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el libro ya está a la venta

Los nueve extractos más jugosos de las memorias de Manuel Prado de Carvajal

Las memorias del que fue mano derecha de don Juan Carlos, que falleció en 2009, ven por fin la luz. Aquí los párrafos más polémicos que desgranan la Historia de España

Foto: Manuel Prado con la reina Sofía. (Fotos cedidas por la editorial Almuzara)
Manuel Prado con la reina Sofía. (Fotos cedidas por la editorial Almuzara)

Las memorias del fallecido Manuel Prado de Carvajal, quien fuera mano derecha del Rey, por fin salen a la luz. Vanitatis ha tenido acceso en primicia al contenido de este libro. En el prólogo, Prado de Carvajal escribe que ha tardado casi una década en publicar este libro y que lo hace "para que mis hijos sepan que su padre no ha sido el delincuente, el estafador, el beneficiado intendente real con que ha sido mostrado en el cadalso del escarnio público". Y advierte desde el principio que no van a encontrar en sus líneas críticas a don Juan Carlos.

"Siento decepcionar al lector atraído por el látex del morbo". Sin embargo, en sus páginas se despacha con sus enemigos y antiguos amigos. Y, sobre todo, habla de la enorme pompa del caso KIO que le llevó a prisión, el cual lo relata con detalle: "Yo era, como han dicho cual melopea, el intendente, el administrador de los dineros privados del Rey. Formaba parte de lo que la prensa más acerada, que hasta entonces había respetado la figura de don Juan Carlos, daba en llamar 'los amigos de Juanca'. Yo era y sigo siendo no un 'amigo de Juanca', sino de don Juan Carlos I, Rey de España". Pasen y lean el libro que edita Almuzara, la editorial del exministro Manuel Pimentel.

Manuel Prado navegando con el Rey. (Fotografías de la editorial Almuzara)
Manuel Prado navegando con el Rey. (Fotografías de la editorial Almuzara)

Su paso por la cárcel y el Rey

Manuel Prado y Colón de Carvajal ingresó el 26 de abril de 2004 en la cárcel de Sevilla para cumplir una condena de dos años por el caso Wardbase, que investigaba si el pago de 2.000 millones de pesetas (unos 12 millones de euros) del Grupo Torras en 1992 que recibió el exembajador fue consentido por el principal accionista del holding (la sociedad kuwaití de inversiones KIO) o si –tal y como consideró el tribunal finalmente– fue ordenado por iniciativa de De la Rosa sin el conocimiento de la compañía. Al respecto, el amigo de don Juan Carlos dice:

"Quedé exonerado por lo civil en Londres y por lo penal en Kuwait, al final del largo túnel del caso KIO me cayó la mareante cifra de 700 millones de pesetas por responsabilidades civiles. (...) ¿Y el Rey? ¿Qué sentía o pensaba don Juan Carlos entre tanta escandalera nacional? Él andaba preocupado por ser amigo de Manolo, pero poco más. (...) No tenía nada que temer. Se me crea o no. Por decirlo de algún modo, aunque yo seguía acudiendo a la Audiencia Nacional por requerimiento de la jueza Palacios, el Rey seguía tan pancho. Entiéndanlo en el buen sentido. No tenía nada que temer". Y añade:

"En aquel tiempo infausto en la cárcel, nunca me sentí olvidado por don Juan Carlos. He de decir que solía llamar frecuentemente a mi familia para preguntar por mí. (...) Pese a la precariedad de mi ánimo, solía enviarme carta de forma regular, escritas en papelajos de los más cutres. Y a modo de broma, en el remite le escribía nombres de ciudades como Cannes, Saint-Tropez o Acapulco, como si yo estuviera disfrutando de unas relajantes vacaciones".

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Cronista real en la cárcel

"Cuando estuve en la cárcel tuvo lugar la boda del príncipe Felipe con Letizia Ortiz. (...) Cada vez que le contaba al Rey cómo vimos en prisión la boda del Príncipe se mondaba de la risa. Llegado el esperado les dije a mis compañeros de celda si querían ver la boda desde mi celda. Dicho y hecho. Colocamos una modesta televisión y unas sillas a modo de cineclub. Se divertían de lo lindo cuando yo les iba refiriendo quién era Fulano. (...) Les hice de cronista real. (...) Alguién dijo en plan guasón: ¡Viva el Rey!".

Las leyendas sobre doña Sofía

"Otra leyenda negra atribuida a la persona de la Reina es la referida a sus intromisiones en las relaciones de pareja respecto a sus hijos. Como toda madre, siempre ha querido lo mejor para ellos, pero conociéndola, como la he conocido, he de decir que siempre ha tenido claro que la felicidad o infelicidad de sus hijos era cosa de ellos. Su predilección tal vez por el príncipe Felipe sea comprensible. (...) Aunque suene rudo, es pura ley animal de la que no está exenta ni la sangre azul".

"Pocas reinas en el mundo pueden presumir de repetir vestuario. Este es un rasgo que la honra, ya que evidencia su sencillez y espontaneidad natural en todo lo referente a la galanura y demás trasuntos de los fondos de armario. No le van los excesos incluidos los culinarios".

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Abajo Aznar y arriba: Pujol

"Luego vendría Aznar. Y a mi juicio ni él ni su Gobierno desarrollaron nunca una política adecuada de cálido acercamiento con América del sur. Habría quien rebata indignado lo que digo, pero lo digo".

"Jordi Pujol solía llamarme varias veces para que hiciera de paloma mensajera en asuntos que él quería que llegaran a Zarzuela de manera confidencial. En la biografía de Pujol quedan algunos manchurrones como los del caso de la Banca Catalana, que no entro a valorar. Sí resaltaré otra vez su valía como político y estadista. Sabía que España y Cataluña debían vivir en régimen convencional, por mucho que una le estropeara a la otra la ropa puesta a secar regando las macetas. Esta idea recíproca de lealtad me la subrayaba para que la hiciera llegar al Rey cada dos por tres".

Sobre el secuestro de su hermano por ETA

"Barrionuevo y Vera se comportaron conmigo como excelentes personas. Hicimos buen amistad y les debo mi gratitud y la de mi familia. Trataron con sumo cuidado a mi hermano Diego cuando se veían en la obligación de requerirle por favor cierta información de lo que recordaba del zulo y de los etarras. (...) Comprendo que los apestados a día de hoy Vera y Barrionuevo quisieran seguir erre que erre con las pistas que pudieran ofrecerle yo o mi hermano para facilitar las labores policiales. Llegó un momento en el que decidí inventarme la historia para quitármelos de enmedio, en el buen sentido del término".

La relación con Sabino Fernández Campos

"Estando yo en Sevilla, Sabino me telefoneó un día para que fuera a Madrid a hablar con él. (...) Soltó por fin el engrudo que llevaba dentro de la garganta. "No puedo más", me dijo. Estaba asaeteado por problemas privados de orden familiar, a lo que se unía su despego progresivo de Zarzuela y, en consecuencia, del monarca. (...) Al cabo acudía a Zarzuela con tal encargo y le expresé al Rey la confidencia de Sabino. He aquí donde, desde fuera, se ha querido enturbiar mi relación con Sabino".

Su papel en el 23-F

"El Rey me pidió que llamara a Castedo a Prado del Rey. Así lo hice. Muchos han querido desdecirme, pero fui yo quien llamé a Castedo diciéndole que el Rey quería hacer unas declaraciones en televisión y solicitaba el envío de una unidad móvil. Castedo me espetó lo siguente: 'Manolo, no sé de qué estás hablando. Ahora estoy ocupado y no puedo atenderte'. Aquello tenía un tufillo sospechoso y deduje que Prado del Rey estaba tomado por los militares, como así fue".

"Se ha dicho, entre muchas otras infamias, que el Rey se encontraba en el momento del óbito de doña Federica con Armada, ese felón, el cual intentaba convencer de la necesidad de un golpe para reconducir la situación flanqueante de España".

Los petrodólares y Suárez

"De ahí mi rabia a que pronto se diera aceite a la rumorología de que yo había aprovechado mis viajes a Arabia para hacer un fortunón personal a costa del petróleo y de la financiación de los partidos. (...) Se ha insinuado incluso que estuve comisionado por el Rey para conseguirle dineros personales, cuando fue Adolfo Suárez el que me envió a esta misión de los petrodólares".

Diplomático 'outsider'

"Yo, Manolo Prado: diplomático 'outsider' por la gracia de Dios y de España (...) desde mi despacho en la trastienda trabajé esos acercamientos entre el joven abogado de la chaqueta de pana de nombre Felipe González y don Juan Carlos. Era el momento de desembalar el caracter siempre oficioso y confidencial que tenían siempre estos contactos. Había ganas de librarnos de las ataduras y teníamos que arreglárnoslas."

Casas Reales

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