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Las perlas de Ohrid, un tesoro con receta secreta

En la vieja ciudad de Ohrid, en el suroeste de Macedonia, se elaboran desde hace ochenta años perlas que deben su originalidad a unas emulsiones secretas
Foto: Las perlas de Ohrid, un tesoro con receta secreta
Las perlas de Ohrid, un tesoro con receta secreta
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    En la vieja ciudad de Ohrid, en el suroeste de Macedonia, se elaboran desde hace ochenta años perlas que deben su originalidad a unas emulsiones secretas obtenidas de las escamas de una especie de pez.

    La ‘Perla de Ohrid’, uno de los imanes de esa localidad de gran atractivo turístico, es conocida con ese nombre desde 1935. Fue por esas fechas cuando la gente adinerada de las grandes ciudades macedonias empezaba a visitar Ohrid para comprarse una cadena, pendientes o brazalete de perlas, que eran todo un símbolo de estatus social. Muy pronto, la moda se difundió por todos los Balcanes.

    La perla de Ohrid tiene una base nacarada de moluscos del mar del Japón, el mar Rojo y el océano Índico, pero que no tiene de por sí gran valor, según afirma Mihail Filev, un artesano que se dedica a la elaboración de perlas en esa ciudad. "A la perla le da un auténtico valor la capa de la emulsión que se prepara de las escamas del pez llamado 'plasica'", dice Filev. ‘Plasica’, palabra que en macedonio significa "la que tiene miedo", es un pez de la familia Cyprinidae, de entre 5 y 15 centímetros de tamaño, y de un intenso color plata.

    Las fases de elaboración de la perla de Ohrid

    Primero, las perlas que se importan de los mares asiáticos se ponen en palillos, se ordenan en línea de un metro de largo, y, acto seguido, los artífices empiezan a cubrir una por una, con la emulsión que aplican con cepillos de piel de ardilla.

    Después de 45 minutos, que es el tiempo necesario para que se seque la emulsión, se aplica otra mano más. Son necesarias cinco o seis capas. Antes del uso, la emulsión se guarda durante seis semanas en condiciones especiales, que se mantienen en secreto al igual que su composición.

    Los artesanos de Ohrid señalan que de ese negocio se vive bien, porque sus perlas son muy apreciadas, en especial por los turistas. Especialmente orgullosos se muestran de que las perlas de Ohrid se encuentren en la colección de joyas de la reina Isabel II de Inglaterra y que también le hubieran gustado a la asesinada ministra de Asuntos Exteriores sueca Anna Lindh.

    Las perlas se venden en las tiendas del casco viejo de Ohrid y en talleres en las zonas más visitadas de esa ciudad, como el peñasco de Plaosnik, que domina la ciudad y se encuentra por debajo de la gran fortaleza medieval del emperador Samuel.

    "Mis perlas son de 5 a 35 euros. Tenemos blancas y negras. Mira cómo brillan", dice Violeta en su taller-tienda, ubicado en el patio de un templo ortodoxo en el que se guardan las reliquias de San Clemente (Sveti Kliment, en macedonio). San Clemente de Ohrid inventó en el siglo IX el alfabeto cirílico, que se usa hasta hoy en la mayoría de los pueblos de origen eslavo, desde los Balcanes hasta Vladivostok, en el extremo oriental de Rusia.

    La historia de la perla de Ohrid comenzó en 1924, cuando la familia Talev compró la fórmula secreta de la emulsión de un antiguo soldado que participó en las guerras entre las fuerzas del zar Nicolás II y los bolcheviques en la zona del lago Baikal. Pagaron entonces toda una fortuna, de 25 monedas de oro, que, según la historia, el ex soldado gastó pronto en las tabernas de Ohrid. Y mientras tanto, los artesanos de la familia Talev adquirieron en Palestina los equipos para la elaboración de las perlas cuyo secreto ha llegado hasta nuestros días.

    Los lagos Ohrid y Baikal, en Siberia, aunque distantes, tienen algo en común: son de los más antiguos del mundo, formados en el plioceno, hace cinco millones de años. Los secretos de elaboración de la perla de Ohrid se esconden bien y se transmiten de generación en generación sólo de forma oral entre un reducido número de artesanos.