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ELLA ES LA MUJER DE ‘EL LITRI’

Hablan las exfranquicias arruinadas por Baby Deli, la marca de Adriana Herrera

Esta es la historia de las mujeres que confiaron en la hija de la diseñadora Carolina Herrera y sus socias madrileñas. No les fue demasiado bien

Foto: Carolina Adriana Herrera, en una imagen de archivo (Gtres)
Carolina Adriana Herrera, en una imagen de archivo (Gtres)

Baby Deli, la marca de productos ecológicos infantiles de la que es socia e imagen Carolina Adriana Herrera, hija de la diseñadora Carolina Herrera y esposa del torero Miguel Báez ‘El Litri’, salió en el mes de febrero del concurso de acreedores, tal y como adelantó Vanitatis la semana pasada. Solo uno de los franquiciados, cuya tienda tiene sede en Barcelona, sigue adelante con su negocio; los otros cuatro tuvieron que cerrar (Bilbao, Valencia, Zaragoza y Santander). Detrás de estas clausuras hay historias de emprendimiento truncadas y ahorros de toda una vida esfumados.

Dos exsocias de la marca de Carolina Adriana Herrera han querido contar su historia a este medio. Otras no se han atrevido a publicar su testimonio, pero en lo que todas coinciden es que, más allá del descalabro económico (las franquicias de Bilbao y Valencia perdieron alrededor de 400.000 euros), lo peor fue “el daño moral. Jugaron con nuestras ilusiones, nuestra confianza, arruinaron a muchas familias y nos sentimos estafadas”, aseguran. También casi por unanimidad exculpan del descalabro a la hija de la famosa diseñadora: “Como es la imagen de la marca se lleva la peor parte, pero ella no era la mala de la historia. Era la que ponía la cara, no la que tenía más cara”, aseguran a Vanitatis las afectadas.

Cómo perder 200.000 euros en menos de un año

Nuestra primera parada es en Santander. Lucía Castanedo regentó en una céntrica calle de la capital cántabra la franquicia de Baby Deli de abril de 2012 a enero de 2013. Ella fue la penúltima en abrir antes de que la empresa fuera a concurso de acreedores. Actualmente regenta su propia marca en la capital cántabra, El Camino de las Baldosas Amarillas. Lucía cuenta para Vanitatis su calvario empresarial con Baby Deli.

Entrada a una de las tienda Baby Deli (Página web)
Entrada a una de las tienda Baby Deli (Página web)

“Nunca tuve ningún problema con Carolina Adriana Herrera; sí con Tatiana Arelle, otra de las socias, que era con la que tratábamos directamente. La que nos dejó de coger el teléfono y nos dejó tiradas cuando no funcionaba ni la plataforma interna. Se fue de vacaciones un mes y me dejó colgada sin stock. No demandamos por miedo a no poder salir de la franquicia y tener que poner más dinero, así de claro. Son gente muy mediática con buenos abogados. Arruinaron a muchas familias. Por suerte, nosotros somos tres socios y uno de ellos tiene una amplia formación fiscal y contable, así fue cómo nos dimos cuenta a los seis meses de abrir de que algo no iba bien, aparte de que los pedidos llegaban casi caducados, no servían lo que pedíamos y no teníamos el apoyo que nos dijeron; la contabilidad era un desastre. Por eso nos plantamos y decidimos salirnos de la franquicia. Invertimos más de 200.000 euros. Recuerdo una conversación de mi hermana con Tatiana en la tienda de Santander cuando ya estábamos a punto de salirnos, diciéndole que habíamos invertido todos nuestros ahorros en esto y que no podía dejarnos tiradas. Le dio igual. Lo peor vino cuando montamos la nueva tienda, los proveedores no se fiaban de nosotros por haber sido de Baby Deli. No nos servían y nos costó salir adelante. Pero lo conseguimos”. 

Lucía es consciente que su inversión no fue tan fuerte como la de las primeras franquicias, Bilbao o Valencia, que superó los 400.000 euros. “Les impuse también mis condiciones. El mobiliario era carísimo, venía de París, y preferimos hacerlo con carpinteros locales. Te pongo un ejemplo: nos exigían gastarnos 400 euros en accesorios de baño y los conseguimos por 150. Quisieron que un estudio de arquitectura de Madrid nos hiciera el proyecto. Más de 3.000 € por alguien que venía desde Madrid a Santander, hacía unas fotos, medía y hacía un proyecto sin volver a preocuparse por la obra. Nos hicieron comprar una máquina de palomitas que costó más de 1.500 €, nos hicieron colocar una lámpara con forma de bola del mundo que nos costó más de 3.000 €, por no hablar de la maquinaria de frío y la plancha, que nunca llegamos a usar”, continúa.

Un auténtico calvario

Carolina Adriana Herrera, en una imagen de archivo (Gtres)
Carolina Adriana Herrera, en una imagen de archivo (Gtres)

“Me llegaron a decir que no podía ser dueña y atender y limpiar el baño yo misma, que tenía que poner empleados. Yo ya les dije que no me salían los números. No tenía nunca los productos del catálogo, siempre facturaban o de más o de menos. Los productos venían en mal estado, muchos con la fecha de caducidad muy cerca. Tuvieron varios almacenes y todo era caótico. Teníamos que andar con lupa para que todo cuadrase. Mis condiciones no fueron tan leoninas como las de las primeras franquicias porque ellos ya estaban en bancarrota, lo que pasa es que yo no lo sabía”, asegura.

Lucía relata cómo a su inauguración asistió Adriana Carolina y cómo después de eso, y el gasto brutal que supuso ese evento para ella, no volvió a recibir más apoyo de la marca. “Les dejó de funcionar la venta online y se recogía en tienda. Yo les daba el producto, lo empaquetaba, pero no recibía de la central nada y la venta se la apuntaban ellos. Por suerte pudimos negociar mi salida a tiempo y no dejamos crecer las pérdidas”, explica. ¿Por qué nunca entraron en batallas legales con la marca de productos infantiles? Lucía hace una pausa en su relato. Le cuesta hablar porque el tratar “con gente mediática siempre da respeto y eso siempre jugó en contra de todos nosotros. Aunque todos los Baby Deli nos llegamos a reunir para ver cómo resolver nuestra situación, estábamos como paralizados por el miedo y arruinados como para meternos en abogados”. 

Una franquicia “de segunda”

Su opinión coincide con la que fue dueña de la franquicia de Zaragoza. Luisa Alonso montó el negocio con su hermana. Fue la última en franquiciar y perdieron en total unos 150.000 euros. “Reconozco que íbamos justas de dinero y no podíamos asumir el contratiempo para montar nuestro propio negocio como hizo Santander. El alquiler que pagábamos era alto, acondicionar el local fue más caro de lo previsto, nos encontramos con problemas de financiación bancaria, creemos debido a los números del grupo matriz. La carpintería y mobiliario también la hicimos con gente local, nada de comprar muebles prohibitivos. Los pedidos no venían en buenas condiciones ni a tiempo. Entiendo que los productos ecológicos tienen poca fecha de caducidad, pero como además había tanto jaleo con los almacenes, al final nos llegaban con entre 15 y 30 días de caducidad, productos difíciles de colocar a tiempo. Como dejaron de servirnos empezamos a tirar de proveedores de Aragón. Porque, la verdad, no nos parecía nada ecológico tirar de productos ingleses con lo que tenemos aquí. Una filosofía de tienda ecológica debe apostar por el kilómetro cero”, relata esta mujer que ha reorientado su vida laboral al emprendimiento online, desarrollando proyectos web y planes de social media marketing.

Interior de una de las tienda Baby Deli (Página web)
Interior de una de las tienda Baby Deli (Página web)

Ella dice que las socias de Carolina Adriana Herrera siempre la vieron como “una franquicia de segunda”. Lo explica: “Se ve que Zaragoza no tenía suficiente nivel o que ya sabían cómo estaban y no se preparó conjuntamente ni la inauguración de la tienda. Nosotros no recibimos ese tipo de apoyo que prometían al principio en las aperturas de las tiendas. Nunca traté con ninguna de las socias mediáticas, solo con el director de operaciones y la gerente. A Carolina Adriana Herrera ni la vi, siento que ella se lleve la peor parte”. Luisa relata que si hubieran tenido el apoyo suficiente y correcto que debe ofrecer un máster franquicia a sus franquiciados, el negocio hubiera funcionado. Llegó un momento en que no podíamos asumir más pérdidas ni meternos en demandas. Siempre pensé por qué este tema no había trascendido a los medios de comunicación. Y todo lo cuento asumiendo que mi error fue no informarme antes con otras tiendas de la situación real. Estaban a punto del concurso de acreedores y abrieron tienda conmigo. Increíble”, sentencia.

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