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Ni los ojos ni la mandíbula: esta es la parte de tu cuerpo que puede determinar tu nivel de estrés, según un estudio
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Ni los ojos ni la mandíbula: esta es la parte de tu cuerpo que puede determinar tu nivel de estrés, según un estudio

Las aplicaciones de este descubrimiento van mucho más allá de la neurociencia experimental

Foto: Reprimir nuestras emociones puede generarnos altos picos de estrés. (Pexels)
Reprimir nuestras emociones puede generarnos altos picos de estrés. (Pexels)

Durante años, los signos del estrés se han buscado en la tensión de los hombros, en los movimientos de la mandíbula o en la expresión de los ojos. Sin embargo, un reciente estudio de la Universidad de Sussex (Reino Unido) ha revelado un indicador mucho más discreto, pero científicamente revelador: la temperatura de la nariz. Según los investigadores, este pequeño cambio térmico podría convertirse en un nuevo biomarcador del estrés, medible en tiempo real y sin necesidad de palabras.

El hallazgo se produjo gracias al uso de cámaras térmicas de alta sensibilidad capaces de registrar microvariaciones de temperatura en el rostro. Los científicos pidieron a 29 voluntarios que se relajaran escuchando ruido blanco. Sin previo aviso, debían preparar un discurso improvisado sobre “el trabajo de sus sueños” y exponerlo ante un panel de desconocidos. Una situación clásica de presión emocional. Durante esos minutos, las cámaras captaron un descenso de entre tres y seis grados en la temperatura de la nariz. Era una señal inequívoca de la activación del sistema nervioso ante el estrés.

placeholder El estrés puede ser uno de los motivos. (Pexels)
El estrés puede ser uno de los motivos. (Pexels)

“El cuerpo reacciona mucho antes de que seamos conscientes de ello”, explicó la profesora Gillian Forrester, responsable del estudio. “Incluso las personas entrenadas para soportar situaciones estresantes muestran una caída térmica en la nariz. Es una respuesta universal del cuerpo, un marcador biológico del estrés.” Una de las participantes describió la sensación de forma gráfica: “Mientras sentía cómo se me subían los colores a la cara, la cámara térmica mostraba cómo mi nariz se volvía azul.”

La reacción tiene una base fisiológica muy concreta. Ante un estímulo amenazante, el sistema nervioso simpático activa la conocida respuesta de “lucha o huida”. El flujo sanguíneo se desvía de zonas menos prioritarias —como la nariz— hacia los ojos y oídos, que necesitan estar más alerta. El resultado: una nariz más fría y un rostro más concentrado. Un mecanismo que, en la prehistoria, ayudaba a nuestros antepasados a sobrevivir; y que hoy se activa igual ante una reunión de trabajo o una exposición pública.

placeholder Cómo gestionar el estrés laboral. (Pexels)
Cómo gestionar el estrés laboral. (Pexels)

El estudio, publicado junto a otras investigaciones en revistas como International Journal of Molecular Sciences y IEEE Transactions on Biomedical Engineering, demuestra que la termografía infrarroja permite observar estas variaciones térmicas sin contacto y en tiempo real. Esto abre nuevas posibilidades para medir el estrés de forma objetiva, sin depender de cuestionarios o autoinformes, que a menudo están condicionados por la percepción subjetiva del individuo.

Pero la clave no está solo en detectar el estrés, sino también en medir la resiliencia emocional. Los investigadores observaron que, tras la exposición al estrés, la mayoría de los participantes recuperaban la temperatura nasal en pocos minutos. Sin embargo, el tiempo de recuperación variaba de una persona a otra, y esa diferencia podría reflejar la capacidad de cada individuo para gestionar la presión. “El tiempo que tarda la nariz en volver a calentarse podría ser una medida objetiva de resiliencia emocional”, resume Forrester.

Durante años, los signos del estrés se han buscado en la tensión de los hombros, en los movimientos de la mandíbula o en la expresión de los ojos. Sin embargo, un reciente estudio de la Universidad de Sussex (Reino Unido) ha revelado un indicador mucho más discreto, pero científicamente revelador: la temperatura de la nariz. Según los investigadores, este pequeño cambio térmico podría convertirse en un nuevo biomarcador del estrés, medible en tiempo real y sin necesidad de palabras.

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