Ana Obregón y Alessandro Lequio: y ahora qué (hablan los expertos)
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Ana Obregón y Alessandro Lequio: y ahora qué (hablan los expertos)

La muerte de un hijo "es la experiencia más desvastadora de la vida", según los psicólogos consultados. No hay recetas mágicas para sobrellevar el dolor

Foto: Alessandro Lequio y Ana Obregón salen de su apartamento en Barcelona. (Cordon Press)
Alessandro Lequio y Ana Obregón salen de su apartamento en Barcelona. (Cordon Press)

"Perder a un hijo es la experiencia más devastadora que se puede tener en la vida, no es comparable a cualquier otra pérdida. Lo puedes poner así porque es categórico. Requiere un esfuerzo titánico no solo vivir con el duelo, sino aprender a vivir sin el hijo, que es una labor ardua y agotadora". Sin paliativos. La psicóloga clínica Araceli Galindo, especializada en este tipo de procesos y creadora de la web www.vidayperdida.es, explica lo inexplicable: cómo demonios van a seguir con su día a día Ana García Obregón y Alessandro Lequio, los padres de Álex Lequio, tras el fallecimiento de su hijo a los 27 años. Sus circunstancias, además, según los expertos, son especiales. A veces jugarán a su favor, otras en su contra. Pero "la templanza", "la serenidad", "la prudencia" y "el ejemplo de lucha" que ha dado esta familia durante la enfermedad de Álex son, en opinión de los expertos, "los mejores valores en los que apoyarse ahora".

La muerte de Álex Lequio ha sido una de las noticias más tristes que ha publicado este medio. Una oleada de cariño ha recorrido España como un calambre, buscando de alguna manera hacer llegar a la actriz y al colaborador de 'El programa de Ana Rosa' un caluroso abrazo para su corazón desnudo. La fama de sus padres y de él mismo casi desde la cuna ha provocado que su desaparición se haya convertido en un asunto público. "La sociedad de hoy todavía trata el dolor como un tabú, si hay algo positivo en que sean conocidos es que su tragedia sensibiliza y da visibilidad a este sentimiento que aún hoy se esconde", expone Galindo.

placeholder Alessandro Lequio y Ana García Obregón, en el último adiós a su hijo Álex. (Vanitatis)
Alessandro Lequio y Ana García Obregón, en el último adiós a su hijo Álex. (Vanitatis)

Sin embargo, los focos no siempre ayudan, como explica José González, psicólogo experto en duelo, director de Apertus Psicólogos y autor del libro 'Crecer en la pérdida' (RBA): "En un primer momento sí, ese cariño y ese respeto hacen bien a la familia, pero una de las dificultades cuando el duelo es tan mediático es que no siempre se permite al doliente llevar el proceso a su ritmo, metabolizar las distintas fases a la velocidad que uno querría, a veces son los medios los que marcan el ritmo". González, que conoce de cerca algún caso mediático, señala no obstante que lo que hace cualitativamente diferente este caso de otros duelos es el hecho de que se trate de la muerte de un hijo.

"Nunca cicatriza"

"No estamos preparados para esto ni sociológica ni biológicamente, no hay palabra en ningún idioma que sirva para expresarlo. Nos da tanto miedo vivir esta experiencia que ni siquiera le hemos puesto nombre, solo hay una expresión en hebreo, 'shjol', que significa algo así como 'vivo de hijo', pero nada más", cuenta. El fallecimiento de un hijo "te cambia para siempre, es un dolor crónico", afirma, que "nunca cicatriza".

En los duelos "no hay recetas mágicas, ni blancos o negros", asegura Galindo cuando le pedimos algunas recomendaciones. "Hay que llorar mucho", dice, con un deje de melancolía. "Si eres del círculo de amigos de estos padres, nunca les digas 'sé lo que sientes' porque no será verdad, ni siquiera les preguntes 'cómo estás', porque no están, hazte presente y espera", aconseja.

placeholder Álex Lequio, en una imagen de su infancia. (EFE)
Álex Lequio, en una imagen de su infancia. (EFE)

González habla de las fases de ese túnel que significa la pérdida de un ser tan querido: "Primero la negación, una cierta incredulidad ante lo que ha sucedido; luego la rabia, la ira, la envidia hacia otras familias, la sensación de injusticia y de frustración por no haber podido cumplir con el mandato vital que es cuidar de un hijo; la culpa también estará presente, y da igual la relación que hayas tenido con tu hijo, siempre creerás que podías haberlo hecho mejor; al final llega una especie de resignación o de aceptación", explica.

"Toca llorar"

El horizonte temporal en estos casos es difícil de vislumbrar, algunos hablan de al menos dos años para poder aceptar lo sucedido, pero depende mucho de la piel de cada uno: "Para salir adelante tiene que haber dos mecanismos complementarios que funcionan como un péndulo. Uno, apoyarte en lo que llamamos 'bastones': los principios, acciones y cosas que te conectan con tu hijo, sus recuerdos, para poder incorporarlos y vivir la tristeza, la frustración y todo el proceso que hemos descrito antes. El otro mecanismo es el de reenganche a la vida, buscar personas, un trabajo, o lo que sea que te devuelva poco a poco a la realidad de la vida. Este péndulo varía según la fase", advierte, "pero al principio lo que toca es llorar".

La psicóloga Araceli Galindo apunta, además, al duelo de los abuelos. "Si el vínculo con su nieto ha sido muy estrecho, estarán sufriendo muchísimo también, aunque desde otra serenidad. En estos casos se sufre por la pérdida del nieto pero también por el dolor del hijo".

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