El empresario que supuestamente sobornó a Julián Muñoz celebró su cumpleaños en La Cantora
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El empresario que supuestamente sobornó a Julián Muñoz celebró su cumpleaños en La Cantora

El pollo a la Pantoja se convirtió en todo un reclamo en los orígenes de la ‘Operación Malaya’. El aroma del plato estrella del restaurante La Cantora, situado en

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El empresario que supuestamente sobornó a Julián Muñoz celebró su cumpleaños en La Cantora

El pollo a la Pantoja se convirtió en todo un reclamo en los orígenes de la ‘Operación Malaya’. El aroma del plato estrella del restaurante La Cantora, situado en Fuengirola (Málaga), y que desde 2001 regentaba la tonadillera, traspasó fronteras. Tanto es así que promotores y empresarios que presuntamente sobornaron a Julián Muñoz sucumbieron al encanto de sus salsas. Fue el caso de Juan Antonio Córdoba, de Neobuild Promotora S.L, al que el magistrado Federico Morales está considerando si llama a declarar, para lo que tendría que admitir la prueba testifical de Luis Amores, otro empresario marbellí que afirmó ser testigo de la entrega a Julián Muñoz de dos millones de euros en cuatro pagos: uno en el Ayuntamiento, otro en urbanismo y dos más en la casa que compartían Julián Muñoz y Isabel Pantoja. El tribunal tendrá que resolver en sus próximas sesiones el calado de este testimonio en el proceso.

Fiestas a todo tren

El abogado del Ayuntamiento de Marbella, Fidel Escudero, fue el que levantó la liebre en el procedimiento judicial. Este lunes precisó a la sala que existe una denuncia de este empresario marbellí tramitada por el Juzgado de Instrucción número 5 de Marbella. Y a pesar del sobreseimiento provisional, en el relato de Amores, el empresario sostiene todo lo que manifestó en el juzgado de Marbella sobre el pago de dos millones de euros a Muñoz que realizó el promotor. Ahora muchos se preguntan: ¿quién es este personaje llamado Juan Antonio Córdoba?

Algunos le recuerdan todavía en Marbella. “Desde hace mucho no se le ve el pelo por aquí”, señalaban a Vanitatis desde un conocido despacho de arquitectos. Antes paseaba por todos los recovecos de la ciudad.

Sus buenas relaciones con Julián Muñoz le llevaron a celebrar su fiesta de cumpleaños a puerta cerrada en el Restaurante La Cantora, el templo gastronómico de Isabel Pantoja. Allí asistió parte de la society marbellí en una jarana en la que se arrancaron por soleares y donde por boca de la propia Isabel escucharon las lindezas culinarias de la artista. En estos eventos y en petit comité, ella misma explicaba el secretillo del nombre de su ave favorito. Contaba que un día se metió en la cocina a ayudar a su madre, que esa mañana tocaba pollo y ella se lo guisó “a su manera”, improvisando. Y le salió tan rico que lo bautizó con su apellido. No había fiesta en Cantora en la que no asomara el pollo. Todo un fetiche. Mientras tanto, Julián descorchaba las botellas. El día del cumpleaños del presunto mecenas que donó supuestamente, entre abril y mayo del 2003, los dos millones de euros al que era entonces pareja de la cantante, no iba a ser menos.

Este empresario tenía fama de juerguista y vividor. Se relacionaba con el mundo del caballo, gente de Ronda, del Rocío y de mujeres boom. Sus últimos negocios se ubican en Canarias, donde tuvo varias promociones. Los amigos de Julián campaban por sus dominios. En aquel periplo, el exalcalde ya había tomado las riendas del Restaurante La Cantora y de los 45 trabajadores contratados originariamente. Redujo a la mitad a la plantilla en un particular ERE. “¡Isabel, hay que ahorrar!” decía,  y como botón de muestra de cómo organizar el negocio cambió la Coca Cola por Pepsi, que era mucho más rentable. Aunque algunos lo calificaron como signo de “cutrerío”. La clientela estaba dispuesta a pagar en torno a 50 euros de media por comensal, y lo de suprimir la chispa de la vida no sentó muy bien.

Justificantes de Cantora

Isabel Pantoja, en la declaración judicial que prestó en el proceso que se sigue en la Ciudad de la Justicia de Málaga contra ella, se refirió al dinero que ganó con su restaurante, una tienda de souvenirs y el arrendamiento de su finca, como ganancias de unos 60.000 euros al año. En aquel periodo, Muñoz decía que trabajó para ella y que se encargaba de todo lo relativo a sus asuntos. Isabel Pantoja está intentando justificar que manejó la cantidad de 1.209.040 euros en metálico de su propiedad, y no provenientes de Julián Muñoz, durante los años en los que fue investigada por la policía.

El dato se contradice con el de la brigada de delincuencia económica, que asegura que la tonadillera blanqueó presuntamente 1.127.101 euros provenientes ilícitamente de su entonces pareja.

Parte de este dinero, han explicado las defensas de la tonadillera en un informe presentado al Tribunal, proviene de las ventas de su restaurante La Cantora (513.902 euros); de la disposición de efectivo en sus cuentas y en la de sus sociedades (374.609 euros); de la venta de la concesión de su discoteca Cantora Kopas (72.121 euros); de sus galas artísticas (78.013 euros); de la venta de un vehículo (18.000 euros); de la venta de plazas de garajes (42.050 euros); y del arrendamiento de la finca de Medina Sidonia (110.345 euros).

Dinero Metálico

Cuando la tonadillera fue detenida, en su declaración ante el instructor del Juzgado numero 5 de Marbella, mantuvo que solía guardar el dinero en metálico dentro de un armario de su casa. De hecho, al registrarse La Pera tras la detención de Julián Muñoz, se encontró en un cajón de un armario un bolso de Pantoja con 7.500 euros y 50.154 dólares, que posteriormente le fueron devueltos. Ella justificó que sus incondicionales de La Cantora eran las encargadas de ingresar el dinero en los bancos: Inmaculada Villalobos, cajera por entonces del restaurante, y Tere Pollo.

Así de esa manera para demostrar esos ingresos, la tonadillera presentó un ticket de venta en efectivo de su restaurante, fechado el día 5 de abril de 2003, en concepto de 98 menús por un importe de 14.994 euros, es decir, cada menú a 155 euros. También acreditó otro ingreso del lunes 7 de abril de 2003, bajo el concepto discoteca, por valor de 60.000 euros. Sin embargo los trabajadores de la sala informaron que en esa fecha el local se encontraba cerrado. En todas las fiestas ella lo canturreaba: “Cantora soy yo, Cantora se llama la finca donde he sido feliz y Cantora se van a llamar los negocios que abra en el futuro”. Toda una declaración de intenciones. 

Julián Muñoz