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Ana Milán: "Me he puesto el mundo por montera desde que tenía uso de razón"
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Ana Milán: "Me he puesto el mundo por montera desde que tenía uso de razón"

La actriz y escritora publica ‘Bailando lo quitao’, una novela que es puro latigazo emocional: "No hay nada que conecte más con la vida que saber que te vas a morir"

Foto: Ana Milán. (Carlos Villarejo)
Ana Milán. (Carlos Villarejo)

Uno de estos días de lluvia, en un hotel de Madrid. Ana Milán llega a un desayuno con algunos periodistas salpicando con esa mezcla suya de velocidad y pausa: la frase que te hace reír y, dos segundos después, la que te deja pensando en tu madre, en tu cara dentro de diez años o en la última vez que no supiste que era la última vez. Viene a hablar de su primera novela, 'Bailando lo quitao' (Planeta), un artefacto emocional, luminoso, ácido, certero, bastante alejado de cualquier prejuicio que pueda uno tener cuando se acerca a un 'libro de famoso'. Entelado en rojo, como un diario antiguo.

Hay libros que nacen en el estómago, brota el personaje chiquito y poco a poco se hace grande hasta que lo ocupa todo. La Josefa, Josi, a la que ha dado vida Ana Milán (Alicante, 1973) pertenece a esta última estirpe. ‘Bailando lo quitao’ es la historia de esta mujer mayor que se asoma a la muerte y también a la vida y es, sobre todo, un ejercicio de destilería, un gritarle al mundo que la vida está para ser vivida. Ambientada en el Madrid del franquismo, la actriz y comunicadora, conocida por sus trabajos en 'Camera Café' o por su podcast 'La vida y tal', lo escribió durante cuatro años, en que dictó, podó y borró mucho más de lo que se ha publicado.

PREGUNTA. En la novela, Josefa salta del presente a los 70, de los 70 a su infancia. Dices que has tratado de entender cómo funciona la memoria.

RESPUESTA. Me dediqué a preguntar y a observar mi propia memoria. ¿Y cómo es la memoria? Una cosa que actúa como le da la gana. Tú de repente estás en tu casa y te acuerdas de esa compañera de clase que llevaba el pelo súper corto. Recuerdo cómo entraba la luz por detrás de su pupitre. ¿Pero cómo puede ser? Si no me acuerdo de detalles de un viaje de hace un año. No hay ningún índice en la memoria. Me parece alucinante.

El germen del libro, confiesa, fue una conversación que tuvo con su madre enferma. "Un día me preguntó '¿Cuántos años tengo?' Y le digo: '78'. '¿Cómo voy a tener 78?. Cuando me estoy despertando y me veo a mí misma con las cosas que tengo que hacer por el día, no tengo más de 40. Pero luego cuando me veo en el espejo, no entiendo nada'. A día de hoy me siguen impresionando esas palabras".

placeholder Ana Milán, en una imagen promocional. (Carlos Villarejo)
Ana Milán, en una imagen promocional. (Carlos Villarejo)

P. Tú tienes 52. ¿Te pasa?

R. A mí envejecer me parece una de las grandes tragedias. Es un ejercicio de crueldad observar cómo tu cara o tu cerebro cambian sin que puedas hacer nada. Yo no quiero edulcorarlo. Me parece una putada tremenda saber que viene la muerte, que se acaba, y de alguna manera cuando cumples los 50 tomas conciencia por primera vez de que ya no eres joven.

P. Esa frase de la novela, cuando alguien le dice a una mujer mayor "qué guapa has tenido que ser".

R. Yo llevo toda la vida escuchando 'qué guapa eres'. Un día me lo van a dejar de decir y me voy a morir, porque hay algo que se va. Tiene que ver con que la naturaleza te ha tratado bonito. Es un regalo y tú te lo has gozado. Y las guapas lo sabemos, pero eso un día se corta. Y entonces vendrá un hijo de la gran puta y te dirá: "qué guapa has tenido que ser".

"Hay que tener responsabilidad afectiva. ¿Con quién? ¿solo con la gente que te tiras? ¿cuánto tiempo hace que no le decís a vuestra madre, a vuestra tía: 'qué guapa estás'?"

P. Dices que tenemos una responsabilidad afectiva con la gente mayor que no estamos cumpliendo.

R. Es que hay que tener responsabilidad afectiva. ¿Con quién? ¿Solo con la gente que te tiras? ¿Cuánto tiempo hace que no le decís a vuestra madre, a vuestra abuela, a vuestra tía: 'qué guapa estás'? Desde la honestidad, desde esa cosa que se tiene a los 20, que tú te pones un vestido de Bershka y todo el mundo te dice lo guapa que estás, mientras a tu madre, poniéndose los rulos una vez por semana para aguantar con dignidad, tiñéndose, haciéndose de todo, nadie nunca más le volverá a decir qué guapa está.

P. ¿En qué más conectan Josefa y Ana Milán?

R. Yo soy una gran aceptadora de las consecuencias de la vida. Vivo sola desde los 16 años. He viajado por todo el mundo, me he metido en todos los charcos, me he divorciado dos veces. Llevo poniéndome el mundo por montera desde que tengo uso de razón. Me crié en una casa conservadora, pero que me dio libertad. Siempre me ha parecido de los grandes regalos que me hizo mi madre, me permitió equivocarme.

placeholder La actriz, en otra foto promocional. (Carlos Villarejo)
La actriz, en otra foto promocional. (Carlos Villarejo)

P. ¿Cómo lo ha escrito?

R. Josefa me lo ha dictado todo, sé que suena raro, pero yo he hecho muy poco esfuerzo para escribir esta novela. Josefa venía y me contaba y me contaba. A veces me dictaba tan rápido que yo no daba abasto para dictárselo al microfonito del iPad. Luego lo pulía. Pero me venían las ideas con tanta rapidez que me agobiaba escribiéndolas, porque tenía la sensación de que se me perdían matices.

P. Siendo de Alicante y no habiendo vivido en esa época, recreas muy bien el Madrid de esos años. ¿Cómo te documentaste?

R. Preguntando. Soy muy preguntona. Me he alimentado de las historias que me han contado grandes como Pilar Bardem, Beatriz Carvajal, Amparo Baró... ellas hablaban, yo preguntaba, y luego corroboraba. Pero no solo están ellas. También está la hermana de la madre de mi amiga Susana, está la tía de mi amigo Carlos. He ido pidiendo durante años a todo el mundo que me contaba las mejores historias de su casa y aquí hay muchas de esas historias mezcladas.

P. ¿Y cuándo nació Josefa?

R. En el COVID ya le mandé diez páginas a mi editora, que me animó a seguir. Pasó meses durmiendo en el iPad. Muchos meses. Me enfadaba con ella, me enfadaba conmigo. Un día me levanté, la leí, e hice un ejercicio que siempre me salva: llamar a una íntima amiga mía, gran lectora, dueña de una librería. Me dijo que había que publicarlo.

"A pesar de que las mujeres podemos abortar, ninguna lo hace desde la alegría. Incluso cuando abortar es un alivio, es también un proceso absolutamente traumático"

P. Tratas el tema del aborto desde un enfoque muy propio.

R. Quería contar que a pesar de que las mujeres podemos abortar, ninguna que yo conozca lo hace desde la alegría. Incluso cuando abortar es un alivio, es también una tristeza, un proceso absolutamente traumático. No es un proceso gratuito.

Mián para un momento para acordarse de una heroicidad que hizo su madre cuando ella y sus hermanos eran niños. "Mis padres emigraron a Alemania. Mi hermana Maribel nació allí. Un día mi madre se dio cuenta de que mis hermanos empezaban a hablar alemán, no español, así que los mandó a España el último año de su contrato. En ese año mi hermana Maribel se puso muy mala. Llamaron a mi madre: 'La niña se muere y no sabemos qué tiene'. Mi madre cogió tres trenes. De Alemania a Francia, de Francia a España, de Barcelona a Alicante. No había parada en Villena, donde vivía mi abuela. El maquinista le dijo que, como mucho, 'podría aminorar la marcha y que ella saltara en mitad del campo'. Y así llegó mi madre esa noche a casa. Estas historias hay que contarlas, porque si no se cuentan, se mueren. Su acto fue mucho más heroico que cualquier cosa que haya hecho Von del Leyen".

P. Dices que no eres escritora.

R. No, no lo soy. Tener libros no te convierte en escritora. Escritora es un oficio y es un oficio muy serio. Yo pasaba por aquí y conté algo.

P. Pero eres una gran narradora.

R. Sí, eso sí que soy. Desde pequeña, además. He tenido mucha capacidad siempre para adornar bien las historias. La realidad está muy sobrevalorada.

"Esto es como enamorarse. Quizás sea mi última novela. Primera y última. Cabe la posibilidad, y a mí me relaja estar en esa herida"

P. ¿Hay más Josis creciendo dentro de ti?

R. No. No quiero saber nada de historias. Esto es como enamorarse. Quizás sea mi última novela. Primera y última. Cabe la posibilidad, y a mí me relaja estar en esa herida.

P. Siendo tú una persona tan vital, en esta novela arrancas con una frase brutal sobre la muerte: "Me llamo Josefa y estoy deseando morirme".

R. Somos una sociedad muy alejada de la muerte, para nuestra desgracia, porque no hay nada que conecte más con la vida que la conciencia de que te vas a morir.

P. Dices en el libro que Josefa es muy mayor y muy joven a la vez. ¿Tú también?

R. Yo me voy a morir con 15 años, lo tengo clarísimo. Espero que sea con 68, pero yo voy a tener 15. Además, me encanta: cuando me muera, todo el mundo se va a descojonar diciendo: 'Con la suya se salió la tía'. Me encanta la idea.

Termina el café. Se levanta. Alguien le dice que la novela es preciosa. Ella sonríe, pero no se lo cree del todo. "Ayer la volví a leer por octava vez. No me gustó mucho, te lo digo en serio. Llamé a un amigo y le dije: 'no es tan bueno'. Y me dijo: '¿puedes dejar de leerlo?'. Me gritó y me colgó".

Uno de estos días de lluvia, en un hotel de Madrid. Ana Milán llega a un desayuno con algunos periodistas salpicando con esa mezcla suya de velocidad y pausa: la frase que te hace reír y, dos segundos después, la que te deja pensando en tu madre, en tu cara dentro de diez años o en la última vez que no supiste que era la última vez. Viene a hablar de su primera novela, 'Bailando lo quitao' (Planeta), un artefacto emocional, luminoso, ácido, certero, bastante alejado de cualquier prejuicio que pueda uno tener cuando se acerca a un 'libro de famoso'. Entelado en rojo, como un diario antiguo.

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