La herencia (económica e inmaterial) que dejó Lola Flores
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La herencia (económica e inmaterial) que dejó Lola Flores

El mítico chalé de La Moraleja fue la parte más importante de su patrimonio, que acabó en manos de Rosario Flores, quien lo habría vendido hace algo más de un año

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La herencia (económica e inmaterial) que dejó Lola Flores

"Y un día sin ton ni son, no importa el año, el mes de las flores, se puso mantilla blanca y se fue a la calle sin tacones". Estas líneas de la canción que Martínez Ares compuso para Lolita Flores en un disco homenaje a Lola Flores que vio la luz en 2015 resumen muy bien la última imagen que nos dejó la irrepetible Faraona, a la que miles de personas pudieron despedir en el teatro Fernando Fernán Gómez (entonces Centro Cultural de la Villa) el 16 de mayo de 1995. Se cumplía así su deseo verbalizado en el programa 'Cantares' de Lauren Postigo en 1978, aunque ella se inclinaba por el teatro Calderón, donde tantos éxitos cosechó.

Cada año sus hijas, Lolita y Rosario, también sus nietos, la recuerdan en las redes sociales, y ambas han puesto en marcha un proyecto televisivo muy esperado por sus fans a este y al otro lado del charco que retratará la vida de la mítica artista jerezana, que se encuentra en una fase aún muy preliminar y que a consecuencia de la pandemia del coronavirus va a ralentizar el trabajo de The Mediapro Studio y Non Stop. "Hay actrices preparadísimas que seguramente lo harán estupendamente. Obviamente, ninguna va a ser Lola Flores, porque esa solo ha habido una y es única. Es más, si viviera ella, la haría ella misma, hasta para interpretarse con veinte años, aunque ahora tendría más de noventa", nos decía su primogénita hace más un año, divertida y haciendo un guiño que irremediablemente nos recuerda al sentido del humor de su madre.

Rosario Flores y Lolita, en un concierto. (Getty)
Rosario Flores y Lolita, en un concierto. (Getty)

En el verano de 2018, en 'Lazos de sangre' en TVE, programa en el que recordaron los millonarios contratos que había firmado con el célebre productor cinematográfico Cesáreo González, Juan el Golosina, íntimo de la familia, daba una de las claves del carácter de la artista que explica por qué su herencia no ha sido lo cuantiosa que cabría esperar de una estrella de su magnitud: "Ganó todo el dinero del mundo, pero cuanto más ganaba, todos los que estábamos a su vera vivíamos mejor. Fue mala administradora. Podía haber tenido medio Madrid, pero ella ayudó a su padre, a su madre, a su hermano, a su hermana, a sus amigos... Era un boquete roto. A su vera no había penas".

Sus hijas también subrayaban la generosidad de su madre, cuyas cuentas habían quedado muy lastradas por la condena judicial que la obligó a vender su mítico piso de María de Molina, por el que desfiló el Hollywood de Samuel Bronston, aquel que rodaba superproducciones en España en los años en los que la dictadura comenzaba a abrirse al mundo. Por allí pasaron también los mejores artistas de nuestro país. Fueron 28 millones de pesetas de la época los que tuvo que pagar tras la sentencia dictada por el Supremo, una cantidad más que respetable que consignó peseta a peseta, como aquella célebre petición suya a todos los españoles que tan malinterpretada fue y que le haría pasar muy malos ratos.

Renunciaron a su herencia

Lola dejó algunas deudas cuya cuantía nunca trascendió. Es lo que se desprende de las declaraciones que Lolita Flores hizo a Vanitatis en 2014: “Todo el mundo, incluida mi tía, sabe perfectamente que nosotros, aconsejados por nuestros abogados -se refiere a Pedro Julián Romero, quien también llevó la causa de su madre en su litigio con Hacienda-, renunciamos a la herencia de mi madre. No entiendo a qué viene todo esto". La intérprete de 'Sarandonga' y ganadora de un Goya por 'Rencor' respondía a una declaraciones que Carmen Flores realizaba en 'Sábado Deluxe': "El deseo de Lola era dejarnos cinco millones de pesetas tanto a Carmen Caballero, su secretaria, como a mí. De hecho fue al notario con Luis Sanz, su representante, pero lamentablemente no firmó el documento y aquello se quedó en nada. Yo nunca lo reclamé, pero ellos (sus hijos) lo sabían".

Su hermana, Carmen Flores. (Cordon Press)
Su hermana, Carmen Flores. (Cordon Press)

Renunciar a una herencia si así lo consideran los herederos por las circunsancias que sean, generalmente son financieras, es una figura legal habitual: "También se puede aceptar a beneficio de inventario, por lo que solo se respondería respecto a las deudas con ese patrimonio heredado", nos dice el abogado Félix Bornstein, a quien también le preguntamos por El Lerele, el chalé de La Moraleja donde vivían Lola, su marido, Antonio González, el Pescaílla, que falleció el 12 de noviembre de 1999, y su hijo Antonio, que residía en una preciosa cabaña de madera ubicada en el jardín y que perdió la vida dos semanas después de su madre, el 30 de mayo de 1995: "Hay diversos escenarios como saber si, por ejemplo, estaban en régimen de bienes gananciales, en cuyo caso su marido habría heredado la mitad, si había testamento y qué disposiciones había con respecto al término de libre disposición o incluso si se había procedido a una donación a sus hijos en vida".

El Lerele, con la casita de madera donde vivía Antonio Flores al fondo. (Idealista)
El Lerele, con la casita de madera donde vivía Antonio Flores al fondo. (Idealista)

Rosario Flores compró a su hermana Lolita su parte de El Lerele y esta, a su vez, adquirió un chalé en El Soto de La Moraleja, donde vivió con su segundo marido, el actor cubano Pablo Durán, a quien conoció cuando intepretaban juntos la función 'Ana en el trópico'. Sin embargo, una serie de deudas llevaron a que se marchara de alquiler y prescindiera de esta propiedad, como ella misma contó en el programa 'El gran debate' en Tele 5 en 2013: "En su día nos animaron a comprar casas que hoy no valen ni la mitad de lo que pagamos". Cinco años más tarde, la revista 'Semana' publicaba que la intérprete de 'Mi gato' y 'Qué bonito' había vendido El Lerele por dos millones de euros.

La demolición de Los Gitanillos

La otra propiedad más significativa de Lola Flores era Los Gitanillos, su chalé en una de las zonas más privilegiadas de Marbella, donde pasaron muchas vacaciones de verano en familia y a la que sus hijas renunciaron, porque decidieron no hacer frente a las deudas que arrastraba, 74 millones de pesetas, de los cuales 44 eran de hipoteca, y 15 de una deuda con Hacienda, según se hacía eco '¡Hola!'. El ayuntamiento de Marbella en 1998, entonces en manos de Jesús Gil, se había ofrecido a asumir esas cargas y convertir la propiedad en un museo en honor a la irrepetible intérprete de 'La Zarzamora', pero finalmente no fue así. Tres años más tarde se publicaba que lo había adquirido una inmobiliaria por 100 millones de pesetas y que lo más probable era que se construyesen allí unos apartamentos.

Este es el actual aspecto del solar donde antes se encontraba Los Gitanillos. (Cortesía)
Este es el actual aspecto del solar donde antes se encontraba Los Gitanillos. (Cortesía)

En estos días, veinte años más tarde, hablamos con una persona del vecindario, que coincidía con la familia Flores durante sus vacaciones marbellíes y que nos hace llegar algunas fotos del estado en el que se encuentra la propiedad: "Estábamos muy acostumbrados a verles por aquí y Lolita era especialmente simpática. Hace algunos años se demolió el chalé y se ha creado una especie de muro vegetal con un seto enorme que impide ver más allá. A su izquierda hay construido un chalé de dimensiones considerables que, de alguna manera, impide que sus futuros propietarios puedan disfrutar de la misma intimidad que tenían antes de su existencia. Quizás ese puede ser uno de los motivos por los que la parcela ahora resulte menos atractiva".

Derechos de autor e imagen

Otro capítulo importante del legado de Lola Flores es su ingente producción discográfica, su extensa filmografía y sus numerosas intervenciones televisivas, que se han convertido en testimonios de culto que son visionados una y otra vez en canales como YouTube. ¿Qué derechos de autor y de imagen genera todo esto? El abogado Antonio Muñoz Vico nos saca de dudas: "Aunque no se la conoce por su faceta de compositora o arreglista, lo cierto es que muchas de las canciones que interpretó aparecen registradas en SGAE a su nombre como autora o coautora. Así sucede con canciones como 'Federico García Lorca' o el 'Homenaje Torero', que se atribuyen exclusivamente a ella. En otras, como 'Lola de España' figura como coautora".

"Respecto a estas canciones, Lola Flores tendría derechos de autor con una duración de 70 años desde su muerte (o, en las que aparece como coautora, de 70 años desde la muerte del último de los coautores). El cómputo no se hace desde el día de su fallecimiento, sino desde el 1 de enero del año siguiente. Por lo tanto, hasta el 1 de enero de 2066, los herederos tendrían derechos sobre las canciones que se le atribuyen en exclusiva. La SGAE gestiona estos derechos y distribuirá a los herederos las cantidades que haya recaudado, por ejemplo, en concepto de comunicación pública, por la difusión en radio, televisión, plataformas de internet, etc, o reproducción por copia privada", nos precisa.

Otra fuente de ingresos provendría de su faceta como "artista, intérprete o ejecutante", gestionados por la AIE, que por tratarse de datos privados, nos informan que no pueden suministrar información de estas características. "Lo normal es que esos derechos se cedan en los contratos firmados con la productora audiovisual o discográfica hasta su paso a dominio público. A cambio, los productores tendrán que pagar a los herederos las regalías (royalties, en la jerga) que hubieran acordado mientras esté vigente el contrato. Con carácter general, la duración de estos derechos es de 50 años desde el 1 de enero del año siguiente al de la interpretación", nos dice el letrado.

Lola Flores, en la década de los 80. (Getty)
Lola Flores, en la década de los 80. (Getty)

Por último, debemos contemplar también sus derechos de imagen: "A su muerte, esos derechos debieron pasar a la persona que designara en su testamento o, en su defecto, a sus familiares. Cabe plantearse el alcance real de los derechos de imagen de las personas fallecidas: la sentencia del Tribunal Supremo del año 2016 en el caso 'Dalí' dispuso que los derechos de imagen se extinguen con la muerte de la persona y que los familiares únicamente pueden ejercitar acciones para defender la memoria del fallecido", nos informa el abogado.

Antonio Muñoz Vico nos recuerda también que Lolita es titular de la marca española Lola Flores: "Le otorga derechos de exclusiva sobre el nombre de su madre para designar determinados productos o servicios en el tráfico económico. Los derechos sobre la marca pueden renovarse cada 10 años sin limitación (siempre y cuando siga usándose)", lo que sirve también de soporte jurídico para La Tienda de Lolita, el establecimiento que la actriz y cantante abrió en la Corredera Baja de San Pablo de Madrid en 2009, en el que comercializaba piezas de joyería, ropa, complementos y souvenirs y que no resultó ser un éxito comercial, ya que devengó considerables deudas con proveedores que la artista fue saldando con el paso del tiempo.

Su legado inmaterial

En 2015, cuando se cumplían 20 años de la muerte de Lola, Lolita hablaba con Vanitaits y nos desvelaba detalles inmateriales de su legado, que son mucho más importantes que las cuestiones materiales que hemos desgranado en este artículo (ahora con motivo de su vigésimo quinto aniversario en su oficina de representación nos dijeron que ni ella ni su hija, Elena Furiase, iban a hacer declaraciones a los medios, y Alba Flores también ha declinado pronunciarse): “Para mí, ella significa todo. Su olor, su piel, su manera de besarme, de abrazarme… Me decía que para ser artista había que sudar, que ya me enteraría de lo que quería decir cuando me subiese a un escenario”, manifestaba la intérprete de 'Amor amor'.

Con su marido, el Pescaílla. (Cordon Press)
Con su marido, el Pescaílla. (Cordon Press)

En esas mismas fechas, Rosa Villacastín, una de las periodistas que también la trató en las distancias cortas, nos decía que “probablemente a este tipo de artistas, como Rocío Jurado o Lola, se las hubiesen comido hoy en día las redes sociales, pero en su momento fueron únicas. Toda persona que proviene de unos orígenes humildes se endurece con el tiempo y no pierde esa parte desgarrada, de pueblo. Las artistas de ahora no son así; son más insulsas, más políticamente correctas. Fue la más liberal de todas las folclóricas pese a que, como todas ellas, siempre buscan hombres más maleables a la hora de casarse".

Un carácter indomable, como destacaba Javier de Montini, un auténtico maestro en la prensa del corazón y la crónica social, que también conoció a Lola en la intimidad: "Me llamó cuando Antonio iba a grabar el primer disco. Me pidió que le hiciera una entrevista en 'Lecturas' y fue la primera que se publicó de él en un medio. Yo le dije que no era un favor, que era un honor hacérsela. Cuando se operó del pecho por el cáncer y ya estaba bien, hizo una especie de cóctel con la prensa y entre mujeres se bajó la camisa y les enseñó el resultado de la operación: “Me ha quedado precioso”, dijo. Cuando vio que estaba yo también entre ellas, se cortó un poco, pero acabó diciendo: 'Mira, Javier, tú también".

Un cuarto de siglo después de que Lola Flores nos dejara podemos afirmar sin ser hiperbólicos que Lola es patrimonio universal y que no solo sus admiradores, sino también muchas artistas que han llegado después, han recibido en herencia un arte inigualable que la llevó a ella misma a afirmar en un programa presentado por Raffaella Carrà en la Rai, la televisión pública italiana: "Soy de otro planeta". No le faltaba razón.

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