Adrián Chico, psicólogo: "Puede ser que alguien te rechace porque eres feo para él. Está muy mal decirlo. Pero su gusto no tiene nada que ver contigo, no dice nada de ti"
El psicólogo plantea que alguien no se sienta atraído por ti no dice nada sobre tu valor personal, sino únicamente sobre sus gustos y preferencias
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El rechazo sentimental suele ir acompañado de preguntas incómodas, vueltas mentales y una necesidad casi automática de encontrar una explicación que proteja la autoestima. Muchas veces, además, se recurre a frases que endulzan lo ocurrido para que duela menos. Frente a eso, el psicólogo Adrián Chico propone una mirada mucho más directa, aunque también más útil: no siempre hay un gran motivo oculto detrás de que alguien no te elija, y convertir ese rechazo en un juicio sobre tu valor personal solo empeora las cosas.
Su reflexión parte de una idea clara: "Puede ser que alguien te rechace porque eres feo para él". La frase puede resultar incómoda, precisamente porque rompe con ese discurso tan extendido en redes y conversaciones cotidianas que intenta reinterpretar cualquier rechazo como una prueba de que uno “era demasiado” para la otra persona. Pero Chico insiste en que, aunque decirlo así esté mal y no deba hacerse, eso no define a quien es rechazado.
El psicólogo recuerda que todo lo relacionado con la atracción física o con el gusto personal habla, sobre todo, de quien mira. Es decir, de sus preferencias, sus códigos y su manera de desear. No de una verdad objetiva sobre la persona que tiene delante. Por eso defiende que una crítica o una falta de interés basada en la apariencia "dice algo del otro y sus gustos, nunca de ti".
La idea es sencilla, pero no siempre fácil de asumir. Cuando alguien gusta mucho, cualquier gesto de desinterés puede vivirse como una invalidación completa. Sin embargo, Chico plantea que el hecho de no encajar en el deseo de una persona no convierte a nadie en menos atractivo, menos valioso ni menos digno de ser querido.
Otra de las ideas que desmonta es la tendencia a buscar lecturas épicas o demasiado complejas detrás de cada decepción amorosa. A veces no hay un gran trauma, ni una incompatibilidad trascendental, ni una historia secreta de miedo al compromiso. A veces, simplemente, no le interesabas. Y asumir eso, por duro que resulte, puede ser más sano que construir explicaciones falsas para sentirse mejor durante un rato.
Chico señala que en redes sociales se repite mucho la idea de que si alguien te rechaza es porque no pudo con tu intensidad, con tu valor o con lo mucho que ofrecías. Pero él introduce un matiz importante: "Igual no es que eras demasiado, es que no le interesabas y punto". Desde su enfoque, aceptar esa posibilidad también forma parte de una relación más madura con uno mismo.
Lo que plantea el psicólogo no busca normalizar la crueldad ni justificar comentarios hirientes. De hecho, subraya que decirle a alguien que lo rechazas por su físico está mal y no debería hacerse. Pero una cosa es poner límites al daño y otra muy distinta convertir cada rechazo en una tragedia identitaria.
El punto central de su reflexión es que el gusto ajeno no es un veredicto sobre quién eres. Que una persona no te encuentre atractivo no impide que otra sí lo haga. Y, sobre todo, no cambia tu valor como persona. El problema aparece cuando se confunde la falta de deseo del otro con una verdad definitiva sobre uno mismo.
En ese sentido, Adrián Chico propone trabajar el rechazo desde un lugar menos idealizado y también menos cruel. No maquillarlo con frases grandilocuentes, pero tampoco usarlo para confirmar inseguridades antiguas. Hay algo liberador en aceptar que no se le puede gustar a todo el mundo y que eso no debería convertirse en una amenaza constante para la autoestima.
A veces, la forma más sana de atravesar un rechazo no pasa por convencerse de que el otro se lo pierde, sino por entender que sus preferencias le pertenecen a él y no tienen poder para definirte.
Porque sí, el rechazo puede doler. Pero no todo dolor tiene que convertirse en una herida contra la identidad. Y quizá una parte importante del bienestar emocional empiece justo ahí: en dejar de interpretar cada “no” como una sentencia sobre uno mismo.
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El rechazo sentimental suele ir acompañado de preguntas incómodas, vueltas mentales y una necesidad casi automática de encontrar una explicación que proteja la autoestima. Muchas veces, además, se recurre a frases que endulzan lo ocurrido para que duela menos. Frente a eso, el psicólogo Adrián Chico propone una mirada mucho más directa, aunque también más útil: no siempre hay un gran motivo oculto detrás de que alguien no te elija, y convertir ese rechazo en un juicio sobre tu valor personal solo empeora las cosas.