Tener un buen círculo social no depende tanto de encajar en todas partes como de saber reconocer qué lugares y qué personas resultan realmente saludables. Sobre esa idea reflexiona la psicóloga Alba Cardalda, que pone el foco en una cuestión sencilla en apariencia, pero muy relevante en la práctica: la importancia de construir vínculos recíprocos, sostenidos y emocionalmente seguros.
Tu círculo social depende de las personas que te eligen y tú eliges (Pexels)
Su planteamiento parte de una frase clara: “la primera norma para tener un buen círculo social es elegir a las personas que te eligen a ti”. Detrás de esa idea hay una forma concreta de entender las relaciones, menos centrada en la aprobación externa y más en la calidad del vínculo. No se trata de estar rodeado de mucha gente ni de sentirse válido por ser aceptado en cualquier grupo, sino de aprender a identificar dónde uno ocupa un lugar real, estable y respetado.
Cardalda cuestiona así una visión bastante extendida de las relaciones sociales, esa que presenta el vínculo casi como una habilidad para adaptarse a cualquier entorno o gustar a todo el mundo. Frente a eso, propone mirar menos la cantidad de conexiones y más la experiencia emocional que generan. Estar en un grupo no siempre significa sentirse acompañado, del mismo modo que tener muchas relaciones no garantiza una red de apoyo verdadera.
Desde esta perspectiva, un círculo sano no se mide por el número de personas que lo forman, sino por cómo es el lugar que cada uno ocupa dentro de él. La psicóloga sugiere que la diferencia está en rodearse de personas que sostienen, respetan y permanecen, tres elementos que cambian de manera profunda la forma en la que una persona se relaciona con los demás, pero también consigo misma. Cuando el vínculo ofrece seguridad y reconocimiento, disminuye la necesidad de estar demostrando continuamente el propio valor.
La diferencia está en rodearse de personas que sostienen, respetan y permanecen (Pexels)
La reflexión también toca una cuestión importante en tiempos en los que la vida social puede estar muy atravesada por la visibilidad, la pertenencia o la validación constante. Cardalda recuerda que no es un asunto de popularidad, sino de “criterio afectivo”. Es decir, de saber discriminar qué relaciones merecen realmente espacio en la vida propia y cuáles, aunque existan, no ofrecen el cuidado o la reciprocidad necesarios.
Ese cambio de mirada tiene implicaciones claras en el bienestar emocional. Elegir a quienes también eligen implica dejar de perseguir vínculos ambiguos, poco disponibles o desequilibrados, y empezar a valorar más la coherencia, la estabilidad y el respeto mutuo. No siempre resulta fácil, porque muchas personas han aprendido a priorizar la aceptación antes que la reciprocidad, pero revisar esa lógica puede transformar de forma importante la calidad de las relaciones.
Tener un buen círculo social no depende tanto de encajar en todas partes como de saber reconocer qué lugares y qué personas resultan realmente saludables. Sobre esa idea reflexiona la psicóloga Alba Cardalda, que pone el foco en una cuestión sencilla en apariencia, pero muy relevante en la práctica: la importancia de construir vínculos recíprocos, sostenidos y emocionalmente seguros.