Irene de Grecia y su viaje con cien vacas de Alemania a India
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35 ANIVERSARIO

Irene de Grecia y su viaje con cien vacas de Alemania a India

La hermana de la reina Sofía cuenta aquel primer viaje con las vacas como una aventura extraordinaria a la que llegó por una increíble confabulación del destino y que cambió su vida

Foto: La princesa Irene de Grecia, en una imagen de archivo. (EFE)
La princesa Irene de Grecia, en una imagen de archivo. (EFE)

Se cumplen estos días 35 años de un sorprendente viaje de la princesa Irene, hermana de la reina Sofía. Un viaje del que ella misma ha hablado como "uno de los mejores de su vida". Todo empezó tras el fallecimiento en 1981 de la reina Federica, con la que la princesa Irene vivía largas temporadas en Madrás. Fue un momento doloroso para toda la familia y que precipitó a la princesa a centrarse en sus estudios filosóficos en la India.

Años después, en 1985, la noticia de que la Unión Europea planeaba matar a cuatro millones de vacas para limitar la producción de leche y de este modo mantener artificialmente los precios de mercado escandalizó a medio mundo, también a la princesa: “Los que toman la decisión de matar animales o destruir alimentos porque hay excedente no son personas extremadamente inmorales, pero lo que hacen si resulta inmoral. Es la economía sin corazón la que convierte este tipo de situaciones en un problema”, confesó Irene después sobre este asunto.

Foto: Irene de Grecia, con la reina Sofía. (EFE)

Ante semejante situación, la hermana de la reina Sofía pasó de la reflexión, el estudio y el análisis a la acción moral y ética: “Yo estaba en la India haciendo mis estudios de análisis comparativo entre griegos e hindúes y sobre filosofía. Además, me ocupaba de la Fundación del profesor Mahadevan (director del departamento de filosofía en la Universidad de Madrás). Estaba feliz y organizada, aunque mi madre y el profesor habían fallecido. De repente, leí en el periódico que en Alemania estaban matando vacas porque había excedente de leche. Viviendo en la India era muy sensible a las vacas, porque allí las cuidan y las quieren mucho, y la noticia me impresionó".

Un día, un viejo sabio hindú, un shankara, le dijo: “Esta usted pendiendo su tiempo. Mientras usted medita, centenares de miles de niños indios están subalimentados e incluso mueren de hambre; al mismo tiempo Alemania y Francia están matando vacas que podrían alimentar con su leche a esos niños. Usted podría, en vez de meditar, trabajar para abrir puertas. Los responsables de esta barbaridad le escucharán, y usted podrá conseguir que en lugar de asesinar a sus vacas las manden a la India”. Dicho y hecho. Irene viajó entonces a Europa, donde durante los meses siguientes descubrió más sobre los excedentes: se destruían toneladas de alimentos y no solamente en Alemania, sino en toda la Unión Europea.

placeholder La princesa Irene, en una imagen de archivo. (Getty)
La princesa Irene, en una imagen de archivo. (Getty)

El rey Juan Carlos intentó ayudar a la princesa, pero sin éxito. Pidió ayuda al filántropo y humanista Diego Hidalgo, amigo personal del emérito. Telefoneó a su despacho y le dijo: “Mi cuñada Irene, la persona con el corazón más grande que conozco, ha convertido su vida en una cruzada para enviar vacas a la India. Yo he intentado ayudarla, pero no lo he conseguido. Hablé con el canciller Kohl y me prometió mandar mil vacas, pero hace tres días me llamó y me dijo que como máximo podría mandar cincuenta, porque los Verdes le habían dicho que un envío de vacas alemanas a la India habría significado la muerte de todas ellas. Además, transportar una vaca de Europa a la India cuesta dos mil dólares. Como la princesa se ha comprometido a mandar veinte mil vacas tenemos un gran problema”.

Diego Hidalgo, a pesar de haber hecho un MBA en Harvard o haber trabajado en el Banco Mundial durante muchísimos años, reconocía que el proyecto era muy difícil de realizar, pero hizo una reflexión sobre la princesa interesante: "Comprobé que tiene cinco cualidades en grado superlativo: bondad, idealismo y pasión por ayudar a los menos favorecidos, inteligencia y al mismo tiempo tenacidad”. Le impresionó su personalidad e hizo lo imposible para ayudarla. Fue fundamental en ese propósito conseguir un informe que acreditara la viabilidad del traslado. Y el informe fue positivo.

placeholder Irene de Grecia y la reina Letizia, este verano. (EFE)
Irene de Grecia y la reina Letizia, este verano. (EFE)

Tras conseguir los permisos de las autoridades indias y alemanas, se dictaminó que las vacas deberían viajar por avión, sin tiempo para incubar enfermedades y a su llegada ponerlas en cuarentena. En la India había una organización muy eficiente, la National Dairy Development Board, con capacidad para albergar y cuidar vacas en ese periodo peligroso. Con el informe de Irene de Grecia, se consiguieron donaciones de gran importancia como la obtenida por el Partido Conservador del Reino Unido.

Y llegó el viaje: "Tenía mucho miedo, igual que las vacas. No sabía si iba a salir bien o no todo aquello. En nuestro avión cabían cien, más hubieran sido demasiadas. Nuestro destino era Bangalore, en el sur de la India, donde se había preparado un sitio para las vacas. Allí debían permanecer durante la cuarentena. La burocracia fue ingente en todo el proceso: cada vaca tenía su pasaporte con su dibujo, sus manchas características en blanco, su pedigrí… Todas eran frisonas. ¡Tenían casi más pedigrí que yo!”, contaba la princesa entre risas años después.

placeholder La princesa Irene, en una imagen reciente. (EFE)
La princesa Irene, en una imagen reciente. (EFE)

La hermana de la reina Sofía no dudó en viajar en el mismo avión que las vacas: “El piloto, que era polaco, acababa de llevar al papa Juan Pablo II, y ahora se veía transportando cien vacas a la India. Los animales estuvieron nerviosos durante la primera media hora, pero después se tranquilizaron. A lo largo de las catorce horas de viaje, tuvimos que hacer una parada técnica y el piloto aterrizó muy lentamente para que las vacas no se cayeran. Recuerdo que, en el momento del aterrizaje, el olor envolvía todo el avión y hacía la atmosfera casi irrespirable".

Llegaron de noche y les recibieron los expertos de la administración de las cooperativas oficiales y todos sus ayudantes. Cuando comprobaron que todo era correcto, las vacas desembarcaron. "Las vacas no daban muestra de ningún cansancio, las recibieron con mucha alegría: les pusieron inmediatamente una pintura roja entre los ojos y unos collares de flores. Nuestra llegada se convirtió en una fiesta en la que ellas eran las protagonistas. Una persona se acordó de mí y me preguntó si quería cenar con ellos, y yo le respondí que encantada. Las vacas fueron a su campo de acogida y yo me fui al hotel con los oficiales”.

placeholder Irene de Grecia y la reina Sofía, en un acto público en Madrid. (EFE)
Irene de Grecia y la reina Sofía, en un acto público en Madrid. (EFE)

En el ascensor del hotel, Su Alteza se miró en el espejo y se dio cuenta de que estaba despeinada y con un aspecto muy descuidado. Además, su olor no era exactamente el de una princesa: "De pronto me di cuenta de que olía a vaca, después de estar tantas horas con ellas. Enseguida me fui a duchar y después cené con mis anfitriones, que era muy simpáticos y hospitalarios. Aquel fue uno de los mejores viajes de mi vida".

Para Irene, aquello fue como transportar una fábrica de leche y de terneros pequeños. Algunos criticaron el viaje de llevar vacas a otro lugar del mundo, pero para los indios fue algo natural y preguntaban si había más. Tras la cuarentena, los representantes de las cooperativas llamaron a cada zona para que recogieran su animal. Debían pagar una pequeña cantidad con el objeto de que valoraran más las vacas y así que las cuidaran mejor.

placeholder Irene de Grecia, junto a su hermana en una imagen reciente en Atenas. (EFE)
Irene de Grecia, junto a su hermana en una imagen reciente en Atenas. (EFE)

Aquella aventura solidaria fue la primera de muchas que llegarían después. "Decidimos crear una asociación para gestionarlo todo. Esto cambió mi vida, no sabía nada de la agricultura de la India o de Europa, pero tuve que ponerme manos a la obra rápidamente. Fue difícil, pero en aquel momento llegó una señora que quería darme la recaudación de un concierto para el transporte de las vacas y tuve que crear la infraestructura para recibir el donativo. Pusimos una oficina gracias a la generosidad del Banco Central, y a partir de entonces el traslado de vacas se hizo con asiduidad".

El proyecto se extendió por ramales inusitados. Por ejemplo, en los prolegómenos de la guerra del Golfo, en otoño de 1990, las fronteras occidentales de Jordania quedaron cerradas a causa de los preparativos bélicos, y la princesa Irene consiguió que se transportaran desde la India centenares de vacas con sus crías, cuya leche alimentó a muchos niños jordanos durante los meses que pasaron hasta el desenlace final del conflicto en la primavera de 1991.

Aquel viaje dio un propósito nuevo a la vida de la princesa, un propósito que ya nunca la abandonó: “Tuve con aquel primer viaje un momento muy satisfactorio para mí. Cuando haces bien a los demás te da alegría, satisfacción y paz”.

Eva Celada Bibliografía. Libro 'Irene de Grecia, la princesa rebelde' (Plaza y Janes 2007). Autor: Eva Celada

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