La familia Falcó compra Marqués de Griñón y asegura el legado de su padre
Tras la quiebra del socio que poseía el 50% de la mítica bodega que fundó Carlos Falcó, sus cinco hijos se han hecho con la totalidad del negocio y tienen grandes planes
Hace sol esta mañana en Madrid, igual que la voz de Manolo Falcó cuando explica la operación que acaba de firmar junto al resto de sus hermanos. El talante es mucho menos sombrío que el de los últimos tiempos, cuando el principal socio de Marqués de Griñón quebró y la viabilidad de la mítica bodega fundada por Carlos Falcó se vio comprometida. Tras largos meses de negociación y algún "rasguño financiero", los cinco hijos del aristócrata han tomado la decisión de comprar el 50% que pertenecía a su socio (el resto ya era de la familia) y hacerse con el control total del negocio. En realidad, han hecho algo tan exótico hoy como cumplir una promesa. La que hicieron cuando falleció su padre: "Tened la más absoluta certeza de que vamos a seguir adelante con su proyecto, como mi padre quería que nosotros hiciéramos. Mi compromiso personal es continuar la empresa que mi querido e irrepetible padre fundó hace ya medio siglo. Seguir haciéndola crecer, manteniendo vivo su espíritu emprendedor y el compromiso con la calidad que nos ha transmitido", escribieron.
— ¿Por qué lo habéis hecho?
— Este fue siempre un proyecto muy familiar. Mi padre era una persona muy entusiasta. Llevado por la falta de recursos y por el afán de hacer crecer la compañía en un momento dado buscó unos socios para ayudarle. Esa asociación fue bien durante un tiempo, pero luego obviamente no. Lo que hemos hecho es recuperar el control para que sea un proyecto familiar, liderado por nosotros, y a partir de ahí aprovechar las oportunidades que nos pueda brindar una marca tan potente como Marqués de Griñón. Coincide que cada uno de los hermanos podemos aportar distintas cosas y nos hace mucha ilusión hacer esto con calma y bien. Tenemos muchas ganas.
A partir de ahora, Marqués de Griñón es propiedad 100% de la familia que la fundó hace tres décadas. "Estamos muy contentos", revela el hijo mayor de Carlos Falcó, Manolo, quien ha embarcado en esta aventura a todos los hijos del marqués: Xandra Falcó Girod, Tamara Falcó Preysler, Aldara y Duarte Falcó de la Cierva y él mismo, el primogénito, capitán de la idea desde el principio. "Todos somos accionistas y este es un primer paso. Tenemos muchas ideas y hay que pulirlas", avanza. "Durante años tuvimos un socio que lógicamente tenía mucho poder en las decisiones estratégicas y que gozaba de muchas sinergias con otras bodegas, ahora tenemos que buscar nuevos proveedores, distribuidores y diseñar nuevos caminos que nos ayuden a hacer crecer esto, pero estamos entusiasmados porque ahora podemos hacerlo a nuestra manera".
El banquero asegura que los números de la compañía actualmente "son buenos". "Las pérdidas de 2024 tienen que ver con provisiones futuras, la empresa está saneada y en posición de convertirse en una compañía de mucho éxito". Aunque prefiere no desvelar demasiado sobre el proyecto que están diseñando, los Falcó aspiran a desarrollar sus dos líneas de negocio principales: los vinos pero también el aceite de calidad. "Hoy por hoy vendemos prácticamente la misma cantidad de ambos", desvela el marqués de Castel Moncayo.
La decisión de recuperar el control total del negocio no puede entenderse sin la admiración que la figura de Carlos Falcó, un pionero de la viticultura moderna en España, sigue concitando en el sector vitivinícola. Desde los años setenta impulsó prácticas que entonces resultaban insólitas —la introducción de variedades internacionales, la modernización del riego, la búsqueda de una expresión propia del terroir— y convirtió Dominio de Valdepusa, la finca familiar en Malpica de Tajo, en un referente técnico y cultural. Su empeño llevó a que en 2002 la propiedad se convirtiera en el primer “pago” reconocido oficialmente en España, la máxima distinción para un viñedo singular. Ese hito consolidó la reputación de la marca Marqués de Griñón como una de las más respetadas del país y situó sus vinos en el radar internacional. Paralelamente, el marqués desarrolló una línea de aceites de oliva de alta gama, completando un proyecto agrícola cimentado en el rigor y la calidad.
Hoy, Marqués de Griñón sigue expresando esa combinación de historia, territorio y alta calidad. No es solo una empresa familiar: es una finca con denominación de origen propia, capaz de elaborar vinos y aceites que expresan la singularidad de su suelo y su clima. Ese carácter, tutelado durante décadas por su fundador, representa hoy el activo más valioso que los cinco hermanos aspiran a proteger y a proyectar hacia el futuro.
La decisión de tomar el control total de la compañía llega tras un contexto empresarial delicado. El socio con el que compartían la compañía, Marqués de la Concordia Family of Wines (que era una de las diez mayores empresas vinícolas de España) está en concurso de acreedores. El grupo incluye bodegas destacadas como Federico Paternina, Vega Reina o Marqués de Monistrol. Las tensiones financieras del grupo, inmerso en una deuda millonaria y en la liquidación de varios activos, ponían en riesgo la estabilidad de Marqués de Griñón. La familia decidió entonces actuar con rapidez (todo lo que se puede en estos casos): recomprar la participación del socio en quiebra y blindar la continuidad del proyecto. La operación cierra una etapa incierta y devuelve a la bodega a un modelo de gestión íntegramente familiar.
Los cinco hijos de Carlos Falcó encarnan ahora la continuidad de ese legado. Manolo y Xandra, nacidos de su primer matrimonio con Jeannine Girod, han estado históricamente más vinculados al proyecto y aportan experiencia en ámbitos financieros y comerciales. Tamara, hija del marqués y de Isabel Preysler, mantiene una presencia más pública pero igualmente comprometida con la identidad de la marca. Los menores, Duarte y Aldara, fruto de su matrimonio con Fátima de Cierva, representan una generación más joven que ha crecido viendo evolucionar la finca y que aporta una mirada renovada. Distintos en perfiles pero unidos en propósito, los cinco hermanos asumen ahora la responsabilidad que se prometieron en 2020: preservar y hacer crecer la obra que su padre inició hace medio siglo.
A algunos les sorprendió que, pocos días después de la muerte de Carlos Falcó, su hija Tamara, actual marquesa de Griñón, compartiera en sus redes sociales un mensaje que en realidad estaba firmado por todos sus hermanos: "Nuestro padre fue una persona excepcional, que amó a su país y trabajó por él sin descanso, como agricultor, productor de vinos e importando tecnologías que modernizaron la industria nacional. Fue un idealista, bueno y generoso con sus hijos y amigos y estará siempre vivo en nuestra memoria. Manolo, Sandra, Tamara, Duarte y Aldara". Parece que la generosidad y el idealismo está en el ADN de toda la familia.
Hace sol esta mañana en Madrid, igual que la voz de Manolo Falcó cuando explica la operación que acaba de firmar junto al resto de sus hermanos. El talante es mucho menos sombrío que el de los últimos tiempos, cuando el principal socio de Marqués de Griñón quebró y la viabilidad de la mítica bodega fundada por Carlos Falcó se vio comprometida. Tras largos meses de negociación y algún "rasguño financiero", los cinco hijos del aristócrata han tomado la decisión de comprar el 50% que pertenecía a su socio (el resto ya era de la familia) y hacerse con el control total del negocio. En realidad, han hecho algo tan exótico hoy como cumplir una promesa. La que hicieron cuando falleció su padre: "Tened la más absoluta certeza de que vamos a seguir adelante con su proyecto, como mi padre quería que nosotros hiciéramos. Mi compromiso personal es continuar la empresa que mi querido e irrepetible padre fundó hace ya medio siglo. Seguir haciéndola crecer, manteniendo vivo su espíritu emprendedor y el compromiso con la calidad que nos ha transmitido", escribieron.