La de Kate es una 'baratija': estas son las ocho tiaras reales más espectaculares de Europa
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coronan las cabezas de las 'royals'

La de Kate es una 'baratija': estas son las ocho tiaras reales más espectaculares de Europa

Hoy en 'Vanitatis' repasamos las ocho tiaras más espectaculares que han lucido las damas de las distintas casas reales europeas

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Las tiaras son las joyas más preciadas por las mujeres de las familias reales. Las hay de diversas formas -grandes, pequeñas, con diamantes, con piedras preciosas- pero cada una de ellas posee una historia y un significado detrás. Son muchas las ocasiones en las que las diademas roban el protagonismo de la dama que las luce y se convierten en un verdadero 'objeto de deseo'. Esto mismo sucedió este martes cuando la duquesa de Cambridge apareció con la tiara de la Flor de Loto, y eso que es una de las joyas más discretas del joyero británico. Hoy en 'Vanitatis' repasamos las ocho tiaras más espectaculares de las familias reales de Europa.

Tiara Braganza

Es una de las tiaras más grandes que existe en el mundo ya que pesa más de 1 kilo y mide 50 centímetros. Es de estilo neoclásico y está realizada con diamantes brasileños. Fue un regalo que el emperador Pedro I de Brasil, duque de Braganza, le hizo a su segunda esposa, Amelia de Leuchtenberg, con motivo de su enlace matrimonial en 1829. Al morir sin herederos -su única hija falleció a los 21 años-, Amelia le dejó la tiara a su hermana, Josefina de Leuchtenberg, esposa de Óscar I de Suecia. La diadema fue pasando de reina en reina hasta Silvia, quien la ha llevado en varias ceremonias de los premios Nobel y en el enlace matrimonial de su hija, la princesa Victoria, con Daniel Westling.

Tiara de la Flor de Lis

La diadema de la Flor de Lis fue encargada por el rey Alfonso XIII a la conocida joyería Ansorena –la misma en la que Felipe compró la tiara Princesa– para regalársela a su futura esposa, Victoria Eugenia. En su testamento, la madre del conde de Barcelona la incluyó en el lote de las joyas ‘de pasar’, una colección de alhajas que deberán 'pasarse' de reina a reina. Desde entonces ha coronado la cabeza de Sofía numerosas veces. Por el momento, parece que Doña Letizia no se atreve con esta tiara, siendo como es la tiara española por excelencia, pues es la que simboliza la monarquía borbónica.

Tiara Rusa

La familia real británica es una de las que posee un joyero más valioso. Entre sus piezas más simbólicas está la tiara Rusa, que está formada por setenta barras de platino con 488 diamantes incrustados y se inspira en los 'kokoshnik', los tradicionales tocados rusos. Fue un regalo que una aristócrata le hizo a la reina Alejandra, esposa del rey Eduardo VII, con motivo de la celebración de sus bodas de plata. Como la diadema fue (supuestamente) un presente del pueblo británico, pasó a formar parte de la colección real. Actualmente, es una de las joyas favoritas de la reina Isabel II, quien la ha lucido en más de una decena de ocasiones.

Tiara de los rubíes

Esta espectacular tiara fue estrenada en 1804 cuando Désirée Clary, esposa del mariscal Jean Baptiste Bernadotte (después rey Carlos XIV Juan de Suecia), la llevó en la coronación de Napoleón. La diadema está realizada con diamantes y rubís y representa adornos florales. Désirée dejó la joya a su nuera, Josephine de Leuchtenberg, y esta se la dio a su nieta, la princesa Luisa de Suecia, cuando iba a casarse con Federico VIII de Dinamarca. Tras varios años siendo lucida por damas de la familia real danesa, la diadema acabó en posesión de la reina Ingrid de Dinamarca, quien, curiosamente, había nacido como princesa de Suecia. Esta fue una de las diademas favoritas de Ingrid y al fallecer en noviembre de 2000 se la dejó a su nieto, el príncipe Federico, para que fuera lucida por su futura esposa. Desde que la princesa Mary se casó con Federico en 2004 ha llevado la tiara en numerosas ocasiones.

Tiara de Zafiros

Desde que Máxima la lució en la investidura de Guillermo Alejandro en abril de 2013, la tiara de Zafiros se ha convertido en una de las más icónicas de la realeza europea. La diadema, que es un diseño de la joyería Mellerio, fue un regalo que el rey Guillermo III de los Países Bajos le hizo a su esposa, la reina Emma. La tiara está realizada con 31 zafiros y 655 diamantes de Sudáfrica. Al fallecer, la reina Emma le dejó la joya a su nieta, la reina Juliana, y esta a la reina Beatriz. La tiara forma parte de un 'parure' que consta de dos brazaletes, un collar, unos pendientes y un broche.

Tiara del Imperio Belga

Es la tiara más valiosa de la familia real belga. Fue un regalo que el pueblo le hizo a la reina Astrid con motivo de su enlace matrimonial con el rey Leopoldo III. La diadema tiene forma de 'bandeau' y sobresalen once adornos triangulares que representan las nueve provincias de Bélgica, la ciudad de Bruselas y el Congo, su antigua colonia. Fue la tiara que la reina Fabiola llevó el día de su boda con el rey Balduino y ha sido lucida por la reina Paola en infinidad de ocasiones. La reina Matilde no pudo llevarla hasta julio de 2013 cuando su marido fue proclamado rey, pues es una tiara reservada solo a soberanas o consortes.

Tiara Gran Ducal

Es otra de las diademas más grandes del mundo. Su primera propietaria fue Isabel Mikhailovna de Rusia, quien al casarse con el gran duque Adolfo de Luxemburgo la entregó como parte de su dote. Desde entonces, ha sido lucida por la mayoría de las grandes duquesas de Luxemburgo como la gran duquesa Carlota, la gran duquesa Josefina Carlota y la gran duquesa María Teresa.

Tiara de las Esmeraldas

La tiara de las Esmeraldas, realizada con diamantes y esmeraldas, perteneció a la emperatriz Josefina, esposa de Napoleón. Josefina dejó la diadema a su hijo, Eugenio de Beauharnais, que se la regaló a a su hija Amelia, al casarse con Pedro I de Brasil. Como ocurrió con la tiara Braganza, Amelia le dejó la joya a su hermana, la reina Josefina de Suecia. Finalmente, y tras pasar por varias cabezas, la diadema acabó en manos de la reina Marta, esposa del rey Olav V. Actualmente, es la tiara favorita de la reina Sonia, que, como soberana consorte, es la única que puede lucirla.

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