Antonio Flores en sus últimos días: de la muerte de Lola al suspiro en su cabaña
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falleció el 30 de mayo de 1995

Antonio Flores en sus últimos días: de la muerte de Lola al suspiro en su cabaña

Hacemos un repaso por los quince días desde que falleció su madre hasta que él mismo fue hallado muerto en su casa del Lerele

placeholder Foto: Antonio Flores, en una imagen de archivo. (Getty)
Antonio Flores, en una imagen de archivo. (Getty)

"Como una luz de gas que apaga mi soledad", decía una de las letras más conocidas de Antonio Flores. La gran luz que se le apagó al artista, un 16 de mayo de 1995, fue la de su propia madre. Lola Flores se fue de este mundo en olor de multitudes, con un homenaje en la plaza de Colón de Madrid digno de una reina. En cierto sentido lo fue. Y aún más para su hijo, al que ayudó a superar sus peores días de adicción a las drogas, con el que mantuvo una relación más allá de la maternal. El cantautor, devoto absoluto de su madre, no superó la muerte de esta y murió apenas dos semanas después, el 30 de mayo, dejando a su familia en la más absoluta tristeza.

¿Qué ocurrió esos últimos quince días? ¿Cómo fueron para el joven de 33 años? Un cuarto de siglo después, el relato de su final sigue siendo sobrecogedor.

16 de mayo: muere Lola Flores

El día que la Faraona murió, Antonio Flores llegó a su casa, un Lerele lleno de gente que la lloraba. Tras preguntar a gritos dónde estaba su madre, pegó un puñetazo en la pared; un gesto de rabia que lo dejó con la mano escayolada. En las horas que siguieron a aquello, se encerró a cal y canto en el dormitorio de su progenitora. La pena era tan grande que los que estaban alrededor prefirieron dejarlo solo en esos momentos de amargura. La importancia de Lola Flores en su vida había sido gigantesca, tal y como recordaba el periodista Javier de Montini hace unos años en Vanitatis. "Ella me llamó cuando Antonio iba a grabar el primer disco. Me pidió que le hiciera una entrevista en 'Lecturas' y fue la primera que se publicó de él en un medio. Yo le dije que no era un favor, que era un honor hacérsela".

placeholder Lola Flores, en la década de los 80. (Getty)
Lola Flores, en la década de los 80. (Getty)

17 de mayo: entierro de la Faraona

Años antes de ese fatídico 1995, Antonio Flores ya había advertido a su madre que prefería recordarla viva. Cuando Lola fue trasladada desde el Centro Cultural de la Villa, donde miles de personas habían acudido a despedirla, al cementerio de la Almudena, su hijo prefirió no verlo. Los lloros de Lolita, Rosario y de todos aquellos que quisieron a la artista se hicieron patentes mientras un coro de personas anónimas expresaba su particular elegía cantando la 'Zarzamora'. Las cámaras de los periodistas no perdían detalle del último adiós a un gran icono de nuestro país, pero cuentan los allegados que Antonio ni siquiera quiso encender la televisión para verlo.

26 de mayo: actuación en Pamplona

Tras casi diez días asumiendo la pérdida de su madre y bebiendo demasiado, Antonio Flores volvió a subirse a un escenario. Unas 2.000 personas habían pagado 600 pesetas por verle cantar y tocar en el pabellón Anaitasuna de Pamplona. Horas antes de ese momento, que fue registrado y emitido por las televisiones de todo el país, el joven había llegado a la capital navarra con un aspecto claramente desmejorado. Cansado, con cara de haber dormido poco, llevaba unas gafas de sol que ocultaban unos ojos que habían pasado días llorando. Antes de comenzar el concierto, hizo una advertencia a los organizadores: si algún periodista le preguntaba por su madre, abandonaría el escenario inmediatamente. Al final fue él, con la mano aún escayolada, el que se decidió a hablar de Lola. "Lloré con Camarón porque se había muerto un genio y ahora he llorado porque se ha muerto otro genio, se ha muerto mi madre", dijo en la rueda de prensa.

Más tarde, sobre el escenario, tambien tuvo unas palabras hacia ella: “Esta es la primera gala desde la muerte de mi madre. Estoy cansado, con falta de sueño, muy emocionado. Aparte de dedicaros el show a todos vosotros, se lo dedico a Lola Flores", dijo señalando al cielo con su brazo herido, con esa escayola en la que, momentos antes, Irene Vázquez, una de las hermanas Chamorro y su último amor, le había hecho unos dibujos, tal y como ha declarado ella misma a 'El País'.

27 de mayo: fiesta de Paco Martín

Lolita, Rosario, Carmen Ordóñez o Guillermo Furiase acudieron el 27 de mayo, junto a un desmoralizado Antonio, a la casa de Paco Martín, el hombre que había fichado al joven para su compañía, Twins. El chalé se encontraba en la urbanización de Berrocales del Jarama y esa noche albergaba una celebración de la pareja de Martín. Inevitablemente, la fiesta la protagonizó el recuerdo de Lola. En su libro, 'El niño que soñaba con ser músico', Martín recordaba esa velada como algo muy especial, en la que el homenaje a la artista lo acabó eclipsando todo. Sin embargo, a todos les preocupaba el estado anímico de Antonio, que había bebido y arrastraba el lastre del dolor con más dificultad que el resto.

Dejando atrás la pena, Antonio no podía faltar a aquella celebración, ya que Martín había sido una pieza clave en su carrera, una trayectoria profesional iniciada casi a contracorriente. "Era la época en que salían los niños guapitos, rubios, cantando canciones de amor tontas. Yo era feo, bajito y con el pelo largo, pero al fin y al cabo quisieron meterme por el mismo camino. Pensé en seguir dos años y hacerme rico, pero acabé reventado y me puse a hacer mis propias canciones”, contaba él mismo sobre sus inicios.

29 de mayo: su última noche

En la tarde anterior a su fallecimiento, también hubo una reunión en El Lerele. Allí estaban el Pescaílla, Rosario Flores, Antonio Carmona, Antonio Villa, y el Chirla, representante del cantante. Cuando todos se fueron a dormir, Antonio pidió a las hermanas Chamorro, también presentes, que no lo dejasen solo. Ellas mismas lo recordaron en una entrevista concedida a 'El País' en 1995: "No tenía ánimos más que para estar con su padre, al que quería convencer para que grabara un disco, y con su hija Alba, a la que adoraba". Cuando Antonio se quedó a solas con las dos hermanas (Rosario y su padre también estaban en la casa pero se fueron a dormir), se puso el bañador y se dirigió a la piscina dubitativo. "Se tumbó en el suelo con la cabeza colgando sobre la piscina y al principio se salpicó agua en la cara. No pensé que tuviera intención de bañarse, me pareció que se iba resbalando hacia el agua, que no era un acto voluntario", declararon ellas al medio.

Poco después, Antonio se fue a dormir a esa pequeña cabaña que su propia madre le había construido en el chalé del jardín. Un refugio de complicidad materna que él protegía con vehemencia. Minutos más tarde, las dos hermanas, Chelo e Irene, le oyeron roncar y le dejaron a solas.

placeholder Antonio, en la portada de uno de sus discos.
Antonio, en la portada de uno de sus discos.

30 de mayo: muerte de Antonio

La mañana siguiente fue un cúmulo de sucesos cercanos, como bien dijo un reportero de 'Informe semanal', a los de una tragedia griega. Nada más levantarse, Irene Vázquez se dirigió a la cabaña para saber cómo había pasado la noche Antonio. En la misma entrevista concedida a 'El País' en 1995, relató cómo encontró al joven artista: "Vi que no se le movía la barriga y aquello me pareció muy extraño. Le toqué, le moví... No me respondió. Estaba en la misma postura en la que se acostó. Nos asustamos mucho y fuimos a buscar a Rosario". Tras minutos de angustia, carreras por los pasillos y apresuradas llamadas de teléfono, un médico de un centro sanitario de Alcobendas certificó la muerte del cantante. Minutos después, la juez del Juzgado de Instrucción número 4 ordenó el levantamiento del cadáver.

Hace apenas unos días, la propia Irene Chamorro negaba tajantemente, en una entrevista ofrecida a 'Pronto', que Antonio se hubiese suicidado, tal y como muchos han especulado durante años. "Mentira. Sufrió un infarto, esa fue la causa de su muerte. Estaba limpio. Miré la caja de pastillas y vi que seguían allí, no se había excedido con la dosis diaria. Se dijeron muchas mentiras sobre las causas de su fallecimiento". En aquellos días, Antonio Flores seguía un tratamiento para no volver a caer en el infierno de las drogas. "Yo le cogí las botellas de ginebra y se las vaciaba, pero esa noche estuvo bebiendo. Pero la realidad es que le falló el corazón. Dicen que murió a las cinco de la mañana", ha declarado Chamorro en la citada publicación.

Lo que vino más tarde, aquella mañana, fue una procesión de personajes famosos con el rostro desencajado por la tragedia. Nadie podía entender cómo Antonio se había ido dos semanas después de la propia Lola. Amigos como Miguel Ríos declararon aquel 30 de mayo que pensaban que “la muerte de la madre lo enfrentaría con la vida”. Sin embargo, no fue así y el más sensible de los Flores se fue detrás de la bata de cola de la Faraona despidiéndose de un mundo que, como muchos artistas, nunca alcanzó a comprender del todo.

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