Exclusiva: Sara Verdasco nos habla sobre los motivos del cierre de su clínica de belleza
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ESTRAGOS DE LA PANDEMIA

Exclusiva: Sara Verdasco nos habla sobre los motivos del cierre de su clínica de belleza

Cierra un año y medio después que abriera, víctima de la pandemia del covid 19 y de su nueva situación personal como madre de mellizas

Foto: Sara Verdasco. (Cordon Press)
Sara Verdasco. (Cordon Press)

La crisis económica del país, provocada por el covid-19, sigue dejando un reguero de empresas por el camino, y el mundo de los famosos no es una excepción. La última en sufrir en sus propias carnes los estragos de la pandemia ha sido Sara Verdasco y su clínica de belleza dedicada al cuidado de la salud, la estética y el wellness. La hermana pequeña del tenista Fernando Verdasco ha visto truncado el negocio familiar que montó hace poco más de año y medio junto a su prima, Nuria Carmona.

Hace unos días, el negocio cerraba sus puertas definitivamente abandonando el local que Sara tenía alquilado en el número 56 de la calle Gaztambide, en el barrio madrileño de Chamberí. Puestos en contacto con la propia Sara, nos confirma con tristeza la noticia: “Es cierto hemos tenido que cerrar. Hemos intentado aguantar todo lo que hemos podido pero ha sido imposible. Madrid está en una situación crítica, los negocios como el mío, y más aún los de restauración como los de mi familia, viven una situación crítica”. Sara asegura haber intentado buscar soluciones, pero “3 meses y medio de confinamiento cerrados con unos gastos fijos y sin ingresos han sido demoledores. Hemos intentado negociar con la propiedad del local pero al final ha sido imposible”. La aventura empresarial ha durado un año y medio.

Fachada del negocio. (Vanitatis)
Fachada del negocio. (Vanitatis)

Duros inicios

La clínica fue constituida el 28 de marzo de 2019 a través de la sociedad Slanvestetica SL. Se trataba de la primera incursión de los Verdasco en el negocio de la estética y las clínicas de belleza. La pandemia afectó en los últimos meses a la empresa que, al cumplir su primer año de vida el pasado mes de marzo, empezó a sufrir gravemente los efectos del confinamiento. Los comienzos tampoco habían sido fáciles. Solo tres meses después de abrir sus puertas, la empresa se vio obligada a ampliar su capital social, nada menos que un 76%, aumentando sus reservas desde los 25.000 € suscritos a la constitución de la misma hasta los 44.000 €, ampliando el capital en 19.000€ más.

Un proyecto fallido que no empaña las dotes empresariales de los Verdasco. De sobra conocida es la fama de la familia en el sector de la hostelería, donde su padre, José Manuel, y sus hermanos poseen varios de los restaurantes que son emblema de la cocina madrileña en la capital. Sara reconoce el duro momento que viven los negocios familiares: “Mi familia está sufriendo de manera muy fuerte esta crisis. La Bola y La Rayúa han caído un 70% y la situación es crítica. Aguantaremos todo lo que se pueda, pero es complicado porque la gente tiene mucho miedo y es difícil que entren ahora en la Gran Vía”.

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Familia emprendedora

La tradición empresarial de la familia se remonta nada menos que a 1870 cuando su bisabuela, Cándida Santos, una asturiana apodada la Rayúa, abrió el restaurante El Café de Chinitas. Al tiempo inauguraba el restaurante La Bola, situado en la calle del mismo nombre y famoso por su cocido madrileño. Además, son dueños de otros locales de éxito como el tablao flamenco Café de Chinitas y el restaurante La Rayúa, situado en la calle de la Luna. En Boadilla, la familia es dueña del restaurante La Cañada, donde ofrecen la especialidad de la casa: el cocido madrileño cocinado en puchero de barro individual y a fuego lento de carbón de encina.

A pesar de que el apellido Verdasco es sinónimo de éxito, el cierre de la clínica no es el primer fracaso en el seno de la familia. En 2014, José Verdasco, el padre de Sara, inauguraba el restaurante La Rayúa de Majadahonda, que cerraba en mayo de 2018 sin conseguir alcanzar las cotas de éxito de los otros locales. Sara se toma la situación con resignación: “Los negocios son así, inviertes con la idea de que funcione pero a veces no se consigue y pierdes. Hay que mirar hacia delante y seguir”.

A pesar del cierre, Sara no ceja en su empeño de hacer viable su negocio en un futuro: “Ahora mismo hemos abandonado el local de Gaztambide y atendemos a las clientas en un local con el que tenemos un acuerdo en Villaviciosa de Odón. Esperaremos un poco a que pase todo esto para volver a buscar un local más a las afueras con el que volver a intentar poner en pie el negocio”. Pero Sara no es la única afectada en su entorno familiar, la joven empresaria reconoce que su marido, Juan Carmona, hijo de uno de los integrantes de Ketama, también se ha visto muy afectado por la pandemia: “La crisis nos está afectando a todos. Juan tenía un montón de bolos programados y se han cancelado. En la música y los conciertos, la situación también es muy crítica. Ahora toca buscar alternativas y aguantar hasta que todo esto pase”.

Las mellizas, la razón para seguir

La pareja saca ánimo de flaqueza. Su motor ahora mismo son sus pequeñas, Carmen y Valentina. El pasado 8 de julio, Sara, de 33 años y su marido, Juan Carmona, de 32, se convertían en padres primerizos de mellizas. Sara intenta buscar el lado positivo a toda esta situación: “Dentro del mal momento, yo sigo de baja por maternidad. Lo único bueno es que puedo disfrutar al máximo de las niñas, que tampoco dan tiempo para mucho más”. La joven reconoce cómo le ha cambiado la vida: “Desde el nacimiento de las niñas nos relacionamos muy poco porque requieren toda nuestra atención y dan mucho trabajo. Así que, de momento, te mantienen ocupada sin mucho tiempo para pensar en otras cosas”.

Fernando Verdasco