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María Velasco, psiquiatra infantojuvenil: "La perfección es enemigo de lo bueno y creo que queremos hacerlas perfectas por un tema también muy narcisístico"
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María Velasco, psiquiatra infantojuvenil: "La perfección es enemigo de lo bueno y creo que queremos hacerlas perfectas por un tema también muy narcisístico"

No llegar a todo no convierte a nadie en peor madre o peor padre. De hecho, reconocerlo puede permitir una relación más amable con uno mismo y también con los demás. Menos pendiente de demostrar, y más abierta a acompañar

Foto: La psiquiatra habla sobre la relación de padres e hijos (Aprendemos juntos BBVA)
La psiquiatra habla sobre la relación de padres e hijos (Aprendemos juntos BBVA)

La crianza se ha llenado en los últimos años de exigencias, consejos y modelos imposibles de seguir. Ser buenos padres ya no parece suficiente: ahora también hay que hacerlo todo bien, llegar a todo y, si es posible, hacerlo de manera impecable. Frente a esa presión, la psiquiatra infantojuvenil María Velasco lanza una reflexión incómoda, pero muy reconocible: "La perfección es enemigo de lo bueno" y, en muchos casos, esa búsqueda no responde solo al cuidado de los hijos, sino también a una necesidad adulta de sentirse validado.

Su planteamiento parte de una diferencia que a menudo pasa desapercibida: no es lo mismo querer hacer las cosas bien que querer hacerlas perfectas. Lo primero puede tener que ver con el compromiso, la atención o el deseo de cuidar.

Lo segundo, en cambio, suele arrastrar una carga de autoexigencia mucho más dura. Para Velasco, ahí entra en juego un componente "muy narcisístico", entendido no como vanidad superficial, sino como una forma de necesitar sobresalir y confirmar constantemente que uno está a la altura en todos los ámbitos de su vida.

La especialista describe una realidad bastante común: muchas personas viven divididas en parcelas. Está el trabajo, la pareja, la maternidad o la paternidad, la vida social y la imagen que se proyecta de todo ello. El problema aparece cuando se pretende rendir de forma sobresaliente en cada una de esas facetas al mismo tiempo.

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Esa presión, explica, se ve amplificada por las redes sociales, donde se consumen versiones muy editadas de la vida ajena. “Compramos en las redes sociales que hay personas que llegan a todo”, señala, aunque enseguida matiza que esas no son vidas reales ni personas reales tal y como se muestran ahí. El resultado es una comparación constante con un modelo imposible.

Desde su mirada clínica, esa obsesión por hacerlo todo impecable no solo agota a los adultos, sino que además puede interferir en la relación con los hijos. Cuando la energía está puesta en cumplir con un ideal de perfección, resulta más difícil detenerse, escuchar, aceptar límites y conectar de verdad con lo que pasa en casa.

Velasco plantea que la crianza no necesita tanto padres sobresalientes como adultos disponibles, conscientes y capaces de reconocer hasta dónde llegan. A veces, lo más sano no es esforzarse un poco más, sino frenar. "La vida va mucho de aceptar, de poder parar, hasta aquí llego", resume.

La psiquiatra pone el foco en una idea que suele quedar sepultada bajo la exigencia: los menores no necesitan una versión perfecta de sus padres, sino una relación genuina con ellos. Y esa relación no se construye desde el rendimiento, sino desde la presencia, la escucha y cierta verdad compartida.

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Por eso insiste en la necesidad de hacerse preguntas más básicas y más honestas: qué necesita realmente un hijo, qué necesita el adulto que lo cuida, cómo está esa familia y qué espacio real hay para el vínculo. Según su reflexión, ahí está el corazón de la crianza, mucho más que en cumplir con todas las expectativas externas.

Una de las ideas más interesantes de su discurso es que parar no equivale a rendirse. En una cultura que premia la productividad y la ambición, aceptar que no se puede todo puede vivirse casi como un fracaso. Sin embargo, para Velasco, ese límite bien entendido puede ser una forma de salud mental.

La crianza se ha llenado en los últimos años de exigencias, consejos y modelos imposibles de seguir. Ser buenos padres ya no parece suficiente: ahora también hay que hacerlo todo bien, llegar a todo y, si es posible, hacerlo de manera impecable. Frente a esa presión, la psiquiatra infantojuvenil María Velasco lanza una reflexión incómoda, pero muy reconocible: "La perfección es enemigo de lo bueno" y, en muchos casos, esa búsqueda no responde solo al cuidado de los hijos, sino también a una necesidad adulta de sentirse validado.

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