Marc Giró, el pijo de izquierdas que triunfa en TV: socio del Polo, abstemio y lector
El comunicador catalán atraviesa su mejor momento profesional sin renunciar a Barcelona, donde disfruta de una vida personal estable y toma sus decisiones de forma muy medida
Elegante, de izquierdas, de buena familia, socio del polo y plenamente consciente de haber crecido en un entorno privilegiado. Puede parecer contradictorio y en parte lo es, pero Marc Giró ha hecho de la contradicción un eje central de su discurso y de su forma de estar en el mundo. A sus 52 años atraviesa uno de los momentos más sólidos de su carrera, con visibilidad creciente y una vida personal cuidadosamente protegida.
Giró creció en un piso de la zona de Sarrià, unos 150 metros cuadrados compartidos por seis personas, los padres y las hermanas. Un hogar amplio, vivido y exigente, que él mismo define como privilegiado, aunque siempre subraya que fue una familia trabajadora, con una cultura del esfuerzo muy marcada. Estudió Historia del Arte y comenzó su trayectoria profesional como periodista en distintas publicaciones hasta que dio el salto a Madrid para trabajar en 'Marie Claire'. Aquella etapa terminó cuando la revista redujo plantilla. Entonces tomó una decisión clave: volver a Barcelona. Y quedarse.
Durante años vivió en Madrid, pero su regreso a la ciudad condal no fue transitorio. Aquí ha fijado su hogar junto a su marido, Santi Villas, con quien mantiene una relación de más de 25 años. Se conocieron trabajando en un programa de televisión dirigido por Jordi González, 'Las mil y una', y desde entonces han compartido vida personal y proyectos profesionales. Villas es una figura clave en la carrera de Giró y un socio creativo imprescindible en muchos de sus éxitos.
Anclado en Barcelona
Esa estabilidad explica buena parte de sus decisiones profesionales recientes. Giró ha rechazado en los últimos años numerosas ofertas laborales por una razón muy concreta: implicaban mudarse de nuevo a Madrid. No entra en sus planes. Su programa diario en RAC1 es hoy el eje de su vida profesional. Lo considera intocable. Es el espacio donde desarrolla su faceta más reconocible y donde, según él mismo ha explicado en numerosas entrevistas, puede ser más fiel a sí mismo, pese a insistir en que siempre actúa desde un personaje muy consciente y construido.
Ese personaje incluye decisiones poco habituales en el sector. Hace tiempo dejó de beber alcohol. Lo ha explicado sin dramatismo, como una forma de controlar mejor su vida y de gestionar el éxito con más perspectiva. Reconoce que la popularidad le ha llegado a una edad que le permite enfocarla con calma. No le gusta hacer deporte. Dice que no le interesa la música. Prefiere estar en casa, tranquilo, sin moverse demasiado, pese a hablar abiertamente de su TDAH y de la dificultad que le supone estarse quieto durante mucho tiempo.
Su relación con el polo forma parte también de ese relato complejo. Cuando Giró habla de polo habla del Real Club de Polo de Barcelona, uno de los clubes más elitistas de España y sede histórica de la burguesía catalana más aristocrática de la ciudad. Se hizo socio con 35 años, tras su salida de Marie Claire. Contó entonces que quería comprarse un caballo y que le hacía ilusión. Lo explicó como un capricho personal, aunque quienes le conocen saben que ha montado a lo largo de su vida y que su familia ha estado vinculada al club desde hace décadas. Pagarse él mismo la entrada al Polo y comprarse su propio caballo fue, más que una frivolidad, una afirmación de independencia. Ese caballo lo montó durante años hasta que lo jubiló al cumplir 30.
Ahora inicia una nueva etapa profesional con un programa en La Sexta, de nuevo junto a Villas. Un movimiento más dentro de una trayectoria que, lejos de ser errática, responde a una lógica clara. Giró se mueve cuando quiere y donde quiere. No por ansiedad, sino por control. En un sector que suele confundir exposición con éxito, él ha elegido otra fórmula. Y le funciona.
Elegante, de izquierdas, de buena familia, socio del polo y plenamente consciente de haber crecido en un entorno privilegiado. Puede parecer contradictorio y en parte lo es, pero Marc Giró ha hecho de la contradicción un eje central de su discurso y de su forma de estar en el mundo. A sus 52 años atraviesa uno de los momentos más sólidos de su carrera, con visibilidad creciente y una vida personal cuidadosamente protegida.