba grandes notas y era buena deportista. Se matriculó en la Universidad John Fitzgerald Kennedy de la capital argentina para estudiar Psicología, si bien acabó la carrera en la Complutense de Madrid. Con 22 años, dejó atrás su país con su marido, el músico Joe Borsani, y con su hija pequeña, Juana. Recuerda el Buenos Aires de su juventud como un lugar desarrollado y próspero que se torció con la entrada en escena de la junta militar y el derrocamiento del gobierno constitucional. Lo que nunca imaginó es que acabaría convertida en icono de la Movida madrileña, un icono con acento exótico.

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