La reina Letizia y Sonsoles Ónega, una amistad discreta que sobrevive al trabajo y el Palacio desde hace 25 años
La presencia de la Reina en la despedida de Fernando Ónega confirma un vínculo nacido en CNN+ que ha resistido a cambios de vida, polémicas y secretos
Es conocido que la reina Letizia, antes que reina, es humana y actos como los de acompañar a Sonsoles Ónega en uno de los días más difíciles de su vida lo demuestra. "He venido a darle un abrazo a mi amiga", dijo la mujer Felipe VI ante los medios en la capilla ardiente de Fernando Ónega. Y es que la relación de las periodistas, forjada hace más de 25 años, ha resistido a un matrimonio real, secretos y la exposición mediática de dos mundos que en principio podrían repelerse, pero que en el fondo se atraen. Porque antes de discursos institucionales y reverencias, hubo guardias compartiadas en televisión, cafés de madrugada y cierres de última hora.
La historia de esta amistad comienza a finales de los noventa, en la redacción de CNN+. Allí coincidieron dos jóvenes que compartían ambición profesional y una idea casi romántica del oficio. Letizia Ortiz, formada en prensa escrita y con experiencia internacional, y Sonsoles Ónega, hija de uno de los nombres imprescindibles de la radio y la televisión en España. El periodismo era para ambas algo más que un trabajo: era herencia, vocación y carácter.
"Todos queríamos ser Fernando Ónega. Tuve la suerte de conocer a una de sus hijas en uno de los trabajos en los que era redactora, así que pasó a ser, además de un referente, el padre de mi amiga", recordaba esta semana la Reina. Fue ese el inicio de una relación que ha durado un cuarto de siglo y por la que ambas han transitado con apoyo mútuo en los momentos más complicados, y más felices de la otra.
El secreto mejor guardado del noviazgo con Felipe
La prueba de fuego de esa amistad llegó pocos años después. Cuando comenzaron los rumores sobre un posible noviazgo entre Letizia Ortiz y el entonces príncipe Felipe. La presión mediática era asfixiante. En las redacciones se especulaba con nombres, se cruzaban confidencias y se buscaban confirmaciones que nadie conseguía. Casi nadie.
Sonsoles lo sabía. Era una de las personas del círculo íntimo que conocía la relación antes de que se hiciera pública. Y, sin embargo, guardó silencio. En un contexto en el que la exclusiva del siglo podía cambiar carreras, eligió proteger a su amiga. El periodista Martín Bianchi, experto en Casa Real, ha explicado en algunas ocasiones que "Sonsoles fue una de las grandes guardianas del secreto de ese noviazgo". Según su relato, llegó a blindarse ante posibles preguntas incómodas e incluso a cancelar encuentros con colegas de profesión para evitar verse en la tesitura de confirmar o desmentir rumores.
Esa lealtad no era menor. Letizia pasaba de ser compañera de redacción a futura consorte, y cualquier filtración podía tener consecuencias institucionales. Sonsoles optó por anteponer la amistad a la noticia. "Es normal que lo supiera", reconocería años después, restando importancia a lo que, en términos periodísticos, era dinamita pura.
La boda del 22 de mayo de 2004 en Madrid simbolizó un nuevo tiempo. La presentadora de 'Y ahora Sonsoles' acudió al enlace de los entonces príncipes de Asturias como invitada y amiga. Cuatro años más tarde, serían ellos quienes viajarían a Santiago de Compostela para asistir al matrimonio de la periodista en el pazo de San Lorenzo. Un intercambio de gestos que confirmaba que, pese al cambio de escenario vital, el vínculo seguía intacto.
Apoyo público en momentos clave: del Planeta al duelo
Las amistades se miden también en los momentos de vulnerabilidad. En noviembre de 2023, Ónega firmaba ejemplares de 'Las hijas de la criada' en El Corte Inglés de Callao, en Madrid. La novela acababa de alzarse con el Premio Planeta, un galardón prestigioso, pero rodeado de críticas y polémicas. La periodista confesó después que no atravesaba su mejor momento anímico: "Yo no tenía ganas, no me había arreglado ni el pelo. El día anterior me había desmayado. Empezaba mi primera firma y solo pensaba: 'venga, que acabe el día'".
Entonces alguien le susurró: "Está la Reina". Y allí estaba, efectivamente, esperando su turno como cualquier lector. Cuarenta minutos de cola que sorprendieron a propios y extraños. Doña Letizia nunca había acudido a una firma de libros. Aquel gesto fue leído como un respaldo inequívoco en medio del ruido. Al verla, la escritora bromeó: "Mi querida Let, la que has liado". Se abrazaron, rieron y compartieron unos minutos que, para quienes estaban allí, tenían algo de escena privada en un espacio público.
La propia Sonsoles ha explicado en varias ocasiones que su relación con la Reina no ha cambiado nada desde que se conocieron. "Otra cosa es que se haya adaptado a sus circunstancias, pero la persona sigue siendo la misma", decía en una entrevista. Y añadía una reflexión que revela hasta qué punto es consciente del equilibrio que debe mantener: "Profesionalmente, me pronuncio menos sobre ella de lo que querría. La elogio menos de lo que querría porque no voy a resultar creíble".
Esa prudencia es, en parte, una forma de protección. "Con ella soy más cuidadosa, hasta en mis propios posicionamientos, porque corro el riesgo de hacerle más daño que otra cosa. Y creo que lo único que tenemos en esta profesión es la credibilidad y la puedes perder en cualquier momento". En esas palabras se adivina la tensión constante entre la periodista y la amiga.
La escena en la capilla ardiente de Fernando Ónega cierra —aunque la historia continúe— un círculo simbólico. Letizia explicó: "Tiene sentido estar hoy honrando a Fernando, primero porque vengo a darle un abrazo a mi amiga por la muerte de su padre y, segundo, porque también es una manera de reconocer una profesión, el periodismo, un medio, la radio, y a un profesional artesano que es Fernando Ónega”. En esa declaración confluyen las tres capas de su vínculo: la personal, la profesional y la institucional.
Más de 25 años después de aquellas redacciones compartidas, la amistad entre la Reina y Sonsoles Ónega ha atravesado mudanzas a palacio, divorcios, premios literarios y debates públicos. Son sus gestos los que recuerdan que antes que personajes públicos, fueron dos periodistas que aprendieron juntas a contar historias.
Es conocido que la reina Letizia, antes que reina, es humana y actos como los de acompañar a Sonsoles Ónega en uno de los días más difíciles de su vida lo demuestra. "He venido a darle un abrazo a mi amiga", dijo la mujer Felipe VI ante los medios en la capilla ardiente de Fernando Ónega. Y es que la relación de las periodistas, forjada hace más de 25 años, ha resistido a un matrimonio real, secretos y la exposición mediática de dos mundos que en principio podrían repelerse, pero que en el fondo se atraen. Porque antes de discursos institucionales y reverencias, hubo guardias compartiadas en televisión, cafés de madrugada y cierres de última hora.