La cerámica artesanal vive un auge sin precedentes en redes sociales y mercados locales. Ver cómo se moldea, se hornea y se pinta una taza, un plato o una jarra se ha convertido en una de las actividades más populares en internet y en talleres creativos. Sin embargo, detrás de esa estética cuidada y esos acabados brillantes puede esconderse un riesgo silencioso para la salud.
Estos materiales se emplean, en muchos casos, para conseguir colores intensos o acabados brillantes. El problema aparece cuando la pieza es porosa o no ha alcanzado la temperatura adecuada en su cocción: en esos casos, los metales pueden migrar a los alimentos o bebidas con los que entran en contacto.
La cerámica puede ser peligrosa según como se haga. (Pexels/ Regiane Tosatti)
La exposición prolongada a pequeñas cantidades puede ser especialmente peligrosa en personas vulnerables, como mujeres embarazadas, lactantes o personas con enfermedades renales. Por ello, la farmacéutica recomienda extremar la precaución con cualquier pieza de cerámica hecha a mano que vaya a tener contacto con alimentos.
Si se fabrican para ese fin, es imprescindible utilizar esmaltes certificados como aptos para uso alimentario y cocer las piezas a la temperatura adecuada, normalmente por encima de los 1.200 ºC. Además, en caso de vender o regalar estas piezas, deberían realizarse pruebas de migración en laboratorio para garantizar que no liberan sustancias nocivas.
La cerámica artesanal vive un auge sin precedentes en redes sociales y mercados locales. Ver cómo se moldea, se hornea y se pinta una taza, un plato o una jarra se ha convertido en una de las actividades más populares en internet y en talleres creativos. Sin embargo, detrás de esa estética cuidada y esos acabados brillantes puede esconderse un riesgo silencioso para la salud.