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Pilar Acosta, la madre coraje de Ana Belén

Con discreción y sin aspavientos. La noticia de la muerte de la madre de Ana Belén, Pilar Acosta, que ha tenido lugar esta semana, ha aparecido

Foto: Pilar Acosta, la madre coraje de Ana Belén
Pilar Acosta, la madre coraje de Ana Belén
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    Con discreción y sin aspavientos. La noticia de la muerte de la madre de Ana Belén, Pilar Acosta, que ha tenido lugar esta semana, ha aparecido en los medios con la misma elegancia que siempre han caracterizado las informaciones referentes a la vida privada de la actriz y cantante. Apenas unas reseña en varias publicaciones, incluida una conocida revista del corazón, han aparecido acerca del fallecimiento de la madre de una de las artistas históricas de nuestro país. Era normal verla bastante afectada en el tanatorio de Las Rozas, cuando acudió al velatorio de Concha García Campoy. Además de compañera y amiga de ella y del productor Andrés Vicente Gómez, Ana Belén revivió la pena que había sufrido unos días atrás con la muerte de su propia madre. También los recientes y durísimos mazazos del fallecimiento de Miguel Narros y el productor Elías Querejeta. “Menuda semana. Dos de las personas que más quiero”, cuentan que dijo en el funeral, refiriéndose a su progenitora y a la propia García Campoy.

    La madre de Ana se llamaba Pilar, como ella, y se dedicó, durante toda su vida, al oficio de conserje. Regentaba la portería de la finca donde la propia Ana vivía con su familia, en la calle Oso de Madrid, al lado del madrileño y castizo barrio de Lavapiés. “Mírenla, hija de una portera y parece que su madre fuera la duquesa de Alba”; decía el presentador Deglane durante la primera aparición televisiva de una diminuta Ana Belén en Televisión Española. Corría el año 1961 y la nueva niña prodigio empezaba a dar sus primeros pasos como artista; unos pasos encaminados a seguir a los Joselito y Marisol de turno, a continuar la hija de ruta de los niños prodigio que habían encandilado a toda una generación de espectadores desde los márgenes de la gran pantalla. Pero nada de aquello hubiese sido posible sin el apoyo silencioso de Pilar Acosta.

    La madre de Ana Belén fue toda una heroína durante la Guerra Civil española y una de las personas a las que más quería la cantante. Un amor que se mezclaba con la admiración, dado el padecimiento de Acosta durante los primeros años de su vida, y a la abnegada vida que, como tantas otras mujeres, tuvo que llevar durante años en una época turbulenta. Como cuenta la biografía de la cantante escrita por Miguel Ángel Villena, la contienda la sorprendió en una colonia de vacaciones para niños en Galicia. Así, siendo tan solo una niña, Pilar Acosta tuvo que hacerse cargo de otros niños más pequeños que ella, lavarlos y darles de comer en el balneario de La Toja en el que se tuvieron que alojar durante toda la contienda. Durante los tres años que duró la Guerra, Acosta no pudo ver a sus padres y se vio obligada a madurar, a crecer de forma apresurada y sin el cómodo colchón de la familia. Cuando volvió a Madrid en el 39, sus ojos habían visto demasiada desgracia como para conservar la presupuesta inocencia infantil.

    Muchos años después, en los 80, Ana Belén tuvo que actuar cerca del lugar en el que su madre había vivido tantos horrores. Aquel día, la intérprete de Contamíname decidió darle una sorpresa: la llevó hasta allí sin decirle nada y la madre se encontró, emocionada, con el paisaje de guerra de su infancia. Fue uno de los reencuentros con el pasado más emocionantes de la vida de Pilar.

    Pilar Acosta tuvo que criar a sus hijos en esa pequeña casa del barrio de Lavapiés. Allí organizaba, como podía, las mutlitudinarias comidas y las tardes de tareas al lado de la vieja radio. Con Pilar vivían su marido, tres hijos (Julio, Eugenia y la propia Ana Belén) sus tíos y una prima. Imprimió desde entonces una visión realista de la vida a su hija. “Si algunas veces he podido subirme en globo, mi madre se ha encargado de que bajara a la tierra”, ha dicho siempre la cantante, conservando ese axioma como impagable y duradera lección vital.

    Su madre se alegró del triunfo y la felicidad de su hija. Siempre los compartió con ella. Muchas actuaciones en la plaza de toros de Las Ventas o en el Palacio de Deportes tenían como espectadores a Pilar Acosta y Fermín Cuesta, el padre de la actriz. Sin embargo, la propia Ana Belén quiso mantenerlos siempre en un discretísimo segundo plano. No quería convertir a sus padres en los protagonistas indeseados de un circo mediático que ella siempre se ha empeñado en evitar con todas sus fuerzas. Por eso su muerte ha supuesto un duro mazazo para la cantante, la pérdida de la mujer que la bajaba a una tierra en la que Ana Belén se sentirá un poco más sola sin su gran heroína. 

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