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El gesto de Amancio Ortega que nos hizo volver a olvidar que es millonario

Un detalle del dueño de Inditex durante la boda de su hija con Carlos Torretta daba cuenta del carácter que siempre le ha acompañado

Foto:  Amancio Ortega a su llegada al Real Club Náutico de A Coruña, donde se celebró el cóctel de la boda de Marta Ortega y Carlos Torretta. (EFE)
Amancio Ortega a su llegada al Real Club Náutico de A Coruña, donde se celebró el cóctel de la boda de Marta Ortega y Carlos Torretta. (EFE)

Hasta que un paparazzi no cazó al dueño de Inditex dándose un chapuzón en la Costa Azul junto a su familia a bordo del Drizzle (llovizna en inglés), una joya de los mares de 67 metros de eslora y 11 de manga (el del Pocero tenía 72 metros y lo vendió por 58 millones), no vimos al magnate textil Amancio Ortega maneras de rico. Era agosto de 2017. Estábamos habituados a ver a una de las mayores fortunas del mundo navegando en el Valoria, su yate de siempre, que suele tener amarrado en el puerto de Sanxenxo. Con esta nave que recoge el nombre del pueblo natal de su madre, Josefa Gaona, Ortega ha viajado con su clan por todo el mundo estos últimos años (lo compró en 2004). Sin embargo, el Drizzle elevó a la categoría de barquito al Valoria.

Hasta entonces, Amancio Ortega en el imaginario español era un hombre austero afincado en su Galicia natal que no se perdía su partida de cartas en la aldea de Avión con otros millonarios que volvían de Venezuela en verano a su tierra y era fiel a su bocadillo en Arteixo, el corazón fabril de su imperio.

Amancio Ortega en su yate en un fotomontaje elaborado por Vanitatis.
Amancio Ortega en su yate en un fotomontaje elaborado por Vanitatis.

Del baile a la cocina

La suntuosidad de la boda de Marta Ortega y Carlos Torretta ha servido para retroalimentar en el imaginario ese prototipo de millonario. Sin embargo, don Amancio rescató su campechanía de siempre en ese enlace en el que solo uno de los tres músicos elegidos para amenizar uno de los días del evento (Norah Jones, Chris Martin y Jamie Cullum) es el presupuesto de un Ayuntamiento.

El gesto ocurrió en la madrugada del viernes 16 al sábado 17 de noviembre, cuando Ortega se encontraba con su familia en el Club Náutico de A Coruña y lo ha revelado 'La Voz de Galicia'. En medio del bullicio en el que se escuchaba hablar en distintos idiomas (fundamentalmente inglés y francés), el vecino del Parrote decidió bajar a la cocina, felicitar y dar las gracias a todos los profesionales que allí se encontraban. Se quedó un rato charlando con el equipo con la más absoluta cercanía.

Lo contó al salir del recinto uno de los cocineros del Kabuki, dirigido por el restaurador Ricardo Sanz. El equipo de Kabuki trabajó al lado del de Javier Olleros, de Culler de Pau, y del de Cedric Grolet, el mejor pastelero del mundo. "Nos dio la mano a cada uno y nos agradeció la comida", señaló el chef a este medio.

Amancio, con su habitual carácter campechano, abandonó el baile y se bajó a las cocinas. Como prueba fehaciente del gesto de Ortega, en esta página aparece la foto en la que el empresario posa con Javier Olleros y Ricardo Sanz, quien la hizo pública.

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