El gran amor de María Esteve, su madre Pepa Flores
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MARISOL CUMPLIÓ 65 AÑOS EN FEBRERO

El gran amor de María Esteve, su madre Pepa Flores

Siempre discreta en todo lo relacionado con su vida, María Esteve ha compartido una tierna fotografía en su Twitter junto a su madre, a la que da un beso

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Siempre discreta en todo lo relacionado con su vida, María Esteve ha compartido una tierna fotografía en su cuenta personal de Twitter. En ella, la actriz aparece dando un beso a su madre, Pepa Flores, más conocida como Marisol. “Querida mamá…. Gracias!!!! Te amo”, escribe junto a ella.

Hacía tiempo que no se veía una imagen de Pepa Flores. Una de las últimasfue en mayo de 2012 cuando acudió al estreno como fotógrafa de María Esteve junto a sus otras dos hijas, Celia y Tamara y su nieto Curro y en febrero de este año, en su Málaga natal, para ver a Celia entonar la nueva versión del himno del Carnaval.

Retirada del mundo del cine desde hace casi tres décadas, Pepa Flores no tiene una vida hermética como muchos consideran, sino privada. Junto a su marido, Máximo Stechinni, ha hecho de Málaga su pequeño fortín en el que pasea a diario con la casi inseparable compañía de sus gafas de sol. “Se pone las gafas para ocultarse un poco. Si la gente la para, ella suele ser muy amable pero es un hecho que prefiere pasar desapercibida”, relató el pintor Antonio Montiel, amigo de la actriz, a Vanitatis en el mes de febrero. “Vive como una persona normal, atendiendo a su madre y a las cosas más cotidianas”.

Después de muchos años de llevar el éxito dentro de los bolsillos, basta con echar la mirada hacia atrás para ver que su vida sobre el escenario ha sido, cuanto menos, asombrosa. Idílico espejo patrio, la niña de Un rayo de sol se convirtió con apenas doce años en una alegría nacional. Era guapa, rubia, marisabidilla y sabía cantar y bailar como ninguna. Este hecho excepcional, proviniendo de una familia malagueña muy humilde, transformó a una niña en una mujer que apenas pudo disfrutar de una feliz adolescencia. Mucho se ha escrito sobre las angustias que pasó una de las niñas prodigio del cine español y de los traspiés que la vida, y quienes la rodeaban, le obligaron a sufrir.

Tras ser descubierta por Manuel Goyanes en una actuación infantil, Pepa Flores apenas volvió a poner un pie en su casa. Desde entonces, el productor sólo vivía por y para que Marisol fuera la protagonista indiscutible de una decena de películas -en su etapa infantil y adolescente- que aún hoy están en la memoria colectiva de muchos españoles, incluso de aquellos que ven el Franquismo como algo que sólo aparece en los libros de texto. Con el objetivo de convertirla en la Judy Garland en versión española, la mano de Goyanes fue más allá que el de mero productor de cine. La casó a los 21 años con su hijo en 1969, con el que sólo estuvo tres años, en una boda que fue el acontecimiento más importante desde que Massiel ganara el Festival de Eurovisión y donde no faltaron toreros y folclóricas, a la imagen y semejanza del régimen franquista.

En 1973 contraería matrimonio con el bailarían Antonio Gades en Cuba con Fidel Castro como padrino de bodas. A pesar de que con él tuvo a sus tres hijas, se divorció de él 13 años más tarde, en 1986. Por aquel entonces, Marisol ya era Pepa Flores y se había cortado la trenza rubia para hacer películas “de mujer” –como dijo el periodista y ensayista español Haro Tecglen en la revista Triunfo en 1972- con Carlos Saura (Bodas de Sangre, Carmen) o Juan Caño (Caso Cerrado). Años antes, ya trabajó con Mario Camus y Juan Antonio Bardem (La corrupción de Chris Miller).

Poco después, Pepa Flores decidió no aparecer más delante de las cámaras. A pesar de tener ya 65 años, edad para jubilarse, ella ya lo hizo tras su última película en 1985. Desde entonces, vive la vida que siempre ha querido vivir.

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