La novia que se casó en el Valle de Arán con un traje fiel a su estilo: "Más que inspirarme en alguien, me inspiré en mí misma"
Blanca tenía claro que el día de su boda llevaría un diseño que fuese una extensión de su estilo en el día a día. From Lista With Love lo hizo posible
Tras un sólido y largo noviazgo, Blanca, arquitecta, y Guillermo, odontólogo, decidieron dar el paso y casarse. Nunca lo dudaron: celebrarían su boda en el lugar donde se conocieron 10 años antes. "En el Valle de Arán. Ambos tenemos casa desde pequeños. Para nosotros, el Valle de Arán es sinónimo de desconexión, felicidad, tranquilidad, amigos y familia. Vamos todos los fines de semana de invierno y la mayoría de fines de semana durante el resto del año".
El verano pasado, en concreto, el 21 de junio de 2025, convocaron a sus familiares y amigos a su sitio especial. Todos estaban invitados a su enlace. "Siempre habíamos dicho que nos casaríamos en el Valle de Arán, pero nunca habíamos definido exactamente cómo sería ni cómo nos imaginábamos cada detalle".
La petición de mano pilló por sorpresa a la arquitecta. "Guillermo y yo nos conocimos cuando éramos entrenadores de esquí en el mismo club y, en 2017, nos asignaron el mismo grupo. Fue entonces cuando empezamos nuestra relación. Durante nuestra historia, la distancia entre Barcelona, mi hogar, y Madrid, el de Guillermo, siempre fue un reto. En 2022 fui a la capital a hacer el Máster Habilitante de Arquitectura, con la idea de que, al terminar, nos iríamos a vivir a Barcelona… pero aquí sigo", dice entre risas. "Quizá por esa circunstancia, nadie —ni siquiera yo— esperaba la pedida de mano hasta que tuviésemos claro dónde vivir, pero en el verano de 2024, en el Faro de Faváritx, Guillermo me pidió matrimonio".
Como manda la tradición, la boda se dividió en dos actos. Ceremonia religiosa en la Iglesia de Santa María de Arties, "la iglesia románica del pueblo donde mi familia y yo tenemos casa", y después, celebración en Eth Cerer de Montadí, "nuestro restaurante favorito del Valle de Arán". Desde el momento en el que nos prometimos, "supimos que la celebración sería en plena montaña, imaginábamos una boda rural".
La barcelonesa, instalada en Madrid, llamó a las puertas del taller de From Lista With Love para crear el traje más importante de su vida. Macarena Gavira y Javier Zumárraga, el tándem de creadores detrás de la firma nupcial, darían forma al vestido de novia de Blanca. "Al principio quería un vestido con escote cuadrado y hombreras, tipo el de la influencer María García de Jaime en su boda. Sin embargo, cuando me probé un vestido de ese estilo, entendí enseguida que no era el mío. Sentí que debía ser algo más alineado conmigo, más inspirado en mi estilo del día a día. Por suerte, Macarena y Javier me entendieron a la perfección. Aunque en las bodas suelo apostar por looks más extravagantes, con vestidos y colores originales y atrevidos, para mi boda quería algo elegante y muy yo".
La prenda estrella de su vestidor, esa que marca sus looks para el día, se convertiría en el punto de partida del look nupcial de Blanca. "En mi día a día suelo llevar americanas cortas con vaqueros o pantalón negro y una camiseta de cuello halter debajo: un estilo sencillo, estructurado y elegante. A partir de esa base, y combinando mis ideas con las suyas, plasmamos unos dibujos el primer día que prácticamente no cambiaron hasta el resultado final".
From Lista With Love construyó para la arquitecta un diseño desmontable que se fue transformando a lo largo del enlace. "Para la iglesia diseñamos una americana y una cola muy larga. Para la fiesta, me quité la chaqueta, añadí un cuello al vestido y me puse los guantes de la boda de mi madre, como guiño personal y para darle ese toque 'original' muy mío. Al final, más que inspirarme en alguien concreto, me inspiré en mí misma: en mi día a día y en cómo podía sentirme más auténtica en un día tan importante".
Macarena y Javier nos describen el vestido de novia de Blanca. "Se trata de un traje compuesto de dos piezas, por un lado, un vestido en satén con falda al bies, escote halter y espalda abierta, y otro, la chaqueta en crepe con solapa de satén smoking de la que sale una larga cola en organza de seda". En pocas palabras, "es un vestido de líneas muy puras acorde con su profesión".
Saltamos al capítulo de los accesorios. "Para mí, la joya más especial de la boda fueron los pendientes que llevaba siempre mi abuela: cuatro piedras de amatista en total, una pequeña combinada con una grande en cada pendiente. Eran piezas con muchísimo significado para mí, y el toque perfecto para completar el look con algo emocional y familiar", explica.
A sus pies, unas cuñas de plataforma doradas de Castañer. "Era esencial llevar tacones altos, pero también cómodos. Desde que mi hermana y yo éramos pequeñas, cuando mi madre se arreglaba en verano siempre llevaba cuñas de plataforma. Con el tiempo se convirtieron en un básico también para mi hermana y para mí". Por último, el ramo, una composición a base de paniculata creada por Jordi de Ferran Florista. "El tallo del ramo estaba sujeto con una cinta muy especial que me hizo mi suegra, bordada con nuestros nombres y la fecha de la boda. Un detalle sencillo, pero cargado de significado, que lo hacía todavía más único".
Guillermo, el novio, "llevó un chaqué azul de espiga, con chaleco de la misma tela y patrón, camisa blanca, y la corbata, del mismo color que el chaqué y el chaleco", cuenta Blanca. "Él siempre es impecable con su vestimenta, y para su boda lo tenía todo bien definido".
El día de su boda había llegado. "Al principio no optamos por contratar a ninguna wedding planner, pero días antes y el mismo de la boda, nos ayudó Laia de The wedding club y si pudiese volver atrás tanto Guillermo como yo hubiésemos cogido a Laia des del primer momento. Su trabajo durante la boda fue perfecto: estuvo atenta a cada detalle, resolvió cualquier imprevisto con calma y nos permitió disfrutar del día sin preocupaciones".
Su peluquera de confianza en el Valle de Arán, y Conchi, una maquilladora amiga de su madre, se encargaron del 'beauty look' de Blanca. "Me arreglé en casa, rodeada de mi familia, en un ambiente muy tranquilo y muy nuestro. Vinieron a verme mis dos mejores amigos y me regalaron una pulsera preciosa. Después los testigos y los padrinos vinieron a leerme y entregarme el ramo. Es una tradición de Cataluña muy bonita; el novio elige a algunos de sus testigos para que sean los padrinos de la novia, encargados de entregar el ramo y leerle unas palabras. A la ceremonia religiosa me acompañó mi padre, por supuesto, mi fiel compañero. Uno de los momentos más emocionantes para los dos, mi padre estaba muy nervioso".
Al entrar a la iglesia, "nos encontramos con árboles en el interior, creando una sensación de bosque dentro de la Iglesia. Para nosotros fue un auténtico sueño, consiguió trasladar la esencia del Valle en la ceremonia, justo como habíamos imaginado, pero incluso mejor". Toda la decoración floral fue de Jordi de Ferran Florista.
Cuando Blanca y Guillermo ya estaban casados, los recién casados y sus 250 invitados cambiaron de ubicación para comenzar los festejos. "Soñábamos con una boda rural: carpas bonitas, una decoración floral sin demasiados colores, mucha paniculata blanca, hojas verdes de la montaña, velas. Queríamos algo natural, elegante y muy alineado con el entorno. Tampoco podían faltar los guiños al esquí, nuestro hobby favorito. Y, por supuesto, no podía faltar buena música, una iluminación cuidada y, sobre todo, nuestros buenos amigos y familia".
"Toda la decoración la diseñó Jordi, de Ferran Florista, con su equipo. Es amigo de la familia desde siempre". Como hemos avanzado, "la temática giró en torno a la naturaleza y, sobre todo, al Valle de Arán. Queríamos que todo respirara montaña, frescura y elegancia natural. El resultado fue una decoración muy coherente, nada recargada, donde el entorno tenía tanto protagonismo como las flores. Más que una temática cerrada, fue una forma de trasladar nuestro lugar favorito y nuestra esencia a cada rincón de la boda".
El sitio de la celebración, Eth Cerer de Montadí, es un restaurante especializado en chuletón, "teníamos clarísimo que no podía faltar". Como entrante, crema de setas de temporada, elaborada con una selección de champiñón, gírgola y shiitake. De principal, Txuleta de vaca acompañada de gratén de patata. Y por último, el postre, tarta de queso de vaca con galleta de mantequilla. "El txuletón lo servimos sobre pizarras, para que cada invitado pudiera servirse la cantidad que quisiera. Es una forma muy típica de montaña, más compartida y cercana, y encajaba mucho con nuestra manera de entender la celebración".
Para abrir el baile, Blanca y Guillermo, escogieron 'This Year’s Love de David Gray'. "¡Qué canción tan bonita! Siempre lo ha sido y ahora cuando me la pongo en el coche tengo muy buenos recuerdos, me emociono".
Cerramos el álbum de la boda de Blanca con sus recomendaciones para futuras novias. "Disfrutar. Ese día ya está todo organizado, así que no tenéis que preocuparos por nada más que por vivir cada instante al máximo: con vuestra familia, vuestra pareja y sobre todo buenos amigos, no invitéis a gente por invitar, que realmente la gente que este ahí sea la gente que sabes que te desea lo mejor. No perdáis el tiempo con muchos detalles, luego la gente no se fija o no tienen la importancia que crees que tendrían, céntrate en lo básico, que eso sea lo mejor"
Y el último consejo, apunta al traje y a tu compañero de aventuras. "No intentéis innovar o complicaros con el vestido; tiene que ser un reflejo de vosotras. Y, sin duda, casaros con el amor de vuestra vida, con quien creáis firmemente que será vuestro mejor compañero, no solo en los buenos o malos momentos, sino también —y quizá los más importantes— en el día a día: cuando llegáis del trabajo, cuando todo es rutina o cuando no pasa nada especial. Ese es el amor que realmente sostiene y hace inolvidable el matrimonio".
Tras un sólido y largo noviazgo, Blanca, arquitecta, y Guillermo, odontólogo, decidieron dar el paso y casarse. Nunca lo dudaron: celebrarían su boda en el lugar donde se conocieron 10 años antes. "En el Valle de Arán. Ambos tenemos casa desde pequeños. Para nosotros, el Valle de Arán es sinónimo de desconexión, felicidad, tranquilidad, amigos y familia. Vamos todos los fines de semana de invierno y la mayoría de fines de semana durante el resto del año".