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OPINA SOBRE JUAN CARLOS I

El juez Castro vuelve a la palestra: tertuliano, 'ninja', casa nueva... y descapotable

El magistrado que instruyó la causa contra Urdangarin vendió su casa en 2014. Desde 2018 es opinador en un programa matinal de la televisión pública balear. Separado, tiene novia

Foto: El juez José Castro. (EFE)
El juez José Castro. (EFE)

El juez José Castro se jubiló hace tres años pero su mente sigue activa e involucrada en la Justicia. Nunca ha podido abstraerse del todo, y eso que tiene muchas aficiones que le permitirían desconectar de una carrera a la que dedicó 41 años. El responsable de la instrucción del caso Nóos ha vuelto estos días a la palestra al comentar los entuertos judiciales del rey Juan Carlos I. Tras retirarse, en 2018 se convirtió en opinador en ‘Els Dematins’, de IB3 TV, donde acude con regularidad para hablar de asuntos de actualidad. Y en su última aparición ha calificado de “aberración” el concepto de “inviolable” al que hace referencia el artículo 56 de la Constitución y que ha protegido al Rey emérito durante muchos años, un artículo “muy equívoco”, según el exmagistrado. El hombre que imputó a la Infanta sigue siendo, aun retirado, el azote (sirva la hipérbole) de Casa Real.

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Muchos se han sorprendido de que haya realizado declaraciones públicas sobre un caso que le tocaba de cerca. Sobre todo, además, desde que decidió retirarse y vivir la vida mallorquina, plácida y anónima. “Es curioso que hable en público, porque no le gustaba salir en los medios”, nos dice una persona que vive en Palma y que le conoce, “aunque la verdad es que nunca ha desconectado”.

El juez José Castro recibe un premio en 2018. (EFE)
El juez José Castro recibe un premio en 2018. (EFE)

El año pasado, sin ir más lejos, en una cena con amigos se estuvo hablando de esas teorías de la conspiración que aseguran que Iñaki Urdangarin nunca ha entrado en prisión. Pepe, como le llaman los amigos, relajado y en confianza, participó de la conversación y se mostró “muy activo y muy divertido” en la charla. Muchos quisieron atribuirle un papel político en su guerra judicial contra Urdangarin y la infanta Cristina, y aunque sus allegados aseguran que “es apolítico”, lo cierto es que “siente cierta querencia por las tesis republicanas”.

Tres hijos y una afición

Desde que se retiró, con tiempo libre, recurre a esas aficiones de las que hablábamos. El kendo es una de ellas. Estas artes marciales japonesas, una mezcla de karate y ninja, son su fuente de relajación, una afición que nace de la práctica de sus tres hijos, David, Daniel (ambos abogados) y José (ahora abogado, antes procurador de los tribunales). Los tres participaron de jóvenes en campeonatos europeos de esta disciplina.

Daniel Castro Rabadán, el hijo mayor, es uno de los fundadores del bufete Castro, dedicado al derecho penal. El hijo del famoso juez defiende así su labor al frente del despacho: “Mantengo una dedicación personal de máximo nivel a mi despacho para conseguir el mejor resultado posible en las peores circunstancias a través de una ágil visión diagnóstica del procedimiento y del caso concreto”. En la misma empresa trabaja José, el menor de los tres, graduado en Derecho en 2002.

El juez José Castro llega a los juzgados. (EFE)
El juez José Castro llega a los juzgados. (EFE)

El juez se separó de su mujer y madre de sus hijos, y ahora tiene una novia, con la que no convive. Juntos comparten otra de las aficiones del exmagistrado, la buena mesa y las tardes en compañías de amigos, gin-tonic o vinito en mano, viendo el atardecer cerca del mar. No en vano vivió durante años en una casa frente al mar, en El Molinar, un inmueble sencillo pero amplio, de casi 200 metros cuadrados divididos en dos plantas y garaje. Una propiedad que puso a la venta en 2014 por 1,4 millones, un buen monto si tenemos en cuenta que había comprado la vivienda cuando era una casita de pescadores y el barrio no estaba de moda como en 2014. Con todo, según cuentan desde su entorno, la vendió "por mucho menos". Ahora, según nos comentan quienes le conocen, vive más alejado del centro.

De la moto a la bici

El motor es otra de sus pasiones, aunque -tal y como cuentan quienes le conocen- sus hijos le pidieron que fuera cauto, sobre todo después de que su BMW Z3 (de segunda mano) apareciese con las ruedas pinchadas una noche, durante los años de instrucción de Nóos. Además, en 2014 tuvo un accidente de moto en el que se rompió cuatro costillas. Así que después del susto, dejó de ir en motocicleta a los juzgados de Palma y lo hacía en bicicleta, aunque cuando ‘nadie le ve’ intenta disfrutar del descapotable, un capricho al que no ha renunciado.

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A lo que parece que no ha renunciado tampoco del todo es a la fama. Su hijo Daniel dijo hace unos años en una entrevista que su padre no quería ser conocido. “Si quisiera ser famoso, daría entrevistas, pero nunca habla con la prensa”, aseguró en 2013. Pero su papel de tertuliano en la televisión pública balear va contra la tesis de la familia.

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